En el actual escenario de crisis del orden global, donde el "Yermo" social se extiende producto de una economía que asfixia a la política, surge el cooperativismo no como una utopía marginal, sino como un sistema económico robusto, ético y probado. Mientras el modelo neoliberal en Chile insiste en la supremacía del capital sobre el ser humano, el cooperativismo propone lo que yo denomino civilismo económico: la gestión colectiva de los recursos basada en la dignidad, la equidad y la solidaridad.
I. El Cooperativismo como potencia mundial y el caso europeo
Es un error común, alimentado por los centros de poder económico, considerar a las cooperativas como pequeñas iniciativas de subsistencia. En Europa, el cooperativismo es un pilar fundamental de la estabilidad social y el éxito industrial.
Países con mayor sistema cooperativo:
España: El Grupo Mondragón es el ejemplo más emblemático a nivel mundial. Con sede en el País Vasco, es una de las corporaciones más grandes de España, demostrando que se puede ser competitivo en alta tecnología y finanzas manteniendo la propiedad en manos de los trabajadores.
Italia: La región de Emilia-Romaña es una de las más prósperas de Europa gracias a que una parte significativa de su PIB proviene de redes cooperativas.
Francia y Alemania: Poseen los sistemas de banca cooperativa más grandes del continente (como Crédit Agricole o las cooperativas de crédito alemanas), donde el cliente es, al mismo tiempo, socio.
Países Nórdicos (Suecia, Noruega, Dinamarca): Aquí el cooperativismo es parte de la identidad nacional, especialmente en la vivienda y el consumo, asegurando niveles de bienestar que el libre mercado puro jamás ha logrado garantizar.
¿Por qué se minimizan? Se minimizan porque su existencia es una amenaza ideológica para el sistema de abusos. Si se reconoce que industrias gigantes pueden funcionar sin dueños autocráticos y con repartición equitativa de excedentes, el argumento de que la "inversión privada" (entendida como la acumulación de un 1%) es el único motor del progreso, se desploma. El cooperativismo prueba que la eficiencia y la ética pueden convivir.
II. Chile y el Espejismo de la CPC: Una Minoría que se Cree Nación En Chile, nos encontramos con un fenómeno de "anestesia social" liderado por instituciones como la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC). Su actual presidencia representa a una minoría que, desde su burbuja de privilegios, se auto-notifica como "la realidad del país", cuando en verdad está desconectada de la cotidianeidad del 80% de la población.
Mientras el mundo avanza hacia modelos de co-determinación, en Chile la CPC sigue abogando por un modelo de acumulación primaria: más inversión para más capital, a costa de mantener salarios estancados y una desigualdad que hiere. Para ellos, la sindicalización es un "riesgo", cuando en las democracias maduras es el motor de la paz social.
III. La Sindicalización por Ramas: El Éxito de Suecia vs. el Miedo Chileno Uno de los puntos de mayor fricción es la sindicalización por ramas. La élite chilena la rechaza bajo el argumento de que afectaría la competitividad. Sin embargo, la historia desmiente este dogma.
El Modelo Sueco: En mi otra patria, Suecia, el éxito económico y la bajísima desigualdad no son accidentes del destino. Se basan en la negociación colectiva por sectores (por ramas). Esto permite que:
Las empresas compitan por innovación y eficiencia, no por quién paga el salario más miserable.
Se establezcan estándares de trabajo humanos que benefician a toda la industria.
Exista una paz social basada en la corresponsabilidad, donde los sindicatos son actores técnicos y políticos de alto nivel.
En Chile, uno de los países más desiguales del mundo, oponerse a la negociación por ramas es una forma de mantener el "Yermo" social. Es evitar que los trabajadores tengan el poder de negociar en igualdad de condiciones, perpetuando la relación vasalla que menciono en uno de mis libros.
IV. Aplicación Práctica: El Modelo de Vivienda en Suecia (Bostadsrätt) Para entender la potencia del cooperativismo, debemos mirar hacia el sistema de vivienda sueco, específicamente organizaciones como HSB o Riksbyggen.
Propiedad Colectiva, Uso Individual: En Suecia, el modelo de Bostadsrätt no consiste en comprar cuatro paredes, sino en comprar el derecho a residir en una comunidad de la cual eres socio y copropietario. La cooperativa es dueña del edificio y del terreno, lo que elimina de raíz la especulación inmobiliaria voraz.
Gestión Democrática: Las decisiones sobre mantenimiento, mejoras y finanzas las toman los vecinos en asambleas. No hay un "dueño" externo que lucre con el alquiler; los costos se dividen de manera justa para asegurar la calidad de vida y la sostenibilidad del inmueble.
Resistencia al Mercado: Este modelo ha permitido que, incluso en crisis económicas, las familias mantengan su hogar, creando barrios integrados y seguros que contrastan con los "guetos verticales" o las periferias abandonadas del modelo chileno.
V. Propuesta para Chile: El Maule como Región Cooperativa y Solidaria ¿Es posible trasladar esta visión a la realidad regional del Maule? Absolutamente. La aplicación del cooperativismo en nuestra región sería la respuesta definitiva al abandono centralista y al extractivismo.
Cooperativas de Vivienda Regionales: En Talca, Curicó y Linares, el modelo sueco permitiría recuperar barrios históricos y urbanizar zonas rurales sin entregar el suelo a las grandes inmobiliarias. Familias unidas en cooperativas podrían construir hogares de alta calidad, autogestionados y con espacios comunitarios que fortalezcan el tejido social.
Soberanía Alimentaria y Agrícola: El Maule es el corazón agrícola de Chile, pero gran parte de su riqueza se fuga hacia el capital transnacional. El cooperativismo permitiría que los pequeños y medianos productores no solo cultiven, sino que procesen, empaquen y comercialicen directamente (como en Emilia-Romaña), eliminando al intermediario explotador y asegurando precios justos tanto para el campesino como para el consumidor local.
Servicios Públicos Cooperativos: Ante las fallas de las empresas eléctricas y de agua, las comunidades del Maule podrían organizarse en cooperativas de servicios básicos, recuperando la soberanía sobre sus recursos naturales y garantizando un servicio que no busque el lucro, sino el bienestar.
VI. Conclusión: Hacia una Economía de Civilismo El cooperativismo y la sindicalización fuerte son los salvadores de la sociedad. Necesitamos un cambio en nuestra ética económica para aceptar que la soberanía económica pertenece a quienes crean el valor: los trabajadores. El cooperativismo es el camino para que, finalmente, la dignidad no sea un sueño de unos pocos, sino la costumbre de todos. Solo así, mediante la relación de equidad y el respeto al ser humano como única expresión del universo, podremos desbordar los marcos de este sistema agotado y construir un futuro donde la inversión sea en humanidad, y no solo en balances bancarios.
El modelo de vivienda sueco y el potencial productivo del Maule nos demuestran que el camino está trazado. Es tiempo de que en el Maule, y en todo Chile, la dignidad deje de ser una consigna para convertirse en nuestra forma de vida.
Reflexión Final: ¿Estamos dispuestos a abandonar la competencia fratricida del sistema actual para abrazar la seguridad y el progreso que solo la cooperación mutua puede garantizarnos? El futuro nos exige esta respuesta hoy.
