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Educación para la emancipación. A cien años de Paulo Freire. Por Mario Vega

El presente año, se celebra el primer centenario del natalicio del destacado educador brasileño Paulo Freire, uno de los más importantes intelectuales latinoamericanos contemporáneos que desarrolló parte de su obra en Chile en la década de 1960, en medio de una época de profundas transformaciones sociales y políticas a nivel continental. Esta realidad, le permitió profundizar su reflexión acerca del sentido de la educación como alternativa de liberación para los sectores populares. Su huella y mensaje han adquirido renovada validez en nuestra sociedad cuando ésta asume, a través del actual proceso constituyente, la alternativa de superación de las múltiples expresiones de exclusión social y política presentes en nuestro país.

La obra de Paulo Freire, nos remite no solo a su época, sino también a un momento decisivo en el desarrollo de las ciencias sociales latinoamericanas, que adquirieron madurez al calor de la intensidad de los desafíos interpretativos que imponía la realidad, especialmente, ante la urgencia de intervenir sobre aquellos espacios críticos que demandaban sus propuestas de transformación. 

Tras el golpe de Estado perpetrado por los militares en 1964 en contra del gobierno reformista de Joao Goulart, Paulo Freire, encarcelado durante unos meses, inicia con posterioridad su período de exilio. Tras un breve paso por la ciudad de La Paz, Bolivia, llega a Chile, incorporándose a los programas de alfabetización que impulsa el gobierno de Frei Montalva como parte del proceso de Reforma Agraria. Sin lugar a dudas, este fue un reconocimiento al profundo impacto de las campañas que en este orden desarrolló en su país natal, que involucraron la creación de los llamados “círculos de cultura”, unidades a cargo de tutores, que incluían un revolucionario método de acceso a la lecto-escritura en cuarenta y cinco días.[1]

Su experiencia como educador junto a los sectores subalternos, se gestó durante un período histórico de emergencia de nuevas reivindicaciones por parte de distintos actores sociales, en medio de una realidad plagada de las contradicciones propias de la existencia de un capitalismo dependiente y periférico, así como de las consecuencias del imperialismo estadounidense y del colonialismo en nuestro continente. En Chile, este contexto se manifestó mediante la presencia de una lógica de modernización capitalista del campo, mediante una drástica transformación de su estructura de propiedad, hecho que indudablemente derivó en una creciente polarización derivada de los importantes intereses económicos afectados. Fue en ese marco, en el que surgió una de sus principales obras, “Pedagogía del oprimido”[2] cuyo manuscrito original fue entregado a Jacques Chonchol[3], publicándose en 1968. Esta obra adquirió un verdadero carácter fundacional para la pedagogía crítica, una corriente que hasta nuestros días expone tanto la vitalidad de sus enfoques como su pertinencia en complejos contextos socioculturales, aportando su imaginación democrática para, a través de la participación, relevar el rol de la escuela y del aprendizaje como experiencias para la transformación social. 

La pedagogía propuesta por Freire, propone como su componente fundamental, la coherencia e integridad del educador, su testimonio en el aula, que lo mueve a implicarse más allá de su rol profesional, como ciudadano. De su testimonio, siempre deriva un significado político de compromiso con la superación de las injusticias sociales[4] en el marco de una escuela que se construye como un espacio para el pleno respeto y garantía del de ejercicio del derecho a la educación y, dentro de ella, para el reconocimiento y para la escucha de sus principales protagonistas, niños, niñas y adolescentes, construida principalmente mediante el diálogo “a través del gusto por la pregunta, por la crítica, por las decisiones tomadas por mayoría así como el derecho a divergir”.[5]

La pedagogía de Freire, busca reestablecer las posibilidades del diálogo como un componente fundamental del encuentro humano en la que esta se sustenta, trascendiendo el marcado individualismo impuesto por la ideología neoliberal. En otras palabas, “una escuela en la que hablamos a los educandos y con los educandos para que escuchándolos podamos ser también oídos por ellos”[6] estableciendo un nexo esencial a partir del cual se construye toda perspectiva de aprendizaje, colectivo y social, desarrollado no para los estudiantes y las comunidades, sino junto a ellos, a partir de sus dilemas, pero también desde sus potencialidades.

Luego de meses en donde la característica interacción entre los docentes y sus estudiantes en las aulas, estuvo suspendida por razones de cuidado, implementándose procesos de enseñanza por medios telemáticos, aún con todas las inequidades existentes en este ámbito, la educación adquirió un rol, no suficientemente reconocido, de soporte fundamental y guía en tiempos de adversidad e incertidumbre. La pedagogía propuesta por Freire se hace especialmente valiosa y pertinente en el Chile de hoy, al recuperar la escuela su privilegiado rol en los procesos de socialización e inclusión que pueden favorecer la construcción de proyectos comunes a través de la participación colectiva, aspecto especialmente importante tras el trance sanitario experimentado.

En tal sentido, el mensaje de Freire interpela el rol de profesores y profesoras convocándolos a trascender la verticalidad epistemológica impuesta a partir de la transmisión de saberes, en tanto “funcionarios del conocimiento dominante”[7] que considera “al sujeto que aprende como un instrumento”[8] para, por el contrario, asumir un rol profesional creativo, inserto en la realidad socioeducativa, capaz de generar continuamente nuevas lecturas del mundo que lo rodea, buscando su transformación a partir del indudable carácter performativo de la práctica pedagógica en las aulas.   

El pensamiento de Freire es fructífero en mostrar alternativas de liberación y de descolonización del conocimiento mediante un despertar de las conciencias y de las prácticas, permitiendo que afloren nuevas voces y asumiendo los complejos desafíos que hoy implica la docencia. Su huella, asimismo ha encontrado eco en un destacado conjunto de investigadores que continúan explorando perspectivas para una pedagogía crítica, humanista y social, incluso más allá de nuestra región, siendo fieles a su llamado a construir una educación para la emancipación.


[1]Cabaluz, Fabian, y Beatriz Areyuna-Ibarra. 2020. “La ruta de Paulo Freire en Chile (1964-1969): alfabetización popular e influencias del marxismo heterodoxo”. Revista Colombiana de Educación 1 (80). https://doi.org/10.17227/rce.num80-11066.

[2] Freire, P. “Pedagogía del oprimido” (2018). Santiago: Ediciones de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM)- Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE).

[3] Íbidem, p.3.

[4] Freire, P. “Cartas a quien pretende enseñar” (2015). Buenos Aires: Siglo XXI de Argentina Editores.

[5] Íbidem. p.111.

[6] Íbidem, p.14.

[7] Cayul, M.; Bazán, D. (2017). Hacia una Pedagogía Crítica del Sur: caminos, atajos y desvíos necesarios de recorrer. Paulo Freire. Revista De Pedagogía Crítica, (15), 103-118. https://doi.org/10.25074/07195532.15.384. P.111.

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