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El estallido social de las emociones. Democracia y Comunicación Sentimental

Conferencia de Mauro Basaure. Doctorado en Comunicación UFRO-UACh.

Mauro Basaure es Director del Doctorado de Teorías Críticas y Sociedad Actual de la Universidad Nacional Andrés Bello (UNAb) e Investigador del Centro de Estudios de Conflictos y Cohesión Social (COES) *.
Su dilatado trabajo hereda la contemporaneidad de investigación social, un compromiso con el pensamiento crítico que, desde las ciencias sociales y la afirmatividad de la teoría hegemónica (Mouffe y Laclau), se mueve en las demografías -no monolíticas del realismo-. Desde un progresismo reflexivo y observante, Basaure levanta un diagnóstico balanceado, analítico y empírico, no menos crítico de la “modernización acelerada” en Chile. Conviene subrayar su compromiso con las ciencias -producción de conceptos y hallazgos- y una forma de cultivar la sociología crítica, que ahora interroga los modos emocionales del estallido social bajo la cadena de violencia y disturbios que sacudieron a Chile durante varias semanas de octubre (2019). Todo ello, sin sacrificar la investigación -empírica, y política en esta ocasión- ante las pasiones fugaces del sentido común, ni ceder al presentismo noticioso de los relatos breves, ni menos a la metáfora rápida que circuló por los meses del derrame chileno. En ningún caso Basaure descarta reactivamente el valor cognitivo y agencial de las emociones, o bien, las limita a un mero paradigma racionalista de política. En efecto, no duda de su importancia en la política contemporánea, sino que abraza un modelo empírico -con diversas implicancias políticas- que abren otras posibilidades hermenéuticas sobre las “multitudes afectivas del 2019”. Ello oscila, cabe subrayarlo, entre lo empírico y lo político

Sin perjuicio del efecto expansivo de la violencia institucional en octubre de 2019, la "insurgencia emotiva" del estallido chileno, decía liberar la "potencia plebeya” de jubilados, sujetos del riesgo, cuerpos monetarizados, grupos medios coléricos, y desencantados de las viejas orgánicas que, en plena expansión igualitaria, se dieron cita en las calles de Santiago y otras ciudades. Tras la ráfaga de sucesos todo confluyó en un "nihilismo épico" -ritualista, lírico y fetichizante- dentro de la simbolicidad de las izquierdas y llegamos al extremo de una profanación del espacio público que encontró su corolario en "plaza dignidad". En suma, la “destitución secular” no tuvo ni el menor interés por dotar de una articulación a un "mosaico insurreccional" -post/popular- que superó las empatías brumosas de los partidos de izquierda respecto a los "usos y abusos de la violencia" . En este último sentido, la "derogación" de la revuelta -estallido para Basaure- fue un abismo molecular refractario a toda instancia de acuerdo, huraña a todo reparto de lo común. Y de esta forma, sobrevino el nihilismo que abrazó buena parte del movimiento social en total disyunción con el campo institucional. Si la sociabilidad es un lugar fundamental para la producción de orden, la conflictividad irreductible, es una indiferencia y vacuidad de las significaciones, que exacerba un "presentismo" del despojo (“epistemicidio”). Con todo y concitando a Jacques Rancière, convendría tener en cuenta que el éxtasis de octubre -deseo de libertad- no se debe agotar en lo acontecimental, pues puede caer en el precipicio del “hiper politicismo” negando la función de las policías como aquel constructivismo de un “orden complejo” e inacabado que instruye la repartición de la igualdad (“lo sensible y su reparto”). La policía como un régimen de visibilidad o la distribución desigual de los cuerpos es la articulación de elementos heterogéneos. Una brecha entre lo visible y lo pensable.

Tal subjetividad, a partir de octubre de 2019 fue capaz de agenciar una expresión de malestar que dio cuenta de una “ebullición emocional” cargada de “anhelos derogantes”, a partir de lo que podemos entender como un frenesí por lo intempestivo. So pena, de las formas de desigualdad presentes el 2019, estamos en presencia de violencias audiovisuales donde reverbera el tráfico informativo, y las marginalidades mediáticas merecen un análisis ampliado. El malestar pregnante en el régimen de la vida cotidiana, devino en la heroicidad pulsional que se desbordaba, cuando inscribía su libertad en una autonomía vacía de sentido histórico, lo que obstaculiza todo posible orden. Estas expresiones que hemos venido presenciando, que no requieren masividad, persisten en el levantamiento de conflictos radicales capaces de modificar cómo entendemos nuestra cotidianidad. Si toda universalidad está excedida de política no afirmativa, la eventual similitud igualitaria de la experiencia democrática introduce una politización que fomenta una “disimilitud radical”.

