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El Achache y otros cuentos de terror Lickanantay de José Ramos Barrientos, por Hans Schuster

El Achache y otros cuentos de terror Lickanantay de José Ramos Barrientos, 2025, Ediciones del desierto, (187 páginas).

La noción de terror, puede ser interpretada filosóficamente como un miedo abrumador e intenso que surge de la percepción de peligro inminente y que proviene de lo imprevisible generando un desasosiego espectral producto de lo desconocido. De allí el horror ontológico, que explora la inquietud de la existencia y los aspectos más oscuros de la naturaleza y de la condición humana, de modo que el terror va más allá de la amenaza física, es parte también de una zona oscura psicológica que se apodera de la conciencia mediante una zozobra feroz, que va más lejos de la respuesta biológica que genera el miedo, el terror desde la perspectiva filosófica busca examinar y analizar para comprender las causas profundas de las angustias y de las congojas extremas de la condición humana, utilizando el conocimiento como una herramienta para superar las atribulaciones. El terror es parte de los reflejos de la existencia que se relacionan con lo impensado de los acontecimientos, que generan una fuente de angustia que emana y radica en lo que no se puede anticipar, de modo que el conocimiento, siempre se presenta como un remedio al terror, al permitir la previsión y la comprensión del origen de las cosas. Por otra parte, el horror ontológico, hace referencia a las vivencias de las inquietudes existenciales, que permiten explorar la fragilidad de la consonancia individual y los aspectos más sombríos de la existencia humana, un concepto influenciado por obras como las de Howard Phillips Lovecraft, escritor estadounidense, que en 1928 publicada su obra célebre: “La llamada de Cthulhu”, de allí que su modelo de literatura se centró en la insignificancia del ser humano ante el vasto universo y fuerzas cósmicas incomprensibles. Por otra parte, el miedo no deja de ser una emoción básica de protección ante un peligro real o imaginario, el terror, en cambio, es una turbación intensa, que, a diferencia con el horror, el cual genera en sí y de por sí sentimientos de repulsión y rechazo ante ese algo que genera lo espantoso, aterrador y espeluznante, que no siempre produce un miedo intenso, sino una profunda aversión. En literatura uno de los mitos es perder la razón por la lectura exagerada, que es de lo que acusa Sancho a Don Quijote, no obstante, el mito dice que quién lea; El Necronomicón, descrito como un libro de saberes arcanos y magia ritual, cuya lectura provoca la locura y una muerte horrorosa. Tal vez algunos textos contemporáneos de los denominados “Best seller” o súper ventas, tengan ese efecto, como los libros de autoayuda.

Ya tratado el primer punto veamos pues a visualizar quienes son el pueblo nación Licán Antay o Lickanantay, también conocido como atacameño, que habita el norte de Chile, específicamente en el Desierto de Atacama, en los valles, aoasis y quebradas como las del río Loa y en el Salar de Atacama. Son descendientes de antiguos cazadores y recolectores nómades que desarrollaron una rica cultura agrícola y ganadera, con una profunda conexión con la tierra y sus recursos naturales, y cuya lengua original era el Kunza. Como agricultores también desarrollaron técnicas de cultivo en terrazas y como grandes crianceros o ganaderos se dedicaban a las llamas y alpacas. Suelen ser muy reconocidos por sus habilidades en artesanía, especialmente en la alfarería de un solo color y en el trabajo con diversos metales. Sus organizaciones sociales se mantienen bajo la noción de la comunidad que es su modo de vida, más allá de que sea utilizado como un concepto central, con prácticas comunitarias como la limpia de canales de regadío y la construcción de espacios comunales, la relación espiritual con su entorno, incluyendo los volcanes y el uso ceremonial de las aguas termales, las comunidades practican diversas festividades tradicionales ligadas al ciclo agrícola y ganadero. Su territorio histórico y actual abarca el norte de Chile y se extiende a pequeñas localidades del noroeste de Argentina y el suroeste de Bolivia. Los centros ceremoniales y comerciales claves incluyen San Pedro de Atacama, Caspana, Peine, Socaire y Toconao. Los Lickanantay están reconocidos por la Ley Indígena N° 19.253, promulgada en 1993, que como instrumento legal reconoce y protege los derechos de los pueblos indígenas en Chile, registrados por el estado. Existiendo todavía diversos pueblos sin reconocimiento oficial, o bien aunándolos como si fueran un solo pueblo. Aquí el Estado de Chile no ha querido asumir sus deudas de terror, error y horror, y no se trata sólo de defensa del agua, las tierras o la flora y fauna silvestre, sino de cómo los depredadores industriales han proyectado su abyección en diferentes zonas del territorio nacional, hoy en día, salares, desiertos, montañas, cordilleras, ríos, lagos , glaciares, bosques, de un cuanto podamos pensar están, al igual que los mares siendo intervenidos y saqueados por los dueños del dinero y el despojo, de modo que muchas veces las leyes no tienen quien las apliquen porque hasta los jueces y los ministerios son parte del problema, y por ahora nunca de la solución, no existen derechos políticos plenos como la libre determinación o la autonomía de los pueblos nación indígenas, ni tampoco se han establecido mecanismos vinculantes para las consultas indígenas según el derecho internacional. De modo que el país continúa con sus zancadillas de payasos, -sin ofender porque estamos en el mes del circo. Y los payasos se ofenden cuando se tratan de políticos- y lo que dicen que es, no existe, ni siquiera la igualdad ante la ley. Y todo, gracias a los chuscos, necias y bufones parlamentarios y gobiernos de turno que no son capaces de entender la diversidad y visualizar un futuro esplendor. La ley indígena de Chile, sólo reconoce oficialmente a 11 pueblos indígenas: Mapuche, Aimara, Rapa Nui (o Pascuense), Atacameño (o Likan Antai), Quechua, Colla, Diaguita, Chango, Kawashkar (o Alacalufe), Yámana (o Yagán) y Selk’nam. Estos pueblos que comparten vínculos ancestrales con el territorio y que son reconocidos para el fomento y protección de sus derechos y cultura, sin embargo, las acciones del estado de Chile siguen dejando mucho que desear.

