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Ególatra, egomaníaco… ergo sum. Por Jorge Lillo

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En la que el candidato rinde merecido reconocimiento a sí mismo.

  • Siempre tengo la razón,
  • –afirmo con mucha flema–
  • soy experto en cualquier tema,
  • consúltenme sin temor.
  • Invaluable es mi opinión
  • y admirable mi cultura.
  • Con fascinante soltura
  • luzco mi sabiduría:
  • mi pensamiento es el guía
  • de mi virtuosa mesura.
  • ¿La mayor de mis virtudes?
  • Mi célebre sencillez.
  • Mi preclara lucidez
  • asombra a las multitudes
  • por mis muchas aptitudes
  • y mi gran discernimiento;
  • este amplio conocimiento
  • me otorga la facultad
  • de entregar con gran bondad
  • mi humilde temperamento.
  • Cierta vez pensé que erraba,
  • (que no tenía razón),
  • fue grande equivocación
  • el pensar que equivocaba.
  • Por cierto, el público alaba
  • mi juicio sin parangón,
  • mi letrada precisión
  • al resolver discrepancias
  • y manifiesta sus ansias
  • de elogiar mi erudición.
  • Yo nunca he tenido dudas:
  • siempre establezco lo cierto,
  • aborrezco el juicio incierto
  • y al que rechaza mi ayuda.
  • A la canalla patuda
  • dirijo mis anatemas
  • y sin hacerme problemas,
  • acallo su chimuchina
  • tras la blindada cabina
  • con que defiendo el sistema.

JORGE LILLO / SANTIAGO, 26 DE NOVIEMBRE DE 2025

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