Ante la brutal represión policial, que generó muertos y heridos durante las manifestaciones, la réplica fue una reacción violenta por parte de los manifestantes, cuestión que sumó y configuró un nuevo escenario a los hechos de violencia que estuvieron en el origen de los disturbios, como la quema masiva de estaciones del tren subterráneo. Pese a las medidas del gobierno y la fuerte represión policial, las protestas continuaron durante semanas. La línea divisoria que separa formas legítimas y no legítimas de la violencia se hizo mucho más borrosa que en otras ocasiones, al punto de que incluso el saqueo y el pillaje encontraron voces de justificación que no se escuchaban (no al menos de esa forma) desde la época de la dictadura cívico militar. La intervención de Mauro Basaure, no busca explicar tales posiciones contrapuestas respecto de la violencia, ni el porqué de la justificación de la violencia, sino más bien mostrar la estructura lexical y semántica del uso de las emociones en el marco de la controversia acerca de dicha violencia. Para Basaure la conjunción de argumentación reflexiva y emociones produce un tipo de justificación o no justificación, propia a la comunicación acerca del estallido social chileno de 2019. Es más, el repertorio verbal de las emociones hace que destaquen la rabia (erotizada) y el odio (otrocidio o enemización) y hace evidente el pequeño drama subjetivo de disidencias, destituyentes seculares o improntas filo anarquistas que abrieron la trama conservador del 17 de diciembre El argumento central es que la justificación y no justificación reflexiva de la violencia en tal situación aparece asociada a contenidos emocionales que hacen emerger un nuevo tipo de justificación o no justificación de la violencia. Tal conclusión muestra que sería desventurado reducir todo a esa perspectiva, pero evidencia que emerge un nuevo tipo de justificación reflexivo-emocional que es importante para comprender a cabalidad las condiciones de polarización política que produjo el estallido social en Chile en 2019. Según Basaure, los mismos conceptos-emociones están presentes en distintos argumentos de justificación y no justificación de los hechos de violencia, lo que explica la fuerte controversia en la comunicación pública en tales circunstancias. En segundo lugar, el vocabulario de emociones supone dos círculos concéntricos. El primero refiere a las palabras-emociones presentes de manera significativa que, a modo de morales excluyentes, excluyen a otras opciones hermenéuticas. Esto sugiere que los diferentes contextos controversiales tienen una amplitud lingüística determinada y propia. Si en el ámbito académico el concepto clave para hablar explicativamente del estallido fue “malestar”, y en movilizaciones similares tuvieron fuerza simbólica nociones como “ira”, “indignación” o “cólera”, tales conceptos no fueron usados por el ciudadano común. Se abre aquí una interesante pregunta etnolingüística y comparativa sobre las diferencias léxicas según contextos de controversia y litigios de sentido. Eso nos conduce al segundo círculo, que, al interior del primero, reduce mucho más la amplitud de dicho vocabulario, destacando con claridad las palabras-emociones “rabia” y “odio”. Al nivel del lenguaje ciudadano, los fenómenos de violencia en el “estallido social” en Chile fueron tematizados recurriendo principalmente a estas palabras. En tercer lugar, la alta polarización que alcanza la controversia en el periodo del estallido social se explica por la simbiosis entre la justificación o no justificación en términos político-reflexivos y las emociones que en cada caso se asocian a esta reflexión. El clivaje “Rabia” y “odio” son los conceptos-emoción centrales en el caso chileno. Ellos se emplean en los distintos planos argumentales asociados tanto a la justificación como a la no justificación de la violencia. Por tanto, quienes no justifican los hechos de violencia, “odian” o manifiestan “rabia” hacia objetos que quienes justificaron el uso de la violencia avalan, y viceversa. Este es el núcleo duro de la controversia del estallido y, a la vez, una fuente desde la que irradia y se generaliza la polarización de argumentos y conductas. Por fin, cuarto punto, lo que está en juego en la controversia es la legitimidad de la movilización. Mientras que el odio tiene una función de deslegitimación por medio de la singularización (individualización de la responsabilidad), en el sentido de que no hay más explicación de la violencia que estados singulares, la rabia, por su parte, tiene una función de legitimación de la protesta en el sentido de que se trata de causas objetivas que afectan al colectivo: un pueblo abusado y tratado injustamente (colectivización de la responsabilidad). La controversia trata de un continuum que va desde un extremo de lo bajo, inmoral, singular o puramente subjetivo, a lo más alto de una causa social objetiva, moral, justa y general (que atañe a toda la sociedad). Finalmente, el centro gravitacional de la intervención se ubica en el vértice entre justificación de la violencia y emociones en la comunicación de redes sociales (X), excluimos conceptos-emoción no vinculados a esta temática. Esto constituye una limitación para la apreciación del rol general de las emociones y sus contextos de emergencia en el estallido social en Chile en 2019. Para analizar este rol en profundidad se requiere desanclar las emociones de razones justificatorias de todo tipo y poner el foco en la comunicación emocional por sí misma. Parte de un investigación en desarrollo es lo que Mauro Basaure expondrá el día 05 de Diciembre (10. AM) en el Hall de la biblioteca central de la Universidad de la Frontera. Ello lleva por título, “El estallido social de las emociones. Justificaciones y controversias sobre la violencia del caso chileno”. Un trabajo sobre las emociones del estallido que, desde múltiples ámbitos, busca explorar qué rol decisional juega la reflexión emocional en los contextos políticos y su densidad propositiva.

PD. Los comentarios estarán a cargo del Dr. Carlos del Valle (UFRO) y en la moderación, Yeni Adán Castaños, Mg. En Antropología Socio-Cultural (UFRO). Martes 5 de Diciembre, 10 AM. Hall de la Biblioteca Central.

Mauro Salazar J.
Doctorado en Comunicación
Universidad de la Frontera-Universidad Austral de Chile

Seguir acá: (7) El estallido social de las emociones / Mauro Basaure - YouTube

* La intervención del Dr. Basaure se enmarca dentro del proyecto de investigación, Fondecyt 1231922, donde es investigador responsable junto a Lorena Antezana y Aldo Mascareño.

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