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El dolor de la xenofobia en Chile. Por Natalie Rodríguez Covarrubias

El sábado 25 de septiembre Chile y el mundo presenció el brutal ataque contra un campamento de personas migrantes en Iquique, en pleno siglo XXI en un acto de xenofobia, racismo y completa vulneración a las personas migrantes. Un grupo de manifestantes quemó las carpas que eran utilizadas por extranjeros para pernoctar, y también sus pertenencias personales. Fue una desoladora jornada repleta de odio y violencia.

La población migrante se ve expuesta a este tipo de ataques en base a ideas discriminatorias, racistas y xenófobas, que surgen de especulaciones y estereotipos. Cuando, por el contrario, la experiencia internacional ha mostrado que las y los migrantes contribuyen tanto a sus países de origen como a sus países de destino. Según las últimas cifras oficiales de INE y DEM, en Chile habitan 1.462.103 personas extranjeras, correspondiente al 7.8% de la población total. La migración es una realidad en Chile y en el mundo, y, este porcentaje, lejos de ser un problema, es favorable para los países, en contra de lo que se ha señalado erróneamente desde discursos oficiales como una “ola” que supone peligrosidad.

¿Cuál es el problema entonces? En primer lugar, las crisis económicas y políticas en América Latina, ocasionan que miles de personas se vean forzadas a migrar. Esto, sumado a las políticas restrictivas actuales en el país, generan escenarios como los de las últimas semanas: en agosto y septiembre de 2021, se ha registrado aumento de extranjeros que intentan cruzar por pasos no habilitados desde Bolivia hacia la localidad de Colchane en la región de Tarapacá, llegando a Pozo Almonte, Iquique y Antofagasta, lo que ha iniciado una nueva “crisis migratoria”. Esto porque las políticas migratorias en Chile están centradas en ideas securitistas, enfocadas en el control y no fundamentada en derechos. Junto con esto, hay que recordar que Chile ha sido uno de los grandes ausentes del pacto mundial sobre migración, y buscar como única solución la expulsión, está siendo perjudicial.

En segundo lugar, se encuentran las ideas xenófobas y racistas que están sostenidas en creencias sobre “identidad y seguridad” como ejes centrales. Nos encontramos con ideas racistas como las que informó el INDH en 2017: donde ya se evidenciaba que un 73% de los chilenos estaba de acuerdo con la afirmación de que con la llegada de inmigrantes a Chile hay mayor “mezcla de razas", y que un tercio señaló que los chilenos son “más blancos” que los habitantes de otros países latinoamericanos, lo que es un preocupante dato si hablamos de racismo. Y, por otra parte, surgen discursos sobre el gasto que significa para el país recibir migrantes, y sobre las implicancias para el empleo de los chilenos. Estos discursos presentan la inmigración como responsable de problemas económicos y sociales de la población nacional. Esto último, supone que los inmigrantes serían peligrosos, vinculándoles inmediatamente con delincuencia en los discursos políticos locales.

Por el contrario, los estudios realizados en Chile indican que la inmigración no ha afectado a los trabajadores chilenos, ni en su salario, ni en su empleabilidad. Este mito dificulta la inclusión, específicamente de migrantes de Latinoamérica y el Caribe, que corresponden al 90% de los migrantes en Chile. Cuando se instala la sensación de que llega una gran cantidad de personas, la asociación con descontrol, peligro, y amenaza no demoran en llegar. Estas imágenes son potenciadas por los medios de comunicación y van creando un estado de ánimo de disconformidad con la migración, que construye discursos que potencian actos de violencia como el del sábado 25.

En este doloroso escenario, repleto de imágenes de vulneración y exclusión, es urgente ocupar instrumentos que ya se poseen para que el ingreso sea regular, como son las visas de responsabilidad democrática, reunificación familiar, y reconocimiento de refugio; mejorar la coordinación entre gobiernos comunales, regionales, nacionales e incluso entre gobiernos latinoamericanos, como también adherir al Pacto Mundial sobre Migración. Y construir una cultura en la que exista educación y claridad sobre la realidad migratoria y la contribución social de las y los migrantes. Es urgente investigar actos xenófobos como los de la inadmisible jornada de ayer, y adoptar medidas de protección a estos grupos vulnerables de personas, para que este tipo de hechos no vuelvan a ocurrir.

26 de septiembre de 2021

Natalie Rodríguez Covarrubias
Psicóloga, Magíster en Psicología Clínica
Doctoranda en Psicología PUCV
Miembro del Grupo Chileno de Estudios Organizacionales, Minga

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