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El amor en los tiempos del cólera, se vendrá con todo, si no para qué. Por Hans Schuster

La obra de Gabriel García Márquez (Premio Nobel 1982), publicada en 1985, describe entre raccontos las historias contadas por un narrador omnisciente, cuyo personaje principal lleva a cuestas medio siglo de un amor en su espera. Florentino Ariza y su amada Fermina Dazaen, ahora viuda del doctor Juvenal Urbino, quien fallece, tras perseguir a su mascota, el mismo día en que visitó a la amante secreta de su amigo, el fotógrafo Jeremiah de Saint-Amour, y se entera del suicidio de quien se negaba a envejecer.

La obra, como todas las de Gabo, expresa a través del realismo mágico, lo que su esteticismo enmascara y revela a la vez, es decir, la condición exacerbada de la naturaleza, en donde lo humano ilustra la tragedia de aquello cuya ilusión se acrecienta o se derrumba en la búsqueda de lo amado, aunque en realidad sea la búsqueda de la belleza la que está destinada a ejercer la mayor influencia sobre la vida de los personajes, que en el caso de Florentino, busca encontrar el antídoto contra el dolor, su curación frente a la soledad que lo acompaña desde hace cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches. De allí que El Amor en los Tiempos del Cólera, dé cuenta de aquello que viene unido a una larga nostalgia con su muchedumbre de vicios y virtudes que pueden ser interpretadas como una voluptuosidad complementaria cuyo desenfreno lleva a la confusión de todos los objetos, y todo lo valorado opera como una reducción de esencias intuidas en la mezcolanza absoluta de experimentar la conciencia de los efectos por el deseo de lo amoroso. No por nada Florentino al ser rechazado en su juventud, trata de exaltar, o de llevar al extremo sus arrebatos amatorios, idealizando la pulsión machista- narcisista como una proyección del ideal del yo, tan característico del patriarcado latinoamericano. Aunque para los Florentinos en la no ficción de Latinoamérica, el amor también implica el deseo de subvertir la realidad que busca cicatrizar las heridas narcisistas, aunque sólo sea una manera de sublimar el afecto desmesurado, que nos pone conscientes de la realidad en la lucidez de lo posible.

Veamos pues cómo la historia de Florentino puede llevarnos a interpretar en su alegoría los tiempos que corren con el virus coronado. Recordemos que lo narrado retrocede medio siglo, para aportar los elementos que nos permitan reconocer cómo la ilusión es mantenida a cualquier precio, en su caso, la moneda de cambio frente al rechazo de su amada es la sexualidad exacerbada, salvaje. De allí que su acción la podamos –analógicamente- fijar a momentos en la historia de occidente y cómo, en plena guerra fría, el capitalismo hace sus ejercicios societales (el comunismo hará lo propio, con igual descaro y dramatismo) y se podrán a experimentar con el modelo del capitalismo salvaje, en naciones y repúblicas, con dictaduras (de ambos signos, capitalismo y comunismo, usarán los mismos elementos para a través del genocidio, obtener sus fines). En tanto que en el caso de Florentino será la búsqueda del ´poder con su virilidad exasperada. Intentando poseer lo que no se tiene a través de la codicia, acción que lo iguala a los obsesionados por el poder del dinero y que hoy en día reparten utilidades de sus empresas, mientras se acogen a las nuevas leyes de “congelados-despidos” hecha a la medida en pleno aumento de casos, más del doble, en los últimos tres días.

De modo que Florentino es capturado por sus propias pulsiones bajo la noción idealizada de su amada, en el caso de las grandes familias lo amado es el dinero a como dé lugar, de la misma manera que los sistemas económicos establecen la idealización del orden social y económico que deriva del usufructo de la propiedad (privada o estatizada) sobre el capital como herramienta de producción, y que se encuentra mayormente constituido por relaciones de transformación vinculadas a las actividades de inversión y obtención de beneficios, así como de relaciones laborales tanto autónomas como asalariadas que están subordinadas a fines mercantiles. Siendo los privados o el estado quien recibe las ganancias, medidas o desmedidas (en ambos casos, capitalismo o comunismo) en desmedro de lo humano y el medio ambiente. De modo tal que el dinero por sobre cualquier otra cuestión, viene a representar el sentimiento de insuficiencia que resulta ante la ausencia de ese algo que se intenta poseer, y para quienes lo padecen o codician se transforma en deseo narcisista de autocomplacencia, el símil con la idea de que el mercado se regula solo y/o el estado lo regula todo, viene a poner en el mismo nivel la pulsión del poder sexual con la pulsión por el poder económico.