De modo que El Achache y otros cuentos de terror Lickanantay, de Juan Ramos Barrientos, es una obra que trabaja muy bien el relato de terror y al mismo tiempo pone de manifiesto la cosmovisión Lickanantay, dejado ver la maldad, el terror y el horror con que se sobre lleva la vida en el desierto, las tierras putrefactas de las mineras, el agua potable con arsénico, el polvillo maloliente de la codicia, las drogas que se tragan a la juventud y la tristeza de las demás generaciones, y así vamos sumando con los relatos de; El Entierro, que arden como El mono de fin de año, o que encienden los ojos de nieve mientras se cristaliza la escarcha de los sueños en las ruinas del santuario en Licabur, y el Birimbao que se despide, el hijo del Supay, El Achache de los asesinatos en serie, y en serio el narrador vuelve a Constelaciones oscuras como si todo fuera a desaparecer y el Lascar, lengua de fuego, también ardiendo por contar historias de la cosmovisión, este concepto que proviene del alemán “Weltanschauung “. Desde el campo de la filosofía y que literalmente significa; visión de mundo integral, como en la vida del perro Lockma, o esos Zombies de Calama ante la droga de la sangre espesa, Rosa Lique con momentos espectrales y espeluznantes ante las delicias del amor, en donde siempre hay un Prisionero cuando el camino se llena de Cruces para terminar con La Copacocha de los niños de Llullaillaco, y así los trece relatos de terror, son algo más que una ventisca, o una escarcha celosa por su condición de camanchaca, y mientras el polvillo del desierto pinta también los monte y la nubes, hay momentos que arden en su volcán de sentimientos oscuros, y es que en todas las culturas la maldad se hace presente, y el mala cara trae su "sombrerito judío" su kipá o yarmulke en yidis y solía significar "cúpula" o "tapa" en hebreo. Hoy simboliza genocidio, antiguamente su uso simboliza la humildad y el reconocimiento de que existe un poder superior, reconociendo a Dios por encima de uno mismo. La kipá es un recordatorio constante de la fe y puede expresar la afiliación a diferentes denominaciones dentro del judaísmo, pero ahora es parte de un Dios de mala cara que asesina a niños que van por comida a los centros de distribución de la gobernanza hebrea y norteamericana, mientras tratan de justificar la “limpieza étnica” y la maldad está presente ahora como la que sufrieron sus abuelos ante los nazis, sólo que ahora son ellos los que se bañan en sangre y comienza a contar las costillas como en las fotos de los campos de exterminio, mientras que en este momento los edificios se desploman con las bombas, y es cierto, todas las culturas tienen sus dioses de mala cara, que a ratos se transforman en presidentes como Trump y que son cómplices del genocidio, pagado con los impuestos de los propios norteamericanos, y entonces ya los cuentos no son de terror sino de horror, pero por ahora José Ramos Barrientos nos recuerda con El Achache que va entre los trece cuentos, es parte de una cosmovisión, que no está perdida ni oculta y que se vive en el terror del día a día en pleno desierto, cabe recordar que el Estado de Chile, cada vez es menos Estado, frente a las necesidades ciudadanas, es cada vez más Desierto y contamos con candidatos a la presidencia que lo quieren jibarizar aún más, porque son parte del negocio de las colusiones, las listas de espera, las noticias falsas, las pensiones miserables, son parte de un sistema que se niega a generar instituciones que sean más humanas.

Hans Schuster- escritor.

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