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El eslabón perdido del códice Bonola. Por Boris Barahona Silva

La inédita obra del artista italiano sale a luz, tras décadas de olvido y oscuridad, para cautivar a los actuales amantes del arte renacentista. La pieza, de alto valor cultural, representa la fusión de almas bajo un mismo pincel, ya que fueron dos los reconocidos pintores que trazaron sus líneas sobre este folio artesanal y que hoy, su propietario, pretende dejar partir, a través de una subasta.

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“La multiplicación de los panes”, obra atribuida al destacado pintor italiano, del alto barroco, Carlo Maratta. Maratti, seudónimo con el que también se popularizó, fue considerado como uno de los pintores vivos más importantes de la época. Tal fue el valor de sus obras que, actualmente, se exhibe en el Vaticano una de sus pinturas más valiosas: Su autorretrato. Hoy, a raíz de estudios recientes realizados por expertos italianos, se ha logrado determinar que el autor del dibujo sea el coleccionista y, también, pintor italiano Giorgio Bonola, quien guardó el trabajo de Maratti y, junto a otros dibujos de destacados artistas, encoló lo que sería hoy el conocido «Códice Bonola».

Para los especialistas, este cuadernillo era una prolongación de su experiencia en Milán y de sus años de estudio en Roma, bajo la influencia de Maratti. Considerada una fascinante representación de todas las posibilidades técnicas desarrolladas en torno al dibujo a finales del siglo XVII.

Las piezas que reúne este álbum fueron realizadas sobre papeles blancos o teñidos de azul, gris, café o amarillo y trazadas con lápiz, pluma o punta metálica, con carboncillo o tiza, sanguina o albayalde, tinta y acuarela. En un tiempo marcado por el deseo de emular, superar y transformar las soluciones y fórmulas artísticas aprendidas y observadas.

Cuando Bonola compiló éste y otros libros, los dibujos se habían vuelto también preciados objetos de colección en el mercado de la cultura y las antigüedades, ya que este arte fue una prueba del talento y del ingenio de los artistas, de su capacidad de recrear y dar un orden a lo visible. Una suerte de antología y genealogía gráfica del progreso artístico en Italia.

Su descendencia, sin embargo, vendió el álbum, sus folios se dispersaron y el nombre de su compilador desapareció, hasta que, a mediados del siglo XX, el Museo Nacional de Varsovia recibió un bloque equivalente a un tercio del total y les devolvió su autoría. Casi simultáneamente, el Museo Nacional de Bellas Artes compró un bloque similar de dibujos a los familiares del arquitecto chileno Manuel Aldunate y Avaria, quien lo había adquirido un siglo antes en Italia y solicitado su mejora al restaurador nacional Ramón Campos Larenas. Recién en 2004, estudiosos italianos y polacos pudieron vincular ambas secciones y reconstruir el Códice casi en su totalidad.

Qué iba a pensar Bonola, que el Códice acabaría disperso y fragmentado en lugares tan distantes como Varsovia y Santiago. O más aún, que años despúes de esta recolección, volviera a aparecer uno de sus dibujos en Chile y el más desconocido de su colección.

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