El inicio del gobierno de José Antonio Kast en marzo de 2026 nos ha introducido de lleno en el concepto de un "gobierno de emergencia". Este término, que funciona como un paraguas retórico formidable, parece justificar una serie de decisiones rápidas que aún no terminan de cuajar en un programa de gobierno coherente a largo plazo. Al desmenuzar las primeras medidas y sus implicancias económicas, la pregunta sobre quién asume el costo de esta emergencia se vuelve insoslayable.
La Alquimia Fiscal: Recortes y Recaudación Las matemáticas fiscales del nuevo gobierno presentan una fascinante paradoja socioeconómica.
El bisturí ciego del 3%: El anuncio de reducir un 3% el presupuesto de cada ministerio para ahorrar cerca de USD 6.000 millones plantea una contradicción evidente. La ironía reside en sostener la narrativa de que se pueden vaciar las arcas ministeriales en tal magnitud sin rozar los programas sociales. En la administración pública, un recorte transversal e indiscriminado (en lugar de uno focalizado en ineficiencias comprobadas) inevitablemente termina amputando capacidades operativas. Al final del día, el Estado no funciona en el aire; funciona a través de servicios que llegan a los ciudadanos. Menos presupuesto significa menos capacidad de respuesta en salud, vivienda y educación.
La apuesta del 23%: Reducir el impuesto corporativo del 27% al 23% bajo la premisa de que no caerá la recaudación fiscal es abrazar con fe ciega la teórica "Curva de Laffer". El argumento oficial es que menores impuestos generarán un shock de inversión que, eventualmente, ampliará la base tributaria. Sin embargo, la historia económica demuestra que, en el corto plazo, estas rebajas generan un forado fiscal inmediato. Es una apuesta en la que el Estado cede ingresos seguros hoy por la promesa de un crecimiento mañana, decidiendo tapar ese déficit temporal con la austeridad del 4% que recae sobre el gasto público.
La Retroexcavadora Ambiental: 43 Decretos en Pausa La decisión de retirar 43 decretos medioambientales de la Contraloría General de la República refleja un reordenamiento de prioridades donde la naturaleza es administrativamente tratada como un freno al desarrollo. Resulta irónico que, en un país catalogado por la evidencia científica como altamente vulnerable al cambio climático, la primera medida de "emergencia" sea frenar la institucionalidad ambiental. Detener la creación de parques marinos, normativas de emisiones termoeléctricas o planes de conservación bajo la excusa de una "revisión habitual" choca con el hecho de que estas políticas toman años de diseño técnico. El mensaje subyacente es transparente: la reactivación económica inmediata y la eliminación de trabas a la inversión priman sobre la sustentabilidad, transfiriendo el pasivo ambiental a las comunidades locales y a las zonas de sacrificio.
Seguridad y Migración: El Choque con la Realidad y el Aislamiento La seguridad ciudadana y el control fronterizo fueron los grandes estandartes de la campaña. Sin embargo, en el ejercicio del poder, la retórica se topa con la logística, la geografía y las relaciones internacionales. A esto se suma la controvertida materialización de la infraestructura en el paso fronterizo: la famosa zanja y la construcción del muro en el extremo norte del país. Si durante siglos la imponente Cordillera de los Andes nos definió geopolíticamente como un territorio insular y aislado de Sudamérica, hoy la política estatal parece empeñada en reforzar esa desconexión natural mediante barreras artificiales. Resulta profundamente irónico que, mientras el gobierno busca insertar agresivamente a Chile en el mercado global bajando impuestos a las multinacionales, a nivel vecinal opta por atrincherarse, cerrando la puerta con cemento y excavadoras. No es de extrañar que la prensa y la diplomacia en Perú ya califiquen estas fortificaciones como "la muralla de Berlín" sudamericana; una metáfora perfecta para una política que aísla diplomática y físicamente al país bajo la ilusión del control absoluto. A su vez, la promesa de "sacar" de forma inmediata a los migrantes ilegales enfrenta los altísimos costos operativos de las expulsiones masivas y la total falta de coordinación con los países de origen tras este ensimismamiento diplomático. Por otro lado, la posibilidad de mantener indultos a miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden por delitos del pasado, mientras se promete "mano dura" contra el crimen actual, envía un mensaje contradictorio sobre la igualdad ante el Estado de Derecho.
El Bolsillo Ciudadano: Geopolítica, Bencinas e Inflación Aquí es donde la "farsa" discursiva se convierte en un impacto directo al presupuesto familiar, configurando la verdadera tragedia socioeconómica del ciudadano de a pie.
El fin del salvavidas: Eliminar la inyección de recursos a mecanismos de estabilización implica traspasar la volatilidad del mercado internacional directamente al consumidor. Que la ministra vocera anuncie un alza total de las bencinas y el diésel, argumentando de forma paralela que el gobierno "pone a los chilenos primero", es una disonancia cognitiva monumental. Con una inflación que amenaza con empinarse a los cuatro puntos en abril, el alza sin graduación de los combustibles encarecerá toda la cadena logística, golpeando sin piedad el precio de los alimentos.
La excusa internacional: El gobierno se desentiende del impacto inflacionario escudándose en la crisis de Medio Oriente y afirmando que Chile no es parte de esa guerra. La ironía se consuma al observar el drástico giro en política exterior: el oficialismo promueve una alineación irrestricta con Estados Unidos e Israel, al mismo tiempo que rompe con su tradición de Estado al retirarle el respaldo oficial a la candidatura de la ex presidenta Michelle Bachelet a la Secretaría General de las Naciones Unidas. Esta inédita decisión deja a una ex mandataria chilena dependiendo exclusivamente del patrocinio de naciones extranjeras —como Brasil y México—, evidenciando que Chile termina asumiendo los costos económicos de una crisis global, mientras adopta posturas geopolíticas que lo alejan de su tradicional pragmatismo diplomático para abrazar batallas ideológicas.
Conclusión El nuevo gobierno se encuentra en la dura transición entre la poesía de la campaña y la prosa de la gobernabilidad. La ironía estructural de estas primeras semanas radica en la implementación de una ortodoxia que exige sacrificios inmediatos e ineludibles a la ciudadanía —alzas de combustibles, recortes al Estado, freno a la protección ambiental y un aislamiento fronterizo— a cambio de beneficios macroeconómicos futuros que dependen enteramente del sector privado. Cuando las medidas de "emergencia" intentan cuadrar las hojas de balance nacional pero asfixian el presupuesto del hogar, el relato oficial pierde rápidamente su efectividad frente a la terca realidad de llegar a fin de mes.
