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El centenario del Estadio Santa Laura. Por Patricio Bustos Pizarro

Por la función que ciertas infraestructuras cumplen en las ciudades suelen transformarse con el transcurrir del tiempo en un espacio histórico, simbólico, icónico y emblemático para el desarrollo de las actividades que acogen. Es exactamente lo que ha ocurrido con el Estadio Santa Laura desde el momento de su construcción en el año 1922 y de su inauguración oficial el 10 de mayo de 1923.

No se apagan aún los acordes del recital Masters of Rock realizado el pasado 30 de abril, aún se siente el vuelo del integrante del grupo norteamericano Kiss por la cancha del recinto hispano y sus añosos pastos se aprestan a recibir el próximo partido del campeonato. Así ha sido la centenaria historia del Estadio Santa Laura: vertiginosa, apresurada, demandada, exigida.

En los albores del fútbol en Chile “la cancha de Santa Laura”, como inicialmente se le denominaba, llegó para cumplir un rol fundamental en el desarrollo del deporte, del fútbol amateur y profesional, de la música, de la cultura, de la vida en comunidad, de las mujeres y los hombres de fe y también de la política chilena.

El estadio Santa Laura es el resultado concreto del esfuerzo del mundo privado. Antes que el Estado de Chile se preocupara de elaborar políticas públicas orientadas a la construcción de infraestructura para la práctica del deporte, de una institucionalidad deportiva y del fomento y promoción de la actividad física y recreativa, el Santa Laura junto a otros recintos realizaban su contribución silenciosa pero efectiva por llevar el deporte, la vida y la competencia sanas a la sociedad chilena en general y a los jóvenes en particular.

Inicialmente el estadio Santa Laura fue lo que hoy se conoce como una “Ciudad deportiva”. La colonia española destinó enormes esfuerzos y recursos para la construcción de infraestructura y equipamiento para sus numerosas ramas deportivas. En los actuales terrenos del estadio existió un velódromo que recibió importantes competencias ciclísticas nacionales, una piscina en la que se alcanzaron significativos récords nacionales y sudamericanos, canchas de tenis, de basquetbol, un frontón, canchas de bolera y de hockey, casino social y una pequeña sala para la atención médica.

De esos antiguos recintos deportivos destinados al deporte y al fútbol solo queda algún nostálgico recuerdo o un conjunto de historias desparramadas. El único sobreviviente, quizás por la tozudez propia de la sangre hispana y luego de resistir a varios intentos por demolerlo y venderlo, es el recinto de la Plaza Chacabuco. El entusiasmo, el dinamismo y el fervor de Rosendo de Santiago Álvarez y de Evaristo Santos Planillo permitieron adquirir en octubre del año 1922 definitivamente el terreno ubicado en la calle Santa Laura y que el Ibérico Balompié, nombre del equipo de los jóvenes españoles avecindados en Chile, ocupaba a lo menos desde agosto de ese año.

En efecto, los primeros colores de la camiseta del club hispano (Listones blancos y celestes) se desplegaban los fines de semana en los pastos de “la cancha de Santa Laura”, ubicado dos cuadras hacia el oriente de la Plaza Chacabuco, en lo que actualmente es la comuna de Independencia.

Incluso, en septiembre del año 1922, poco más de ocho meses antes de que oficialmente se inaugurara el Estadio, el recinto construido a pulso por los propios socios, según lo señaló el legendario “Juanito Legarreta” en una entrevista otorgada a la desaparecida revista Estadio en diciembre de 1963, fue entregado a la comunidad hispana con un evento que congregó a una delegación de españoles de Osorno, del sur del país. En esa actividad comenzaba a dar sus primeros pasos en el fútbol el “Chato” Subiabre -Guillermo Subiabre Astorga- jugador de 19 años nacido en Río Bueno que después de algunos años cumplió destacadas presentaciones en Santiago Wanderers, Colo Colo y la Selección Chilena; selección con la cual alcanzó el subcampeonato en el Sudamericano del año 1926 y con la que participó en los juegos olímpicos de Ámsterdam del año 1928.

El diario La Nación de septiembre de 1922 informó de manera copiosa acerca de las actividades deportivas desarrolladas en las canchas de la avenida Santa Laura. Difundió la información del partido que el lunes 18 de septiembre de ese año, a las 3.30 horas, jugó el Ibérico Balompié y el Rangers de Osorno y con el cual se inauguró el recinto deportivo. Fue triunfo para el Ibérico por 6 goles a 1, con magníficas actuaciones del local Gerardo Mediavilla y del visitante Guillermo Subiabre Astorga.

