En la que el candidato rinde merecido reconocimiento a sí mismo.
- Siempre tengo la razón,
- –afirmo con mucha flema–
- soy experto en cualquier tema,
- consúltenme sin temor.
- Invaluable es mi opinión
- y admirable mi cultura.
- Con fascinante soltura
- luzco mi sabiduría:
- mi pensamiento es el guía
- de mi virtuosa mesura.
- ¿La mayor de mis virtudes?
- Mi célebre sencillez.
- Mi preclara lucidez
- asombra a las multitudes
- por mis muchas aptitudes
- y mi gran discernimiento;
- este amplio conocimiento
- me otorga la facultad
- de entregar con gran bondad
- mi humilde temperamento.
- Cierta vez pensé que erraba,
- (que no tenía razón),
- fue grande equivocación
- el pensar que equivocaba.
- Por cierto, el público alaba
- mi juicio sin parangón,
- mi letrada precisión
- al resolver discrepancias
- y manifiesta sus ansias
- de elogiar mi erudición.
- Yo nunca he tenido dudas:
- siempre establezco lo cierto,
- aborrezco el juicio incierto
- y al que rechaza mi ayuda.
- A la canalla patuda
- dirijo mis anatemas
- y sin hacerme problemas,
- acallo su chimuchina
- tras la blindada cabina
- con que defiendo el sistema.
JORGE LILLO / SANTIAGO, 26 DE NOVIEMBRE DE 2025
