Las medidas arancelarias de Donald Trump visibilizaron cómo las decisiones del centro capitalista configuran realidades periféricas. En Chile y especialmente en la región de la Araucanía, estas transformaciones generan inestabilidad en sectores productivos dependientes del comercio exterior. Así, las relaciones comerciales lejos de ser técnicas, son la expresión de una estructura de dependencia que afecta cotidianamente a las colectividades territoriales. Por lo mismo, es factible ver que la mercantilización ignora las asimetrías y jerarquías sociales, y tensiona la autonomía regional frente a la lógica internacional.
Las formas productivas rurales del territorio chileno atraviesan procesos de invisibilización y marginalización en el marco del desarrollo capitalista, generando procesos de deslegitimación continua, a través de la instauración de modelos que uniforman costumbres y reorganizan las prácticas cotidianas.
En ese sentido es factible asumir que el comercio no solo distribuye bienes, sino que también ordena identidades, este fenómeno se observa desde lo micro a lo macro. Entonces los supuestos de Karl Polanyi son confirmados, porque las economías son núcleos de los procesos de integración.
Immanuel Wallerstein, desde su teoría del sistema-mundo, sostuvo que las economías periféricas ocupan posiciones subordinadas en el orden global. La Araucanía, anclada a la exportación primaria, experimenta esa subordinación ante cada fluctuación externa, así esa dependencia estructural limita la capacidad local de adaptación y autodeterminación económica. Por lo mismo, es difícil trata esa situación sólo como una inserción económica, hay que agregar que es la reproducción de una ubicación desigual.
Las dinámicas del comercio global imponen lógicas de las economías centrales que fragmentan el tejido social y disminuyen la capacidad colectiva de decisión. Esto, no solo afectan al capital como modo de producción y modelo hegemónico, sino que reconfigura los territorios según intereses foráneos.
Mientras que, como poderes institucionalizados, los mercados determinan el acceso a recursos y la autonomía local. Estas lógicas reproducen estructuras que condicionan la distribución de las previsiones regionales y limitan las modalidades de inserción en los procesos productivos contemporáneos.
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Briosca Quiero López, estudiante de Sociología, Escuela de Sociología, Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones, Universidad Central de Chile
