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El desafío espiritual frente a la crisis política. Por Alex Ibarra Peña

“El aspecto más problemático de la actual
situación histórica es, con seguridad,
la falta de una conciencia clara
del mal que nos aqueja”.
(Jorge Millas).

Hace más de sesenta años el filósofo Jorge Millas comenzaba su libro “El Desafío de la Sociedad de Masas” con esta frases recién citadas. La voz de Jorge Millas manifestaba una preocupación por la falta de sentido común en nuestra sociedad. Sentido común quiero entenderlo de dos maneras, la primera en cuanto a un proyecto (si se quiere utopía) colectiva que involucre a los ciudadanos en una causa nacional; la segunda en cuanto a que el sentido común es un indicador compartido “universalmente” que sería muestra de lo sensato.

La importancia de lo sensato parece que ha caído en desuso como criterio de regulación de nuestros actos y da lo mismo la consecuencia que éstos tengan, no sólo en el mundo privado sino que también en lo público. Algo aquí me suena al popular tango “Cambalache”. Donde impera lo relativo, todo está permitido y parece tener el mismo valor. El relativismo tan defendido en algunas perspectivas éticas creo que no tiene una proporción simétrica en el ámbito de lo político. Lo que quiero decir es que no es lo mismo cualquier proyecto político que nos ofrezcan y en esto los ciudadanos deberíamos estar muy atentos dado de que la clase política busca sus resultados electorales sin desprecio al engaño, y lo que es peor acepta como hecho natural la corrupción. Parafraseando a Millas creo que es posible tomarse lo político con mayor seriedad y “tomar conciencia clara del mal que nos aqueja”. Claramente lo que hoy parecería el “sentido común” en el ámbito de lo político no corresponde con lo sensato.

Ahora volviendo a la primera manera en la que decía entender el sentido común, es decir en cuanto a una causa nacional o una utopía colectiva, tampoco la encontramos en el actual panorama político. La política en escena sigue atrapada en la lógica de reducir el ejercicio de lo político a la pugna entre los partidos políticos que han dejado de representar a la ciudadanía. Para esto basta con ver la discusión política parlamentaria, el fraude constitucional o la administración del Gobierno, es decir eso que los medios de comunicación poco serios nos transmiten en los noticieros, sea la televisión, la radio o la prensa escrita controlada por la oligarquía chilena.

Tenemos un enorme problema que favorece esta crisis política, ya que al parecer nuestros ánimos no se ven seducidos por buscar un proyecto colectivo. Acá aparece otro mal político distinto al relativismo pero igual de dañino, me refiero al escepticismo. Este mal instala la imposibilidad para una convivencia, para qué hacer un esfuerzo por el otro que es “menos importante” que yo o que no hace nada por mí. Esta desvalorización del otro obedece a esa ideología neoliberal que ha propiciado el dogma de que no hay nada más justo que la prosperidad propia llevando el interés por la propiedad como algo superior, que incluso importa más que el ser humano y su dignidad, en otros términos la fetichización de la mercancía.

Las ideologías que hoy regulan “nuestro” orden de lo político resultan nefastas en función de un proyecto político con identidad y raigambre nacional que incluya participación real de los ciudadanos. Esto hace que todo se oriente en función de los partidos políticos lejos del sentir de los ciudadanos, no hay una relación de proximidad entre representantes y representados. Hemos caído frente a un monstruo el Leviatán. Bajo este orden político estamos casi perdidos salvo que apareciera una vía radical de liberación, el estallido social nos mostró que esa fuerza, en este momento era débil para esa vía que desde el principio de soberanía popular es legítima.

La crisis política es profunda y las transformaciones sociales necesarias parecen lejanas. Lo único claro que quiero señalar es que lo más urgente sea una toma de conciencia que bajo mi punto de vista se encuentra lejos del ámbito político. Un campo de lucha que puede socavar el orden político es el cultural, vía larga y por cierto no siempre en relación clara con lo político. De ahí que un poco transformando el desafío de Millas que interpelaba a una toma de conciencia histórica junto a esta corresponde una toma de conciencia política. Es aquí en donde se nos hace necesario instalar la cuestión de un desafío espiritual para nuestro tiempo presente.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

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