En kioscos: Enero 2024
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

¿Ecocidios o ecodesarrollo?(I) Por Santiago Vilanova

La mitigación y adaptación al cambio climático es el mayor reto que tiene la Humanidad; comporta la transición energética y la descarbonización de la economía mundial y abandonar nuestra dependencia de los recursos fósiles. Hacer el salto a este cambio de paradigma y optar por las energías del sol está siendo y será una hoja de ruta plagada de contradicciones; pasos firmes hacia este futuro inevitable y, a la vez, fuertes regresiones debido a la inercia del sistema industrial y la resistencia de los grupos energéticos que lo siguen dominando. No existe todavía una organización mundial del medio ambiente como se pidió una década después de la Conferencia de Rio de 1992. Las COP (Conferencia de las Partes) sobre el Cambio Climático organizadas por las Naciones Unidas y los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) no han logrado detener el crecimiento progresivo de los gases de efectos invernadero. Ya estamos por encima de las temperaturas del 1,2ºC con respecto a los niveles preindustriales y el objetivo es reducirlas en un 60% antes del 2035. Un reto colosal ya que el aumento de las temperaturas afectará de 3,3 a 3,6 mil millones de personas. Cerca de la mitad de la población del planeta será altamente vulnerable. Los “refugiados climáticos” se añadirán a las actuales oleadas migratorias.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) y Mercosur deberían aparcar el modelo de crecimiento que nos lleva al colapso ecológico y, mediante un giro copernicano, imponerse cláusulas que nos permitan salir del callejón sin salida en el que nos encontramos. Ahí está el presidente Lula da Silva pidiendo a la UE nuevos acuerdos que permitan a Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) avanzar en los objetivos climáticos. “Los países ricos prometen mucho y cumplen poco”, suele quejarse el mandatario brasileño que reclama los fondos para la Amazonia, paralizados durante el gobierno de Jair Bolsonaro.

La marea progresista que llegó al poder en Latinoamérica no aprovechó su tiempo para avanzar en definir paso a paso el desarrollo ecológico de la región y paralizar los macroproyectos hidráulicos, mineros y forestales que han afectado reservas naturales, tierras indígenas, contaminado ríos y bosques sagrados que ahora condicionan las profundas reformas ambientales que se exigen.

Cuando se celebre en 2025 la COP 30 en Belém, en el estado de Pará, los planes de concertación y redefinición del ecodesarrollo deberían ser una realidad concertada. No queda tiempo para más brindis al sol. Latinoamérica dispone de minerales y tierras raras para hacer frente a la transición energética (las reservas de litio de Chile) y recursos naturales (solar, geotérmica, eólica, hidráulica, biomasa…) para ser autosuficiente. Para ello y ser coherente con su hoja de ruta verde Latinoamérica tiene que abandonar para siempre las grandes obras faraónicas como la macro presa de Belo Monde, inaugurada en el 2016, de 11.000 MW de capacidad, que impulsó el consorcio Norte Energía. Tal enorme presa fue construida con el asentimiento del propio Lula da Silva (ahora regenerado a favor de la ecología) e inundó casi 500 kilómetros cuadrados de selva y afectó la supervivencia de pueblos indígenas como los kayapó, arara, araweté y asurini. En junio de 1992 cuando un grupo de periodistas europeos viajamos a Altamira para conocer de cerca la resistencia al proyecto, que entonces se hallaba en fase de amenaza, intervine en un acto en el centro de la ciudad denunciando el impacto del proyecto. ¡Y pensar que la COP 30 tendrá lugar en este escenario! El presidente Lula tal vez desea que la repercusión internacional del evento lave sus silencios cómplices sobre Belo Monte.

Otro caso. El gigantismo del proyecto del Gran Canal de Nicaragua, promovido por la familia del presidente Daniel Ortega y por el magnate chino Wang Jing que podría provocar una destrucción de 400.000 hectáreas de selva y afectar las tierras de las tribus rama, garifuna y misquito, entre otras reservas. La obra fue calificada de “monstruosidad” por el añorado Ernesto Cardenal, ex ministro de Cultura. ¿Los líderes políticos latinoamericanos presionarán para que Ortega abandone esta megalómana ambición que afectaría el equilibrio ecológico y la geoestrategia de toda Latinoamérica?