En la oportunidad el matutino señalaba que: “La construcción de este Estadio que se inaugura con la fiesta de hoy, representa un esfuerzo que honra al Ibérico Balompié, ya que gracias a la tesonera labor y entusiasmo de sus asociados y al cariño con que acoge toda iniciativa altruista tanto ellos como la Colonia Española residente, la capital se enriquece con un nuevo campo de esparcimientos que reúne todas las condiciones de comodidad e higiene”.

Y con respecto al partido y el “Chato” escribió lo siguiente: “Subiabre, fue el hombre del día. Indiscutiblemente es un elemento de recursos extraordinarios, digno de figurar entre los mejores jugadores del país. Sus arrancadas son temibles y tiene una limpieza especial para ejercitar sus movimientos. La dirigente del footballl nacional no debe perder de vista a este jugador y ojalá que lo tome en cuenta para la primera selección de nuestro exponente internacional”. En el estadio Santa Laura nacía uno de los primeros ídolos del fútbol chileno.

Días antes, el sábado 16 de septiembre de 1922, el mismo diario informaba: “La cancha del Ibérico Balompié está situada en la Av. Santa Laura. Conducen a ella los carros 6 y 39, descendiendo en la Plaza Chacabuco e internándose hacia el Oriente. Es un cómodo terreno dotado de instalaciones sólidas y confortables de tribunas y otros servicios, y representa un esfuerzo digno del entusiasmo y del cariño con que emprende todas sus obras la prestigiosa colonia española residente”. Y agregaba: “La cancha de Santa Laura pasará a ser uno de los más hermosos y espléndidos campos deportivos de la metrópoli, tanto porque desde sus distintas aposentadurías se domina una vista panorámica de extraordinaria belleza como porque no se ha descuidado en ella ni el más mínimo detalle para que la pista ofrezca seguridad a los competidores y el sitio de recreación mirado de conjunto, sea de verdadero esparcimiento para la concurrencia”.

Como se puede apreciar con nitidez, la historia del estadio Santa Laura es muy anterior a la de numerosos recintos deportivos y encuentros de fútbol que reclaman para sí reconocimientos y privilegios. Lo indiscutible es que los pastos y las galerías del estadio de los españoles recibieron los primeros y verdaderos clásicos del fútbol amateur y profesional chileno 13 años antes que el primer partido jugado entre los equipos denominados populares y que se disputan la denominación de “superclásicos”.

Los clásicos entre los equipos del Santiago National (El Decano) y Magallanes (La Academia), los del Ibérico Balompié (Actual Unión Española) y Audax Italiano comenzaron a jugarse en Santa Laura a partir de 1922 en adelante; aun cuando el clásico entre italianos y españoles se jugaba desde 1918. Los primeros clásicos del fútbol chileno surgieron por disputas asociadas a aspectos propios de la identidad de las colectividades, por su procedencia social, por su raigambre a determinados sectores barriales, por rivalidades entre ciudades y no necesariamente por el nivel de popularidad entre los aficionados al balompié. Más que la obtención de algún título o trofeo se jugaba por el honor a la camiseta, por el respeto al club y principalmente por el gusto de jugar al fútbol. Eran otros tiempos.

La historia indica que solo el 9 de junio de 1935 Colo Colo jugó su primer partido con el Club Universidad de Chile y que el 10 de abril de 1938 los albos se enfrentaron por primera vez al Club Universidad Católica, ambos partidos se disputaron en el desaparecido estadio los Campos de Sports de Ñuñoa, recinto que entre 1918 y 1938 estuvo ubicado en la intersección de las calles Campo de Deportes y José Domingo Cañas.

La historia escrita de Santa Laura señala que los terrenos fueron adquiridos el 21 de octubre de 1922 y que la construcción del estadio finalizó el 12 de noviembre del mismo año. En otras palabras, la construcción del estadio hispano habría demorado 22 días. Sin embargo, por muy simple y modesto que haya sido la construcción deportiva, no calza con lo informado por la prensa de la época respecto de las características estructurales que reunía el estadio de Santa Laura.

