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El aborto en Chile: Los latidos y sufrimiento del verdadero corazón. Por Benjamín Escobedo Araneda

Un nuevo proyecto de ley titulado "Escucha su corazón", presentado por el diputado Cristóbal Urruticoechea (PNL), con el patrocinio de Republicanos, ha vuelto a poner el aborto sobre la mesa pese a ser un tema zanjado desde 2017 cuando entró en vigencia la Ley IVE. La nueva iniciativa obliga a las mujeres a escuchar el latido del corazón del feto o embrión para poder interrumpir el embarazo, independiente de la causal por la que hay accedido al procedimiento. De negarse, el personal de salud no estaría autorizado a proceder. De esta forma, las reflexiones en relación a la libertad de una mujer, los argumentos y límites de su decisión, por estos días, conforman una tensión pública y encallada.

En primer lugar, es probable que eso que el año 2013 resultó ser una manifestación producto del embarazo y violación de una niña, nuevamente hoy se transforme en tema país, donde los axiomas morales y políticos son sometidos a lectura, evaluación y diálogo racional, uno que verse sobre la democracia, libertad y delimitaciones frente a la problemática suscitada. Después de que el expresidente Piñera declarara que Belén, una niña de 11 años violada y embarazada, "estaba preparada para ser madre", 15 mil personas, en su mayoría mujeres, convocadas por 60 organizaciones, marcharon desde Plaza Italia hasta la Plaza de Armas para exigir aborto libre, seguro y gratuito. Sin duda, un hito que marca un antes y después en nuestro país, una demanda que vio la acelerada emancipación ideológica de las mujeres, un hecho oportuno, pero con algunas repercusiones a lo ético moral. La marcha no estaba autorizada, más aún, fue el 25 de julio del 2013 que un grupo de feministas irrumpió en la Catedral de Santiago y ocupó el lugar durante unos 20 minutos hasta que ingresó Carabineros. Recordemos que Simone de Beauvoir fue quién acuñó la famosa frase “No se nace sino que se deviene mujer”, lineamiento que el feminismo proclama y amplifica por doquier hace bastantes décadas, un feminismo que ha ido en aumento, uno que pide, exige y solicita libertad absoluta para decidir sobre la “vida” que una mujer pudiese o no albergar en sí misma. Entonces, no resulta extraño que hoy por hoy salten las alarmas al ver el proyecto que iza con tanto entusiasmo el gobierno de turno deseando que las mujeres embarazadas puedan escuchar “los latidos del corazón de un bebé” antes de optar por un aborto bajo decisión propia.

En segundo lugar, la propuesta Escucha su corazón y presentada por seis diputados —cinco de ellos pertenecientes a partidos de derecha más conservadora y una parlamentaria de Chile Vamos— plantea que, antes de acceder a una interrupción del embarazo permitida por la ley de tres causales, el personal médico informe a la mujer sobre “la actividad cardíaca embrionaria o fetal” y le “ofrezca la oportunidad de escucharla”. Sin embargo, distintas organizaciones que trabajan en derechos sexuales y reproductivos advierten que esta medida funcionaría, en la práctica, como una imposición, ya que si una mujer se niega a escucharla, el médico queda obligado a negarse a realizar el procedimiento. Cabe señalar que esta no es una idea nueva. Sigue una línea similar a medidas impulsadas por sectores conservadores en países como Hungría, España y Brasil. El Instituto Guttmacher estima que cada año se realizan entre 60.000 y 300.000 abortos clandestinos en el país. Si esas cifras se contrastan con los procedimientos realizados bajo la ley, se concluye que solo entre un 0,36% y un 1,76% de los abortos están siendo abordados por el sistema de salud. El resto permanece probablemente en las sombras, con cifras inexactas y de atención.

En tercer lugar, parece una ironía que la diputada de Renovación Nacional, Ximena Ossandón, decidiera dar un paso al costado y retirara su patrocinio al proyecto “Escucha su corazón”, que busca exigir que las mujeres escuchen los latidos del embrión o feto como condición para acceder a un aborto legal. Según la información pública de los últimos días, no habría leído el detalle de la iniciativa, por tanto, habría terminado retractándose. Para muchos una profunda irresponsabilidad política, esa de firmar y no leer. La iniciativa “Escucha su corazón” fue ingresada el pasado 25 de junio por diputados del Partido Nacional Libertario, Republicanos y Renovación Nacional. Desde entonces ha recibido cuestionamientos desde distintos sectores políticos. En este sentido, resulta muy valioso realizar algunas preguntas a modo de reflexión social, política e ideológica. Aquí algunas de ellas.

¿Tiene límites la libertad en el ser humano? ¿Quién define aquellos límites en un país? ¿Suena contraproducente decir que somos libres pero tenemos restricciones frente a esa libertad? ¿Es el aborto la solución exclusiva a los problemas que subyace la moral del siglo XXI?¿Cuál es la posición oficial del Colegio Médico de nuestro país en esta materia? ¿Cuáles son los costos emocionales, psicológicos y sociales que conlleva para una mujer este tipo de proyectos? ¿Este proyecto representa a la mayoría o minoría de nuestro país? ¿Son más importantes los “latidos” del corazón de un “embrión”, o bien, de aquella mujer que alberga conciencia, criterio y libertad legal en nuestro país? ¿Cuál es el verdadero corazón y latido que sufre? Tal vez, un segmento de la política nacional se niega a dialogar en esa materia, las leyes deben ir mucho más allá en una sociedad civil, de lo contrario, la “idea o proyecto” se vuelve político, ideológico y sectorial, eso que a momentos tiene fosilizado a nuestro Congreso, de esta forma, se visualiza un debilitamiento en la democracia y proyectos como este parecen una ocurrencia y no una idea oportuna a la luz de la razón.

Benjamín Escobedo Araneda

Secretario Ejecutivo de la Sociedad de Historia de las Iglesias Protestantes y Evangélicas de Chile.

Estudios de Doctorado en Historia.

Licenciado en Historia – Licenciado en Teología.

Investigador de Monte Alto Editorial (Colombia) Columnista – Escritor - Docente

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