Obras hidráulicas como la macro presa de Ralco en Chile, inaugurada en 2004, promovida por Endesa, han afectado el caudal ecológico del Alto Biobío y a los bosques de los pueblos mapuche y pehuenche, como denunció Carolina Manque, del grupo Aukinko Zomo (voz de las mujeres mapuches) en el VI simposium internacional Una Sola Terra sobre “Globalización y medio ambiente” celebrado en Barcelona en abril del 2000.

Son ejemplos de gigantescas obras, como lo son también otras grandes explotaciones mineras, que afectan los derechos humanos y que han sido denunciadas como “ecocidios” y llevados al Tribunal Penal Internacional como lo ha hecho la organización Survival International. Sin embargo, la inexistencia de una Tribunal Penal del Medio Ambiente, como reivindica desde hace años un grupo de juristas coordinados por Laurent Neyret, dificulta denunciar a las corporaciones energéticas, mineras y forestales (y a los Estados que las consienten) cuando no cumplen los acuerdos climáticos (que se siguen firmando de forma voluntaria) o provocan graves delitos ecológicos.

Latinoamérica no debe mirarse al espejo del desarrollismo de Europa, Rusia, India, Estados Unidos o China. Ha de encontrar su propio modelo bioregional. La sociedad civil, las ONG, los movimientos sociales emancipadores y la aún poco incisiva federación de partidos verdes han de luchar contra los desvaríos nihilistas de los gobernantes que aún creen que no existen límites al crecimiento; que el libre mercado lo permite todo y que la ingeniería ambiental resolverá los impactos generados por la industrialización y la agroquímica.

Se requieren con urgencia acuerdos y cláusulas vinculantes. Eliminar los subsidios a los recursos fósiles (700.000 millones de dólares en el 2022 concedidos por las 60 principales entidades financieras) que permiten desmesurados beneficios a las energéticas (las grandes petroleras europeas ganaron más de 25.000 millones en solo el primer trimestre del 2022) ; efectuar una moratoria para las 425 “bombas climáticas”, nuevos proyectos mundiales de explotaciones petrolíferas , gasistas y de carbón que a lo largo de su período de vida provocarán mil millones de toneladas de CO2 según ha denunciado la revista “Energy Policy”.

Hay que explorar nuevas fórmulas hacia una autoridad mundial que haga frente al cambio climático y que arbitre tanta involución. Habrá que seguir con interés las negociaciones del llamado Acuerdo sobre el Cambio Climático, Comercio y Sostenibilidad (hay que vigilar que este concepto no sea un “ecoblanqueo”) incentivado por un grupo de países que incluye Costa Rica (donde se halla ubicado el Consejo de la Tierra), Fiyi (amenazada por la subida de las aguas del mar y que dispone de un plan de evacuación), Irlanda, Noruega, Suiza y Nueva Zelanda.

El desarrollismo, de derechas y de izquierdas, ha dominado las ideologías de los políticos que han gobernado en los últimos decenios. Se ha adorado desde el poder político, jurídico y militar al producto interior bruto (PIB) por encima de la defensa de calidad de vida de la población y de la lucha contra la pobreza. Ha llegado el momento de preguntarnos: ¿Debe continuar Latinoamérica impulsando un modelo de crecimiento que comporta “ecocidios” e injusticias sociales o debe iniciar el camino de la regeneración energética y ecológica que en 1972 señaló el informe del Club de Roma (*) sobre “Los límites del crecimiento”?

Santiago VILANOVA

Periodista y escritor Presidente de la Asociación Una Sola Terra (Cataluña)

(*) El informe “The Limits to Growth” fue encargado a un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) por el Club de Roma (fundado en 1968 por el empresario italiano Aurelio Peccei y el escocés Alexander King) y fue coordinado por Donella Meadows, biofísica y científica ambiental, especializada en dinámica de sistemas. Participaron en su redacción 17 profesionales, entre ellos Dennis Meadows, de diferentes disciplinas y nacionalidades.

Barcelona, 14 de junio de 2023

Compartir este artículo