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El Estado y la educación: de la industria/manufactura a Centro del saber-formador de personas. Por Sonia Brito, Lorena Basualto y Andrea Berríos

Cada cierto tiempo la ciudadanía protagoniza actos de negligencia en la gestión universitaria, cuya constatación práctica más grave es el cierre de alguna institución de educación superior. Estos hechos mediáticos, ampliamente difundidos por los medios de comunicación, corren el peligro de transformarse en acontecimientos que ocurren con una cierta periodicidad y donde nadie asume la responsabilidad. Vale la pena recordar que, en los últimos veinticinco años, es decir desde el año 1994, veintiún universidades han dejado de existir (Dínamo, 2017), como por ejemplo; UARCIS, U del Mar, siendo la última en la lista la Universidad del Pacífico cuyo proceso de cierre aún presenciamos.

Estos datos cuantitativos, valgan para afirmar que estamos ante un estado negligente que permite a empresas- entidades de educación, formar profesionales. Las víctimas de esta negligencia son los estudiantes y sus familias, quienes son los principales perjudicados, quedándose literalmente en la calle con sus sueños y esperanzas destruidas; además de años invertidos estudiando una carrera que les permita obtener un trabajo digno, realización personal y vocacional.

Frente a estos acontecimientos, es urgente transparentar la sustentabilidad de las universidades. Una de las herramientas que se ha utilizado es la acreditación de las instituciones que, finalmente, se funda en ciertas inequidades, originándose una perversidad en el sistema. Puesto que, si la universidad no cumple su promesa y obtiene menos de 4 años no puede pertenecer al Sistema Único de Admisión (SUA) y de gratuidad. Lo anterior, deja desprovistos a los estudiantes, quienes deben asumir el costo y la institución, en vez de pagar multas, se declaran en quiebra “lavandose las manos”. Luego, los jóvenes, se quedan sin posibilidad de continuar sus estudios, puesto que las “otras” universidades no prestan los apoyos para el ingreso de estos estudiantes, considerando que los alumnos que arriban, les pueden bajar los indicadores de retención, titulación oportuna o exelencia académica. De esta manera, se apodera la desconfianza, aparecen los mitos, los desprecios entre instituciones y, por último, las desvalorizaciones, no solo entre universidades, sino entre estudiantes.

Es ahí, donde empieza el periplo de los universitarios y su familia, quienes no tienen más remedio que golpear las puertas del ministerio de educación pues, son los responsables políticos que estas situaciones se originen. Entendiendo que, la supervisión, no refiere a eventos temporales de revisión a las instituciones de educación superior, sino que debe ser un proceso de monitoreo constante de todas las dimensiones, incluyendo el tema de los recursos los cuales deben ser suficientes y adecuados. La acreditación no alcanza!!. Es por este motivo, que es una negligencia que el estado no prevenga y actúe reactivamente. Esta lógica neoliberal de la educación de no tener injerencia o potestad en las instituciones de educación superior, es una indolencia y un abandono de deberes. Puesto que, más allá de la procedencia de la institución, está el bienestar y la justicia para con los estudiantes, quienes realizan grandes esfuerzos de superar la barrera de la formación escolar y económica para cumplir sus anhelos de superación.

Es muy importante que las universidades asuman el desafío de la transparencia en los recursos, puesto que, algunas universidades privadas-tradicionales-millonarias, reciben grandes recursos por diferentes vías tales como; el aporte fiscal directo y aporte fiscal indirecto, dejando desprovistas a aquellas entidades que reciben a estudiantes de primera generación cuyas características es, que son jóvenes que deben trabajar y estudiar para cumplir el anhelo de la educación superior. Otra fuente imporante de ingresos, para las universdiades, lo representa aquellos asociados a la investigación, a través de concursos externos, cuyos circuitos son cerrados, inequitativos, siendo las mismas instituciones las que por lo general, se adjudican las propuestas públicas de FONDECYT, CONYCYT, FONIDE y becas para post grados. La contienda es desigual, puesto que los evaluadores, representan a estas mismas casas de estudios. De esta manera, se continúa con el círculo de desigualdad, se les entrega más recursos a los que más tienen, incluyendo el capital social y cultural de sus estudiantes que son herederos, de sectores sociales acomodados y que además se formaron en colegios privados. Una paradoja. Tal como plantea Matamala (2018, s/p) “no es lo mismo, alcanzar la cumbre de la montaña cuando uno se ha esforzado en el proceso de escalarla, que cuando al azar, la suerte o la casualidad lo pone en esa misma cumbre”. Desde esta analogía, se desprende el valor de las universidades que aceptan el desafío de formar un profesional desde el primer escalón o desde el pie de la montaña.

De esta manera, un número importante de universidades privadas, reciben a estudiantes de sectores sociales menos acomodados económicamente, perteneciente al primer y segundo quintil, que estudiaron en escuelas municipalizadas o subvencionadas, quienes muchas veces deben superar la barrera de una formación incompleta y de una situación económica que no les permite dedicarse exclusivamente a estudiar, pues deben trabajar, no obstante, la gratuidad. Que brutal la desventaja. Pareciera entonces que existen estudiantes de primera, segunda y tercera categoría, a quienes corresponden universidades de diversos niveles de exelencia académica, investigativa, gestión institucional, docencia de pregrado, con alta acreditación con baja acreditación, mediana, grande, entre otras. Cada una de estas categorías, tiene a la base un tipo de universidad con sus respectivos “tipos de estudiantes” ¡Impresentable!

Toda esta situación, se da en un contexto neoliberal, donde la educación se comprende como una “industria” según dichos recientes del presidente Piñera. La RAE (2005), define Industria como, “negocio o actividad economica” y como “conjunto de operaciones destinadas a la obtención, transformación y transporte de materias primas”.

Como suele ocurrir en este sistema, sus prácticas económicas y decisiones instrumentales, van dejando personas a la orilla del camino. En este caso, son los jóvenes y sus familias quienes viven una segunda victimización ya que han sido estudiantes que deben superar una brecha importante, como es nivelar contenidos incompletos y lograr equiparar sus habilidades para el logro del perfil de egreso y perfil profesional para ser competitivos “al mercado”, me gustaría decir a la sociedad, sin embargo, soy consciente que, lamentablemente, es el mercado quien regula perfiles, competencias, entre otros.

Finalmente, si no se enfrenta el problema cada año nuestros jóvenes se verán jugando a la ruleta rusa a la hora de elegir una universidad y una carrera, apostando sus sueños, sus esperanzas, su realización personal y profesional sobre la mesa de un estado negligente y una educación mercantilista.

Referencias. Dínamo (2017). Estas son las 19 universidades chilenas que han cerrado desde 1994. Recuperado de https://www.eldinamo.cl/educacion/2017/03/13/estas-son-las-19-universidades-chilenas-que-han-cerrado-desde-1994/

Matamala, D (2018). La cumbre de la montaña. Columna de opinión. Recuperado de https://www.latercera.com/opinion/noticia/la-cumbre-una-montana/482703/

RAE (2005). Industria. Recuperado de http://www.wordreference.com/definicion/industria

Dra. Sonia Brito Rodríguez
Mg. Lorena Basualto Porra
Lic. Andrea Berríos Brito

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