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El calabozo de las flores de Nury Larco Invernizzi, por Hans Schuster

El calabozo de las flores de Nury Larco Invernizzi, Colección de poesía Stella Díaz Varín, Ediciones Municipalidad de La Serena, febrero 2025. 76 páginas.

En general hablar de calabozo es para referirse a un lugar de reclusión, una celda, una mazmorra o lugar de presidio, usualmente lóbrego, tenebroso, con poca luz y en algunos casos subterráneo, utilizado para encerrar detenidos de todo tipo. Por otra parte en literatura, por lo general, el calabozo a menudo se usa como símbolo de lo tenebroso, de la opresión y poder tiránico, especialmente en novelas góticas o en las obras históricas tanto de ambientación medieval como las policiacas de espionaje, y en sentido figurado el calabozo representa un lugar de penumbra, de encierro y crueldad, de allí la represión al modo de las novelas góticas del siglo XIX, en donde los calabozos se utilizan como símbolos de la maldad y el poder de los personajes villanos, que los utilizan para encerrar y torturar a sus víctimas, por otro lado, cuando se trata de la literatura histórica, los calabozos son un elemento común para representar la vida en castillos y fortalezas, y habitualmente se utilizan para mostrar la crueldad, la injusticia y el despotismo de ciertas épocas. En tanto, cuando nos acercamos a la literatura fantástica, los calabozos son escenarios frecuentes para aventuras, donde los personajes exploran laberintos subterráneos plagados de monstruos y peligros. Calabozos y Dragones es el juego de roles más popular del mundo. Es un juego cooperativo de narrativa donde los jugadores toman el papel de diferentes personajes dentro de una historia. A medida que se juega, los personajes se asocian con nuevos amigos o se enfrentan a enemigos, y la lucha será contra monstruos, descubrir el botín o completar misiones. No obstante, la idea central del significado de calabozo tanto en su sentido literal como figurado, es un recurso literario poderoso que evoca imágenes de oscuridad, encierro y opresión, y que se utilizan para representar los diferentes aspectos de la condición humana, desde la crueldad hasta la belleza de una aventura con fines idealistas.

Calabozo de las flores viene a ser la imagen de un florero inexistente, un lugar para flores secas o muertas que cuelgan su perfume de abandono, aunque en el texto las flores son también la metáfora de los recuerdos, los estados de conciencia, y por sobre todo el juego con la soledad del lenguaje, cuyos versos, en diminutas frases cobijan la condena perpetua de lamer el papel hasta sangrar la lengua, entonces el libro de poemas es también un espacio mágico, un lugar de rituales de infancia y de infamia, una oscuridad que persigue su propia niebla mientras cree recordar la tos de animales muertos, con poemas nublados como el día que dejó entrar otras palabras a la memoria y se fueron secando con los años, a pesar del conjuro de mariposas y girasoles, y los espacios entre los diseños del silencio, caer y crear penden a ratos de estrellas de sangre, de manchas retorcidas por el desamparo de viejas cicatrices, o bien se aparecen como tatuajes del olvido con una tipografía antigua que ya casi nadie reconoce, si no es por la hablante que salta de una página a otra como en una retahíla de versos que no llevan a ninguna parte que no sea la conciencia y nuevamente caen pétalos con el sonido de la tos y ahora se despluman los pájaros y quedan tiritando en el verso antes de caer como si fueran ángeles budistas, mientras la tristeza muestra su nihilismo, sus escupitajos de promesas y dolores cardiacos que intentan encender la luz, pero el dolor es otro y otra la voz de la hablante que le pone pestañas postizas al horizonte y sólo así puede llorar un poco de futuro, para que se corra el rímel de los ecos, y el maquillaje duele, porque se sabe máscara y mascarada, mientras trata de levitar en el escenario de las sombras chinas y saluda como si fuera una montaña, o al menos una semilla de la especie volcánica y se respira la nube tóxica para seguir escribiendo, como si recién acabara de borronear el mismo poema, pero esta vez a la inversa y se le ven las venas entre los dedos atrapados en esa taza de té, que le aclara la garganta y eso es todo, porque nada parece poco ni los misterios que se ocultan entre las páginas que hablan de camelias dormidas junto a los peces que tienen sed y la voz de la hablante es como en un mantra que una y otra vez vuelve a la infancia para esconder el dolor que la desgarra al ver caer los pétalos de una edad incierta, que la asusta en medio del ritual a punto de soplar esas cenizas.

