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El concepto de Buen Vivir para el Pueblo Mapuche. Por Guido Asencio Gallardo

Originalmente el concepto de “Vivir Bien” ha sido planteado por diferentes pueblos indígenas latinoamericanos, pero también en el pueblo mapuche se reconoce como el Küme Mogen, que es la versión conocida en el mapudungun, existiendo en el mundo académico algunas variaciones, es posible encontrar en la mayoría de los pueblos originarios de Latinoamérica similitudes en su definición, tratado como una alternativa al modelo neo-capitalista frente a las múltiples crisis mundiales. En concreto este concepto coloca en el centro la vida no antropocénica ni biologicista, pasando a una valoración cosmocéntrica y holística, fundada en la no separación entre los seres vivos y la naturaleza, reconociendo el cosmos como un organismo vivo cuyas partes están interrelacionadas y conectadas una de otra buscando un equilibrio o armonía entre ellas, rompiendo el paradigma individualista de autosuficiencia arraigado a las teorías económicas clásicas que valoran la competencia ante todo, dejando de lado al individuo.

Este paradigma centra su mirada en el con-vivir en un sentido antropológico, ecológico y cósmico, bajo la premisa de que la “buena vida” de unos no puede ir en desmedro de la de otros, por lo tanto, la aspiración es a reconocer el mundo es finito y limitado en cuanto a recursos, espacio y tiempo, que abandona la idea de calidad de vida que en toda su lógica, explorando la posibilidad de que mejorar las condiciones de unos deteriora la calidad de vida de otros, en tanto, el proceso que es conocido como el “desarrollo del subdesarrollo”, comprende una mirada capitalista que enfatiza en la capacidad de competir y excluir de manera simultánea. (Estermann, 2012).

El Buen Vivir cada vez gana más terreno en la construcción discursiva de corrientes indigenistas, socialista y posestructuralistas, buscando establecer una visión crítica frente a los límites alcanzado por el crecimiento y el progreso, en desmedro de las “externalidades negativas” que deja esta mirada netamente económica. Por su parte, algunos países vecinos como Ecuador y Bolivia han incorporado la Plurinacionalidad en sus constituciones, sin embargo, la aplicación en la práctica ha resultado complejo teniendo un manto de críticas tanto desde el mundo académico, así como también desde lo político.

La mirada clásica economicista del desarrollo conlleva un análisis simplista, reduciendo todo a una economía basada en la producción, los costos y gastos y al manejo de materiales en beneficios del hombre, pero con esto se podría decir que este camino conduce a una insostenibilidad, puesto que los recursos que forman parte de este análisis son limitados. Por ello, el progreso real que se quiera alcanzar, debe considerar un análisis social volviendo la ciencia económica a su origen es decir a una ciencia social, donde se incluya a todos en entre ello el medio ambiente, con esto, es posible alcanzar una verdadera subsistencia, puesto que las riquezas naturales del planeta forman parte inmanente del ser humano.

Para los pueblos originarios, el concepto de desarrollo sostenible se acerca a lo que se puede considerar como un el alcance apropiado para incorporar la armonía entre el progreso que incluye el todo, donde el entorno socioeconómico cobra relevancia a la hora de avanzar hacia dejar de lado el ideario de desarrollo que incluye solamente el aumento de insumos y la concentración de capital. Lo sostenible, por lo tanto, está arraigado a la conexión entre el objetivo de igualdad que se quiere alcanzar para garantizar que las futuras generaciones puedan también sostenerse haciendo hincapié en la racionalización de uso de recursos y de este medo “impedir el deterioro ambiental de forma invariable (Hunter, 1994). En esta línea, la supervivencia arraigada a los pueblos originarios busca fortalecer los vínculos de convivencia entre el entorno natural y los sistemas de reproducción que, en tiempos ancestrales garantizaban la seguridad alimentaria, lo que hoy no ocurre, por eso la importancia de reconstruir este tejido social que necesita desarrollar su identidad frente al modelo que realmente contiene bienestar y felicidad en los pueblos originarios.

Uno de los principales eventos mundiales que se debe destacar a la hora de comenzar a hablar en serio sobre la sostenibilidad fue la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en el año 1992, en el cual se plantea que la sostenibilidad se concibe sobre la base de tres elementos fundamentales como son los aspectos económicos, sociales y el medioambiente, incorporando como elemento esencial el aspecto intercultural que entrega un énfasis importante a la pluralidad cultural para el desarrollo, contribuyendo a la dimensión que incluye el respeto por las formas de vida culturales, de producción entre otras, por su parte Barbero (2010), señala que existen tres pilares de la sostenibilidad, donde “la conciencia que una comunidad tiene sobre el capital cultural propio, la cabida de una comunidad social para ejecutar disposiciones que logren almacenar y reorganizar su bienestar social, tomando en cuenta la tolerancia de abrirse hacia una propia identidad hacia el cambio y relación con otras sociedades existentes”.

Se debe reconocer que cuando hablamos de una crisis, esta no tiene solamente un origen, algunos autores hablan de crisis civilizatoria, que considera la complejidad de la misma, incluyendo la económica, ambiental, climática, política, por cuanto las alternativas a la salida de las mismas, ciertamente están por variables permanentemente arraigadas al desarrollo sostenible, bajo condicionantes que deben ir por el camino de la equidad, interpretando que el Buen Vivir es un “pensamiento de una vida social equitativa y conjunta, no en perseverante apuro por modernizarla, sino naturalmente humana” (Tortosa, 2009).

La consideración del todo armónico está arraigada al Buen Vivir, donde la armonía con la naturaleza enriquece cotidianamente la realidad en la cual están inmersos los seres vivientes, reconociendo que existen una variabilidad de valores en un ambiente de respeto. En este sentido, es importante dar énfasis que el Buen Vivir no corresponde solamente al patrimonio de ningún sector en particular, eso lo dejan entrever los pueblos originarios, esto requiere de entender que es una construcción permanente que, parte de la idea de diversidad cultural y pluricultural que dignifica las diferentes formas de vivir en sociedad, pasando a establecer una conciencia colectiva que cimienta una vida más sustentable donde todos los seres vivientes tienen cabida.

En definitiva, después de haber analizado las variables que se encuentran circunscritas en la complejidad de buscar un Buen Vivir, están fuertemente arraigadas a lo que nuestros pueblos originarios ya tenían incorporado en sus culturas, mediante la aplicación de prácticas que deben ser recuperadas, buscando conocimientos y saberes ancestrales que desde su origen han estado asociadas al bienestar común, los seres humanos deben actuar permanentemente con respeto a la naturaleza, así como también encontrar los principios de complementariedad y reciprocidad que la cosmovisión entrega, con base en el respeto a la vida en la Madre Tierra para mantener el necesario equilibrio entre los seres humanos y el entorno que le rodea.

Guido Asencio Gallardo

Académico

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