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Doce hombres en pugna, Chile y la nueva constitución. Por Gustavo Gac-Artigas

Al avanzar hacia el final del proceso que conduce a una nueva constitución en Chile, tras el estruendoso rechazo, 62%, del primer texto presentado, doce mujeres y doce hombres —la comisión de expertos— está entregando gradualmente al Consejo Constitucional los 12 lineamientos del anteproyecto de la nueva constitución para la redacción del texto final.

Y si di el título de 12 hombres en pugna ("12 Angry Men") a este artículo fue por lo que vino a mi mente las difíciles deliberaciones de un jurado durante el famoso film de 1957 dirigido por Sidney Lumet, durante las cuales, partiendo de un desacuerdo mayoritariamente aplastante, 11 a 1, se llega a un acuerdo luego de dejar de lado prejuicios y la confrontación casi irracional para llegar a la absolución de un adolescente que a todas luces iba a ser condenado, condena que conllevaba la pena de muerte.

En un Chile sobreviviente de una de las peores dictaduras del continente, un nuevo Chile, joven, soñador, con un gobernante, gobernantes, puesto que no es uno, jóvenes que no vivieron la época del terror, una generación que creció sin miedo, con el presidente más joven de su historia, ¿jurado número 8?, la comisión de expertos entrega los primeros lineamientos del anteproyecto de una nueva constitución que define a Chile como una república, un estado unitario y social.

“La dignidad humana es inviolable y la base del derecho y la justicia. Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derecho. Su respeto y garantía es el primer deber de la comunidad política y de su forma jurídica de organización”, señala su primer inciso. El segundo es el que consagra que “Chile se organiza en un Estado social y democrático de derecho, que reconoce derechos y libertades fundamentales y promueve el desarrollo progresivo de los derechos con sujeción al principio de responsabilidad fiscal y a través de instituciones estatales y privadas”.

A todas luces estas propuestas eran imposibles de ser aceptadas sin una fuerte confrontación, y de acuerdo a las últimas votaciones en Chile, donde ganó una mayoría de extrema derecha, supuestamente estaban condenadas a ser rechazadas.

Un país en pugna, ¿nos propondrán una constitución destinada a ser rechazada al igual que el anterior proyecto constitucional refundacional, proyecto de minorías para aplicar a mayorías?

¿El jurado número 8?

El jurado número 8 en el film fue el de la razón, la razón sin la fuerza, la razón sin imposición, la razón abierta a la discusión, a ser modificada, a escuchar al otro, a pensar.

¡Cuán difícil es dialogar sin prejuicios, sin intentar imponer un pensamiento, una ideología; sin olvidar el pasado, evitar sumergirse en el pasado, pensar en futuro y no en pasado!

El fruto hasta el momento: 12 lineamientos que al fijar límites encaminan la construcción de la nueva constitución, 12 hombres en pugna, 12 mujeres en pugna encontraron el camino de amplios acuerdos en una propuesta que aprueban de la extrema derecha a la extrema izquierda.

¿Qué es esto?, ¿una locura?, ¿un sueño?, ¿idealismo?, dos viejos rivales se dan un abrazo.

No, tampoco es tan fácil, cada uno puede interpretar la letra de forma diferente, intentar apretar el torniquete para encadenar, sin embargo: “La dignidad humana es inviolable y la base del derecho y la justicia. Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derecho. Su respeto y garantía es el primer deber de la comunidad política y de su forma jurídica de organización”, resuena en la sala de deliberaciones y sin violencia, ni por la fuerza, la razón se vuelve mayoría.

Primó la palabra sobre la consigna, el deseo de salvar la vida de una nueva constitución y no el de enviarla al cadalso, el acuerdo, mínimo tras mínimo, el acuerdo constructor y no demoledor, el acuerdo impensable fuera de la sala donde 24 hombres y mujeres en pugna llegaron a pensar más allá de uno mismo, una misma, de un partido, y abrieron las puertas a una posible nueva constitución que remplace a la heredada de la dictadura.

¿Tarea fácil la que dejan a los constituyentes? No, la composición política del tablero cambió, la tentación de imponer existe; tienen la titánica tarea de llevar los acuerdos a concretizarse en una nueva constitución para caminar hacia un “Chile [que] se organiza en un Estado social y democrático de derecho, que reconoce derechos y libertades fundamentales y promueve el desarrollo progresivo de los derechos con sujeción al principio de responsabilidad fiscal y a través de instituciones estatales y privadas”, un Chile de bienestar para todas y todos, de derechos para todas y todos, un Chile que abrace y reconozca a todas y todos, un Chile del “Nunca más”.

El próximo paso será, o debería ser, un momento de renuncias —y no es fácil renunciar— no a principios, a prebendas para sí o los suyos; será, o debería ser el momento de alejar fantasmas, los de uno, los de otro; será o debería ser un momento en que la palabra no tenga doble sentido y se eleve clara, potente y ardiente, sólida, sin alas de cera.

Será, o debería ser, un momento en el cual los constituyentes, con humildad, entiendan que están destinados a desaparecer, que no redactan para la historia, su historia personal, redactan para chilenas y chilenos que conviven día a día, no se trata de capear temporales, se trata de dar solidez a la nave, de que las velas se hinchen no de buenas intenciones, de soluciones.

Será, o debería ser, un momento en que las estrechas chaquetas —las chaquetas de la demagogia, del autoritarismo, del populismo— queden en el perchero para permitir que los constituyentes puedan dedicarse libremente a su tarea. El mayoritario como el minoritario deben asumir sus responsabilidades y recordar que son circunstanciales y prescindibles.

Cirujanos de la vida deben cerrar heridas, cirujanos del futuro deben ayudar a eliminar los instrumentos causantes de las heridas y desgarros de un pueblo: discriminación, desigualdad, oprobio, racismo, violación de derechos, derecho a la tierra, al agua, a los alimentos que produce, a la lengua, a la educación, a comer, a amar, a morir dignamente, a envejecer con dignidad, a levantar la voz sin temer a ser acallado, a caminar sin temer por su vida. En fin a vivir en democracia.

Estarán recibiendo una guía consensuada, un borrador, rellénenlo de Chile, de su pueblo, de sus riquezas, esas que deben beneficiar a todas, a todos. Constituyentes, consensuen y no den el triste espectáculo del debate inútil, vano y estéril, no intenten que una convicción personal o partidaria impida el diálogo.

Nuestro pueblo los observa, el mundo los observa, den sentencias en que la mayoría se reconozca, den derechos, sean sensatos, den paso a la justicia y las herramientas para permitir que esta se cumpla, abandonen el pasado de confrontación, la inmovilidad, abran las puertas cerradas a nuestro pueblo, abran las puertas al futuro.

Al terminar su tarea ustedes devolverán al país un proyecto de una nueva constitución; pero tengan presente que luego se volverá a las urnas para someterla al veredicto de un país en pugna, cada individuo en pugna consigo mismo para abrir la mente llegada la hora de aprobar o rechazar, estudiando si la propuesta abre las puertas a la esperanza de una vida mejor, abre puertas y no erige muros o intenta encadenar el futuro, donde se establece que el derecho a disentir es sagrado, donde se establece que “La dignidad humana es inviolable y la base del derecho y la justicia. Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derecho”.

Cada una, cada uno de nosotros será el jurado número 8, la razón, ejerciendo nuestro derecho de aprobar o rechazar el texto constitucional que regirá nuestras vidas por los próximos años, vuestras vidas expertos o constituyentes, vuestras vidas gobernantes de hoy o de mañana.

El autor es escritor, poeta, dramaturgo y hombre de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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