Entonces, si lo vemos de esta forma, ya las calamidades estaban presentes, y podemos colegir que, no importando la época o la enfermedad, sea el cólera, la viruela, el VIH, la gripe aviar, de lo que se trata finalmente es del virus en la ideología por el poder, sea económico o sexual es algo que bien supieron manejar algunas de las religiones en occidente hasta que la pedofilia los dejó sin explicaciones ante su propia pandemia.

Pero volvamos a la novela, el padre de Fermina, es el poder central, una suerte de analogía entre el estado y el FMI, de modo que puede regular la conducta de su hija, ella –en la analogía- es quien representa a una república o nación. La historia es simple, Lorenzo descubre las cartas y el enamoramiento por ello se lleva a Fermina en un largo viaje con la esperanza de que se olvide del amor inapropiado hacia el entonces trabajador pobre de telégrafos. Los amantes continuaran su comunicación en secreto y planearán casarse tan pronto como Fermina regrese. Cuando Lorenzo se convence de que su hija ha olvidado por completo de Florentino, vuelven a la ciudad. La narración describe a un feliz Florentino, pero Fermina cuando lo vuelve a ver, se desenamora y cancela la boda.

Entonces el poder deseado por Florentino se transforma en hacer fortuna y escribir en numerosos cuadernos las aventuras sexuales transcurridas, ambos elementos serán parte de la realidad interpretada como normal, como si dichas avaricias fueran parte de la terapia con que enfrenta su machista soledad en seno de una suerte de tipología del amor, cuyo romanticismo sólo está en la idealización de una sola mujer, exaltación de la personalidad individual, en oposición a las normas clásicas que subvierte, en estricto sentido de lo “romántico” como todo aquello que describe la melancolía que despierta la naturaleza, lo agreste y todo lo que fuese su afín incluyendo el existencialismo con que es presentada la trama de la vida y la muerte de los hombres, así como la afectación de las adversidades sociales en la vida cotidiana.

Hoy por hoy, la analogía de los Florentinos está presente en los líderes avaros y machistas, sabemos que al igual que en la novela la pandemia es sólo una excusa para reorganizar sus intereses de poder haciendo un llamado a la ciudadanía al amor por sus tierras, industrias y a sus raíces anglosajonas, en el desarrollo de esta emergencia sanitaria mundial, ni la vida, ni la preparación en materia de salud pública, ni el destino de mercados en crisis, ni la salud mental de quienes sobrepasaran esta pandemia, son temas que se encuentran ajenos a la evaluación por las sociedades afectadas. Y mirado desde una perspectiva de género, queda de manifiesto –no solo en la salud- que son las mujeres las que están fuertemente expuestas a las consecuencias que va dejando el virus. Sobre el 90 % de los equipos sanitarios están compuestos por mujeres, en especial en la primera línea y con sueldos muy inferior al de los hombres. En tanto que se triplican los “enfermos” de violencia intrafamiliar, dejando una vez más al descubierto el desamparo de las paupérrimas políticas públicas en relación a la salud mental, al precario sistema sanitario con que se cuenta para enfrentar la crisis, mientras los dueños del dinero buscan nuevas oportunidades de negocios y mantienen a la población confinada ante el horror de las cifras de muertos que día a día salen a difundir mientras preparan la “nueva normalidad” que deja al descubierto el verdadero amor que no se condice con elementos sustentables ante un futuro que nos comienza a poner conscientes de realidades en la lucidez de lo posible, partiendo por lo efímero de un bienestar social que ya no tiene liderazgos creíbles y que pone en jaque el amor de aquello que dicen proteger.

A pesar de la encendida retórica del ministro de salud pública en relación a la “Batalla de Santiago” que al parecer contradice al sector de ministros pro-empresariales, siendo él también, uno de los fornidos empresarios del sistema sanitario, y que hace poco ironizaba con el cafecito de la subsecretaria, y ahora busca responsables en la ciudadanía. De no entender los cambios de paradigma vendrá la cólera del calentamiento social a buscar “justicia” ante el abandono de los poderes del Estado, que improvisan su Jazz ante el Blues de cada confinamiento, pérdida de empleo, violencia intrafamiliar, espacios donde se incuba un nuevo virus que en el colectivo globalizado de la pandemia, comienza a repensar, al margen de la codicia y de los torpes gobernantes que se creen magnánimos y utilizan los recursos del Estado en beneficio de sus propios intereses, mientras la mayoría ajustada al confinamiento comienza a pensar que otro mundo es posible. Y el amor en los tiempos del cólera se vendrá con todo, si no para qué.

Hans Schuster
Coordinador del Área de Gestión de las Culturas y el Patrimonio
DVM- UCSH  

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