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Don Igualito y otros cuentos. Diego Muñoz Valenzuela

NeweN, nombre literario de del escritor y periodista Rubén Torres (1957), tuvo la fortuna de participar en el taller de cuentos de Poli Délano, eximio conductor de esta clase de experiencia, maestro notable del género y autor de estupendas piezas narrativas que fueron acreedoras de premios importantes en el continente. Con esa formación, continuada tras la partida de Poli por sus fieles herederos talleristas, encabezados por Eduardo Contreras, podemos apreciar los positivos resultados, ahora a disposición de ustedes en forma de libro -su ópera prima- bajo el título de Don Igualito y otros cuentos.

Se trata de un volumen que explora con honesta crudeza los diversos ámbitos de marginalidad, inequidad y brechas sociales y históricas que conviven en ciudades como la que habitamos: Santiago. Sus protagonistas viven en barrios y espacios restringidos, trabajan en oficinas donde predomina el gris; se comunican de forma coloquial y emplean chilenismos, otorgando autenticidad a los textos.

En muchos relatos asoma la memoria de los tiempos de dictadura, la sombra de la tortura y los abusos que fracturaron el país de modo irreversible, instalando el modelo neoliberal con una de sus principales secuelas: las enormes brechas sociales. Así se fue segregando a la ciudadanía según sus ingresos: los privilegiados en el barrio alto; los demás en poblaciones, donde reinan el endeudamiento y la precariedad.

Es un conjunto de cuentos que aborda nuestra realidad social sin concesiones ni medias tintas, sin consideraciones a lo “políticamente correcto” ni a las presuntas buenas conciencias. Acá se dice lo que debe decirse, a veces con brutal crudeza, a veces con ternura, con detalle cuando se requiere, también con elipsis y silencio que el lector agudo deberá interpretar.

Las extensiones son variables: hay microcuentos de escasas líneas, relatos breves de unas pocas páginas y cuentos más desarrollados. Siempre se advierte como dominante la concisión, la densidad de significado; no hay palabras de más, solo las justas y precisas para narrar la historia.

Los personajes se advierten auténticos y posibles, contradictorios, imperfectos, y por ende reales y convincentes.

La humanidad está al centro de los cuentos de Rubén Torres, una cualidad que caracteriza a la buena literatura. Todos los demás elementos narrativos se someten a esta jerarquía principal: la capacidad de poner al centro el ser humano y sus conflictos esenciales en la época que vivimos en los años recientes.

De alguna manera, el volumen se constituye en una suerte de inventario caleidoscópico de experiencias de las personas que habitan una ciudad. Es como si miráramos la urbe a través de un prisma que nos revela ángulos muy diversos de las vidas que la conforman, con sus particulares visiones, anhelos, frustraciones y esperanzas.

Sin duda, Don Igualito, el cuento que da título al volumen, se constituye en la pieza más destacada. Muestra una narrativa rica en contrastes al tratar el encuentro de dos mundos en apariencia muy distantes: el de un escritor consagrado (evidentemente Poli Délano) y el de una joven mesera que va desarrollando capacidades literarias.

Torres construye el relato mediante vivos diálogos; a través de ellos va mostrando la evolución en la relación de los dos personajes. Carolina o Carito, la mesera del bar preferido del escritor (el Hemingway, después el 511), utiliza un lenguaje coloquial muy chileno. Muestra una natural inteligencia que la lleva a aprender por sus propios medios e iniciativa. Carolina es un personaje fresco y auténtico.

El ”Igualito”, el escritor tan parecido a Hemingway, es un artista atrapado en su mundo creativo, rodeado por admiradores, determinado por sus referencias culturales. El cuento alude constantemente al proceso de escritura y reflexiona sobre el oficio, diseminando opiniones y enseñanzas -sin pretensiones didácticas- a través de la trama que se va desarrollando con naturalidad, atrayendo al lector.

La historia juega hábilmente con las expectativas del lector, interesado en conocer las posibles evoluciones de la relación entre ambos personajes, tensión que se mantiene hasta el mismo final. Lo que puedo adelantarles es que van a encontrar delicadez, humor y humanidad, no solo en “Don Igualito”, sino que en todas piezas narrativas que conforman este volumen cuya aparición celebramos en este día.

Diego Muñoz Valenzuela

Don Igualito y otros cuentos, NeweN, 2025, 108 pp.

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