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Dominga: una decisión política contra la salud del territorio del Archipiélago de Humboldt. Por Eduardo Felipe Alfaro Valdés

El 16 de septiembre de 2025, la Corte Suprema cerró formalmente el debate ambiental sobre Dominga. Tras más de doce años de tramitación, declaró inadmisibles los recursos del Servicio de Evaluación Ambiental y de las comunidades opositoras, dejando plenamente vigente la Resolución de Calificación Ambiental del proyecto. En términos jurídicos, Dominga quedó “sano”. En términos ecológicos y sociales, quedó blindado.

El lenguaje del fallo y del comunicado empresarial es revelador: se habla de “certeza jurídica”, “rigor científico”, “permisología”, “inversión sostenible” y “30.000 empleos”. No se habla de ballenas, de pingüinos, de rutas de navegación, de pesquerías artesanales ni de corredores biológicos marinos. No se habla de estrés ecológico, de colapso de biodiversidad ni de los impactos crónicos sobre comunidades costeras. La institucionalidad ambiental chilena evaluó a Dominga como si fuera un proyecto aislado, cuando en realidad está incrustado en un sistema vivo extremadamente frágil. Desde una perspectiva One Health, este fallo no es una victoria de la ciencia ni de la sostenibilidad. Es una expresión de cómo el derecho ambiental puede desconectarse de la ecología real. Un ecosistema puede cumplir con una norma y, al mismo tiempo, estar siendo empujado hacia el colapso. La salud no es un check list administrativo: es la capacidad de un sistema de mantenerse vivo, resiliente y funcional.

Mientras la Corte Suprema declara que Dominga “cumple la normativa”, el proyecto sigue sin incorporar adecuadamente cómo sus puertos, dragados, tránsito de naves, descargas y ruidos alterarán las áreas de alimentación de cetáceos, las colonias de aves marinas y el equilibrio que sostiene la pesca artesanal de Chañaral de Aceituno y Punta de Choros. La ley puede cerrar el debate. El mar no.

PROGRAMAS PRESIDENCIALES SIN TERRITORIO, TERRITORIOS SIN PROTECCIÓN

En este escenario, la elección presidencial de 2025 no solo enfrentó dos candidaturas, sino dos maneras igualmente problemáticas de relacionarse con la crisis ecológica. El programa de Jeanette Jara no incluyó un capítulo específico sobre medio ambiente ni mencionó el “cambio climático”. Tampoco hizo referencia a la Ley Marco de Cambio Climático ni a la ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, las dos principales herramientas institucionales que el Estado de Chile ha construido para enfrentar la crisis socioambiental. Lo ambiental aparece de forma fragmentada, sin un marco ecológico claro que articule salud, territorio y biodiversidad.

Por su parte, el proyecto político que terminó imponiéndose en Freirina, por apenas 64 votos, sí tiene una relación directa con el conflicto ambiental más grave de la zona: Dominga. No como omisión, sino como definición. Mientras un programa ignora el colapso ecológico, el otro lo convierte en plataforma de desarrollo.

El resultado es una democracia que decide sin integrar la salud del territorio. Desde una perspectiva One Health, esto es profundamente riesgoso: cuando la política no reconoce que la salud humana depende de ecosistemas vivos, el voto se transforma en una herramienta que puede legitimar su propia destrucción.

ENCUENTRO CERCANO CON LA BALLENA FIN

Hace tan solo unos días visité la caleta Chañaral de Aceituno y quedé profundamente maravillado tras un encuentro cercano del quinto tipo con la ballena fin (Balaenoptera physalus). Este gigante marino es el segundo mamífero viviente más grande del planeta, después de la ballena azul (Balaenoptera musculus). Los machos alcanzan en promedio los 21 metros de longitud y las hembras hasta los 22 metros, con un peso que puede variar entre 35 y 60 toneladas.

La ballena fin posee un cuerpo largo, esbelto e hidrodinámico, ligeramente más robusto que el de la ballena azul. Su aleta dorsal es proporcionalmente más grande, levemente curvada y puntiaguda, pudiendo alcanzar hasta 60 centímetros de altura. La cabeza es aplanada en su parte superior y presenta dos espiráculos; vista desde arriba, el hocico es puntiagudo y tiene forma de V. Las aletas pectorales son relativamente pequeñas y también puntiagudas. Su coloración es gris oscuro en el dorso y los costados, mientras que la superficie ventral del cuerpo, junto a las aletas pectorales y la aleta caudal, es de color blanco.

Observar a una ballena fin tan cerca no es solo un privilegio estético; es un recordatorio profundo de que nuestra salud está entrelazada con la salud del océano. Cada respiración que emerge desde sus espiráculos, cada desplazamiento silencioso bajo la superficie, revela un sistema vivo del que dependemos mucho más de lo que solemos reconocer. En lugares como Chañaral de Aceituno, el mar no es un paisaje: es alimento, trabajo, cultura y equilibrio emocional para quienes habitan la costa.

Desde una perspectiva One Health, proteger a especies como la ballena fin no es un acto romántico ni ideológico, sino una forma concreta de cuidar la salud humana. Un océano sano sostiene pesquerías, regula el clima, amortigua el estrés ambiental y mantiene los ciclos que hacen posible la vida. Cuando estos sistemas se degradan, lo que se pierde no es solo biodiversidad, sino bienestar, resiliencia y futuro.

Por eso, encontrarse con una ballena en su hábitat natural no es simplemente un encuentro con la naturaleza: es un encuentro con nuestra propia fragilidad y nuestra responsabilidad. Defender ese mar es, en última instancia, defender la vida que nos sostiene.

SANTUARIO DE LA NATURALEZA HUALPÉN EN CONCEPCIÓN

En la península de Hualpén, frente a Concepción, existe un lugar llamado Chome. Durante décadas, su caleta fue un punto activo de caza y faenamiento de ballenas, una práctica que definió la economía y la identidad del territorio. Cuando la ballenera cerró, la comunidad quedó profundamente afectada: muchas familias tuvieron que emigrar a lugares como Talcahuano, dejando atrás un modo de vida que había sostenido generaciones.

Hoy, Chome es otra cosa. El mismo mar que antes fue escenario de extracción se ha transformado en un espacio de vida. La zona se ha convertido en un corredor biológico de enorme valor, por donde transitan distintas especies de ballenas. El año pasado pude observar una ballena jorobada muy cerca de la costa, y es habitual ver también ballenas sei, junto a pingüinos de Humboldt y chungungos. Lo que alguna vez fue un territorio de caza es ahora un santuario informal de biodiversidad.

La historia de Chome muestra que los territorios pueden sanar cuando se les permite respirar. Donde hubo industria extractiva, hoy hay vida. Y esa transformación no solo beneficia a las especies que regresan, sino también a las comunidades humanas que vuelven a reencontrarse con un mar vivo. Desde una mirada One Health, Chome no es solo un ejemplo de conservación: es una prueba de que la salud del océano y la salud de las personas pueden reconstruirse juntas.

Klgo. Mg SP. Eduardo Felipe Alfaro Valdés
Director Departamento difusión y educación instituto Filosofía y Ciencias de la Complejidad (IFICC).

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Fotografía del autor

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