Todo indica que los españoles ocupaban el terreno de la antigua chacra La Obra antes de comprarlo y que la construcción del estadio había comenzado con bastante anterioridad. Prueba de ello es lo que informó el diario La Nación los días 25 de septiembre, 11 y 14 de octubre de 1922, cuando comunicó acerca de las actividades asociadas a la Fiesta Riojana, la celebración del Día de la Raza y de la disputa de la Copa Logroño, respectivamente.

En toda su existencia, el Estadio Santa Laura ha cambiado en varias oportunidades de fisonomía desde su construcción. De una capacidad para 5 mil asistentes en sus inicios llegó a alcanzar un aforo de 28.500. De ser una construcción básicamente de madera en su origen se transitó hacia una infraestructura que en diferentes épocas ha conjugado la madera con el cemento y el fierro. La construcción de las tribunas y de las galerías fue variando tanto en forma como altura y hoy prácticamente todo el rectángulo de la cancha se encuentra construido, con la excepción de los codos norte y sur de la tribuna oficial.

Si bien es cierto que en poco más de cien años la fisonomía del estadio ha cambiado en forma significativa, hay algo de su primigenia esencia que perdura y que a pesar del transcurso del tiempo permanece, sin variar en absoluto. Y tal cual lo señaló en el año 1975 el recordado periodista deportivo, Renato González Moraga -Mister Huifa- “Santa Laura es otra cosa…. jamás estuve en un estadio en el que el espectador pueda ver mejor el fútbol que en Santa Laura. Si parece que uno, estirando el brazo, pudiera tocar a los jugadores y, sin embargo, la perspectiva es magnífica”.

De las construcciones de las dos primeras décadas del estadio solo sobrevive, como mudo testigo del desarrollo del fútbol chileno, el denominado Castillo, ubicado en la calle Santa Laura y construido en 1931 por el arquitecto español y dirigente del club hispano, Antonio Martí Vidal, en el contexto de una de las numerosas remodelaciones que en su historia ha experimentado el recinto.

Cientos han sido los jugadores de fútbol que nacieron, dieron sus primeros pasos o pisaron alguna vez los pastos del centenario estadio. De los que se formaron en Santa Laura se encuentran Juan Bautista Lapiedra, Juan Legarreta Ugarte, Fernando Riera Bauzá, Sergio Livingstone Pohlhammer, Honorino Landa Vera, Atilio Cremaschi Oyarzún, Hernán Fernández Vilaspaz, Juan Machuca Valdés, José Luis Sierra Pando y Víctor Felipe Méndez Obando. De los que se iniciaron en el fútbol se encuentra Leonel Sánchez Lineros. Y de quienes alguna vez jugaron en Santa Laura destacan Ricardo Zamora Martínez (El Divino Zamora), David Arellano Moraga, Carlos Salvador Bilardo Digiano, Elías Figueroa Brander, Carlos Caszely Garrido, Iván Zamorano Zamora, Ladislao Mazurkiewicz Iglesias, Oscar Fabbiani Venturelli, Robert Prosinecki, Juan Román Riquelme, Vinícius Júnior, Ronaldo Luís Nazário de Lima, Adriano Leite Ribeiro, Christiane Endler Mutinelli, Carla Guerrero Puelle, ​Thembi Kgatlana y tantos otros y otras que deleitaron con su juego a quienes colmaron las tribunas y galerías del vetusto estadio.

2023 es el año del centenario del Estadio Santa Laura. Pero también se cumplen 90 años desde que su jugó el primer partido del fútbol profesional chileno, un 22 de julio de 1933. Se recuerda también que después de 90 años, un 26 de mayo de 2013, Unión Española bajó su séptima estrella, la primera obtenida en su propia casa.

Cien años de fútbol, cien años de historia, cien años de sueños, cien años de aporte al desarrollo del deporte, cien años de goles y cien años de alegrías. Una buena oportunidad para declarar al Estadio Santa Laura como patrimonio histórico deportivo nacional. El fundamento de tal propuesta lo señaló hace 48 años Mister Huifa cuando señaló lo siguiente: “Yo no sé qué habría hecho el fútbol chileno si no hubiera existido el Estadio Santa Laura. Y si la institución hispana no hubiera mantenido ese campo en perfectas condiciones, aun con perjuicio económico para el gran club. Pero tuvimos suerte, digo yo, tuvo suerte el popular deporte y ahí está Santa Laura en gloria y majestad”.

Imagen de un partido de fútbol en el Estadio Santa Laura al cumplir 40 años

Fotografía: Revista Estadio N° 1063, del 10 de octubre de 1963.

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