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El escritor y el musicólogo Vicente Salas Viu. Por Alex Ibarra Peña

Partiré destacando la escritura crítica de este autor, la cual comienza a ser reconocida desde inicios de la década del treinta en distintos medios de comunicación culturales como diario El Sol, la revista Octubre vinculada al Partido Comunista Español, en la revista de orientación liberal «Cruz y Raya», y destacados medios afines al movimiento republicano «La hora de España» y «El mono azul». Su militancia fue más allá de las letras y formó parte del Ejército Popular. Esta experiencia fue recogida en sus libros «Diario de guerra de un soldado» (1938) y «Las primeras jornadas y otras narraciones de la Guerra Civil Española» (1940), en los cuales desarrolla el género de la crónica testimonial. Pero, también escribió desde otros géneros, como la novela en «La doble muerte de Felipe Villagran» (1960) y cuentos en «La espaciosa soledad» (1960). Otro libro de crítica cultural, aún más desconocido es «La última luz de Mozart».

Ahora, en lo que sigue, advertiré algunas cuestiones de su breve texto «Angustia de una generación literaria» que se encuentra disponible en el sitio web Memoria Chilena y que fue publicado en 1950 en la revista Pro Arte. En este escrito queda manifiesta su conciencia de ser parte de una generación intelectual española republicana que tuvo que salir al exilio. En el caso chileno, junto a su nombre podemos recordar otras figuras intelectuales que destacaron en distintas disciplinas, por nombrar algunos, Leopoldo Castedo en historia; Castor Narvarte, Francisco Soler, José Ferrater Mora, Augusto Pescador y José Ricardo Morales en filosofía; aunque este último también en teatro. Todos estos aportando grandes contribuciones a Chile.

Otro elemento que destaco de este texto es su apreciación, en torno a dos generaciones de escritores españoles que se comprometieron con la República, la de los consagrados, como Bergamin, Alberti, Machado, Lorca, etc, y otra de jóvenes escritores. En ambos grupos advierte: «una aportación tan considerable a la cultura en nuestro idioma, que por nadie ha podido ser desconocido». En esto podemos reconocer una valoración al pensar en español, que podríamos extender a aquella tradición, hoy activa, de una filosofía iberoamericana. Agregando a dicho pensar, la singular experiencia del exilio, así lo expresa Salas Viu: «La literatura española contemporánea se mantiene con originalidad y fuerza principalmente por cuanto los emigrados han sido capaces de hacer, dentro de las adversas circunstancias en que vive la mayoría desde hace diez largos años».

Un tercer aspecto que destaco, de este breve y significativo texto, es el pulso de escritor que posee y que queda en evidencia en expresiones literalmente ricas, como ésta en la que alude a su generación: «Los ánimos estremecidos de la nueva república caldeaban su creación. Al abrirse la guerra, sin excepciones, los escritores de esa generación juvenil sumaron su ardor al del pueblo en armas. Supieron ser soldados y escritores, dando lo primero mayor vigor a lo segundo, en vez de disminuirlo». Podemos concluir que es un escritor que ejerce una comprometida militancia.

En cuanto a sus publicaciones como musicólogo destacan «Sentimiento y expresión en la música, del Barroco al Romanticismo» , «La creación musical en Chile 1900-1951», «Momentos decisivos en la música», «Música y creación musical». Sin duda de éstos, el que más difusión alcanzó fue «La creación musical en Chile», el cual se ha convertido en un texto ineludible, y por lo tanto, canónico para los estudios de la música chilena.

En este libro queda clara su cercanía con el influyente compositor Domingo Santa Cruz, tal vez su principal mentor en el ambiente musical chileno y al interior de la Universidad de Chile. Así se puede entender su manifiesta a apología a la Sociedad Bach y su valoración por la renovación del Conservatorio Nacional. A mi modo de ver, este posicionamiento le coloca a cierta distancia con notables compositores como Enrique Soro, Pedro Humberto Allende, María Luisa Sepúlveda y Carlos Isamitt; pero, también con aquel precursor movimiento intelectual del Grupo de los Diez donde se incubó un importante movimiento musical que gravitaba en torno a las figuras de Alfonso Leng, Alberto García Guerreo y Acario Cotapos, abierto a otros compositores como Carlos Lavín, Próspero Bisquert, Celestino Pereira, Javier Rengijo, entre otros. Sin embargo, este planteamiento tiene que ser matizado, debido a que no incurrió en una invisibilización de estos autores y les otorga un lugar en el momento auroral de nuestra música, ya que antes de estas producciones no existiría una música que pudiéramos llamar propia o si se quiere nacional, lo que deja claro en su sentencia: «Puede afirmarse categóricamente que en los dominios de la creación musical Chile no tiene pasado». Esta sentencia determinará la investigación musicológica posterior hasta nuestros días.

Alex Ibarra Peña.
Dr Estudios Americanos.

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