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Educación sexual, afectiva y de género: Un proyecto de ley urgente y complejo. Por Juan Pablo Queupil y Olga Cuadros

La educación sexual y afectiva con perspectiva de género ha sido un tema tabú durante mucho tiempo, enfrentada a una cada vez más amplia mirada progresista, en pos de los cambios que vive y demanda actualmente el país. En septiembre de este año, varios diputados presentaron un proyecto de ley para establecer un marco normativo general en materia de educación sexual, afectiva y de género, que aborde estas dimensiones desde la educación parvularia hasta la terciaria.

Para el sistema de educación superior, y en particular para aquellos relacionados con carreras de pedagogía y formación de docentes, ya se vislumbran una serie de desafíos. Teniendo en cuenta la relevancia y urgencia del tema, además de reconocer la insuficiencia de la actual normativa plasmada en la ley N°20.418 del 2010, surge la necesidad de incorporar esta temática en la formación inicial docente, a través de diversos contenidos, metodologías y herramientas. También instancias de capacitación para aquellos ya inmersos en los procesos de enseñanza-aprendizaje, que estén sustentadas en la literatura e investigaciones nacionales e internacionales, de manera adecuada, actualizada y crítica, acorde a los ciclos educativos en cuestión.

La mirada educativa que se acoja requiere de un esfuerzo para conciliar diferentes dilemas personales, profesionales e institucionales de las comunidades educativas. No obstante, las problemáticas socioeducativas asociadas al proyecto de ley no pueden postergarse más, por lo que se requerirá de altura de miras para no seguir omitiendo su abordaje, pues se trata de un derecho fundamental de las niñas, niños y adolescentes (NNA) del país, al alero de una educación realmente integral que respete y valore la diversidad y dignidad humana, previniendo la violencia y vulnerabilidad por razones de género.

Esto ciertamente involucrará un trabajo interdisciplinario, donde las miradas desde el área de la salud, educación y otras atingentes tendrán que consensuar los objetivos y destrezas requeridos para abordar la temática apropiadamente, con una perspectiva amplia y respetuosa de los actores involucrados, en especial en el desarrollo, protección y empoderamiento de NNA. Algunos de estos consensos tienen que ver con puntos críticos de la discusión sobre el desarrollo de la sexualidad, afectividad e identidad de género, tales como la relación entre aspectos genéticos y culturales expresados a lo largo del desarrollo, evitando sesgos y prácticas vinculadas a estereotipos de género.

Por otra parte, para los establecimientos educativos, desde la educación pre-escolar hasta la secundaria, se tendrá que considerar la articulación con el proyecto educativo, así como sus sellos, convicciones y creencias, siempre al amparo de una perspectiva de derecho, pues la temática es, a todas luces, polémica. Tal como lo avizora este Proyecto de Ley, alcanzar un enfoque integral requerirá de la confluencia de todos y cada uno de los agentes que actualmente componen el sistema educativo (comunidades escolares, autoridades comunales, regionales y nacionales), pues no sólo busca promover el aspecto formativo de la educación sexual, afectiva y de género, sino que tendrá que encontrar los justos medios para posibilitar el encuentro y conciliación de múltiples miradas culturales, éticas y morales que se orienten hacia lo esencial: cuidar, proteger y acompañar el desarrollo de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en nuestro país.

Juan Pablo Queupil y Olga Cuadros
Centro de Investigación para la Transformación SocioEducativa (CITSE)
Universidad Católica Silva Henríquez

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