Como bien dice Paulo San Paris en la contratapa del libro: “El calabozo como metáfora de retención, detenimiento, de exclusión profunda, nos insta a una posición de lucidez, de rebuscar en procesos internos.” Entonces la poesía deja de ser personal, para licuarse entre las voces del desamparo, hay palabras que no calzan, y los sentimientos caen en su pulcritud de escombros, hay silencios entrecortados que se trasladan de página y huyen también entre otros rumores que pareciera se les cae el pelo y son las arrugas de la infancia más antigua las que traen del mismo modo sus lunares secos, pero hay olor a sándalo como si se quemaran sílabas libidinosas, y el lector, este lector, cae en la tentación de aplaudir o lanzar besos hacia ninguna parte, porque dejaron de latir en la basura esos pétalos ingenuos con sus acertijos de tiempo imaginado y hay un pienso ya, que se dispara como semilla en la arrogancia de la nostalgia, pero no es spleen, sino una nube seca también como las flores de la ira que buscaban su ventana de abandonos y pareciera que la hablante le midiera el brazo a las palabras para anotar su delgadez, su hambre de tinta con grumos en los emblemas, mientras todo se llena de humo, Nury arropa a su hablante y siembra pétalos de silencio, para crear libros como monedas de cambio y seguir apareciendo en antologías, y en la costra de la costa que quiere desaguar más lágrimas que crujen amontonando silencios y próximas mentirillas.

Porque los calabozos de verdad son para los presos políticos, o los migrantes, y es común en esta actualidad, que se aleja día a día de aquello que solíamos pensar con poesía, no así frente aquellos que cometen crímenes de lesa humanidad o de derechos humanos como los francotiradores en Gaza que hoy se divierten en los centros de repartición de comida de EEUU e Israel, mal llamados “Humanitarios” o frente al bombardeo de morteros a la Iglesia Católica, también en Gaza, estos soldaditos de gatillo fácil criados entre videogames que en algún momento serán especialmente sancionados por tribunales internacionales como sus abuelos lo hicieron con los nazis, por ahora son ellos los que requieren de un mayor aislamiento o castigo. No por nada el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha visitado estos días a las tropas ultraortodoxas desplegadas en el Valle del Jordán tras la salida del partido Judaísmo Unido de la Torá de la coalición de Gobierno por la disputa sobre el servicio militar obligatorio para los estudiantes haredíes de la ’yeshiva’, de los centros de estudios judíos, algo similar ocurrirá con el partido ultraortodoxo Shas que ya ha amenazado con seguir los mismos pasos que Judaísmo Unido de la Torá si no se materializan las exenciones a los ultraortodoxos, de allí que Netanyahu se ha aprovechado para que Israel bombardee la región suroeste de Siria , según él, para crear una zona desmilitarizada, y que no se repita lo del Líbano, por eso dice estar obligado a proteger a los residentes drusos, y con ello generar una tercera zona de guerra, para así mantenerse en el poder, ya que los juicios por corrupción están suspendidos mientras las guerras estén presentes, de allí que Benjamin Netanyahu, es prisionero en su propio calabozo espiritual y criminal, porque de terminar las guerras el calabozo será real. En nuestro continente los calabozos de Guantánamo y la Mega cárcel de Bukele, tienen ese dejo de no respetar el debido proceso, algo parecido a lo que ocurre en Cuba o Venezuela, por nombrar algunos lugares de este continente, recordando que durante la semana se le dio la libertad, entre una chambonada y otra, al sicario del tren de Aragua que asesinó al prestamista denominado “Rey de Meiggs” por procedimientos de la jueza Irene “Tuto” Rodríguez, y la escasa comprensión lectora del encargado de Gendarmería que no leyó todas las resoluciones, pero eso ya es pataleo para los políticos que buscan réditos electorales, en tanto, el director de impuestos internos Javier Etcheberry Celhay desde el 8 de julio de 2024 en el cargo, vale decir hace más de un año, no ha sido capaz de regularizar sus propiedades y pagar los impuestos desde a lo menos 9 años a la fecha, es curioso, porque por menos tiempo el Servicio de Impuestos Internos saca a remate a viviendas o predios que estén con las contribuciones impagas, y hoy en día, gracias a la gestión del impresentable director han subido al doble o al triple, obligando a los adultos mayores a cancelar desde sus escuálidas pensiones las contribuciones, contribuyendo así a la mala vida de varias generaciones que hoy por hoy no sólo padecen la miseria de las AFP, sino el abandono de un Estado que entre otras cosas olvidó también los carteles y consignas del estallido social, y desde otras agudas y vigorosas percepciones Nury Larco Invernizzi tiene razón ya que se hace imposible de olvidar, El calabozo de las flores.

Hans Schuster-Escritor

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