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El extractivismo no está de cuarentena pero la lucha feminista antiextractivista tampoco. Por Francisca Fernández Droguett

En estos tiempos de pandemia hemos visto que no sólo las actividades extractivistas no están de cuarentena, sino que se han visto intensificadas. Es así que por lo menos se han triplicado la solicitud de ingreso de proyectos para evaluación ambiental, además de crearse por parte del gobierno una serie de fondos de emergencia dirigidos exclusivamente a sectores empresariales, y en especial a la minería, pero es más, constantemente se han publicado una serie de noticias que posicionan la actividad minera en Chile como la entidad que salvará de la crisis económica al país.

Desde la defensa territorial y de las aguas es que distintas voces hemos sido enfáticas en señalar que la actual pandemia se inscribe dentro de una crisis social, ecológica y sanitaria de larga data, y que hoy las políticas públicas sólo han facilitado la profundización de un modelo energético, productivo y de consumo anclado en la explotación de la Naturaleza.

El extractivismo, en tanto explotación y despojo sistemático de la naturaleza, no sólo opera desde economías de enclave, a través de la extracción de bienes comunitarios naturales de manera intensiva y direccionada hacia la generación de ganancias en los mercados globales, sino también construye una geopolítica del desecho, en que hay territorios y cuerpos descartables para el actual sistema mundo, saqueando, contaminando y privatizando nuestro entornos. La forma de controlar y explotar a la Naturaleza desde diversas actividades extractivistas se asemeja al modo en que históricamente la triada capitalismo/colonialismo/patriarcado ha despojado los cuerpos de mujeres, niñas y disidencias sexo-genéricas, configurando economías masculinizadas sobre la base de la violencia, la precariedad y el racismo estructural. La Naturaleza, así como estos cuerpos, deviene en objeto de explotación, consumo y contemplación, desde la instalación de territorios en sacrificio.

En estas economías masculinizadas, como la minería, el agronegocio y el modelo forestal, las mujeres son quienes habitamos mayores condiciones de precariedad laboral, con empleos y subempleos de baja remunerización, pero además mediante la feminización de ciertos oficios igualmente precarizados. En torno a la reproducción y los cuidados, existe una invisibilización de este ámbito, siendo fundamental entender que los cuidados no sólo se relacionan a sostener la vida humana de niñas, niños, abuelos y abuelas, sino también de las huertas, las chacras y de la Naturaleza en general. Por ello en espacios degradados y contaminados los cuidados se ven intensificados, pero además las mujeres y disidencias serán actoras claves en la construcción de resistencias y alternativas.

Quizás uno de los mayores desafíos sea pensarnos fuera del extractivismo, y en general del capitalismo, ya que nuestro imaginario se ha sostenido mediante una colonización permanente, en que se ha impuesto una modernidad del progreso. Hoy propuestas como minería sustentable, desalinización y carreteras hídricas parecieran responder a medidas de protección de los ecosistemas, siendo más bien correspondientes a instancias de un eco-capitalismo que viene a perpetuar la explotación sobre la Naturaleza, pero ahora bajo un discurso “verde”.

Nos queda el desafío en estos tiempos de pandemia, y de futuras revueltas, de proseguir en la descolonización de la Naturaleza, a través de una justicia restaurativa de los ecosistemas, y de la consolidación de economías territoriales, locales y solidarias, desde la producción de alimentos sobre la base de la agroecología, la protección de semillas nativas y de huertas urbanas, posicionando políticas de (auto)cuidados a nivel plurinacional, la compra y/o intercambio de productos desde cooperativas de abastecimiento, organizando y sosteniendo la vida mediante ollas comunes y comedores populares.

Como feministas antiextractivistas y territoriales pensamos en la necesidad urgente de una gestión comunitaria del agua por cuenca y subcuenca, rescatando las memorias, los flujos y los ciclos hidrológicos, mediante la protección de todos los cuerpos de agua, incluyéndonos nosotras. Es por ello, que toda transición socio-ecológica y post-extractivista será feminista o no será.

Francisca Fernández Droguett
Vocera Comité Socioambiental de la CF8M y del Movimiento por el Agua y los Territorios-MAT

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