En kioscos: Enero 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

El foco quemado de la nación Por Ignacio Saavedra Chamorro

El Instituto Nacional, históricamente erigido como el “foco de luz” de la nación y laboratorio predilecto de la clase media intelectual, hoy no es mas que el escenario de una crónica de una muerte anunciada. Asistimos a una necropsia institucional en tiempo real, donde el cuerpo docente y estudiantil intenta mantenerse a flote mientras el Estado y la administración local parecen haber pactado, bajo una indolencia criminal, el certificado de defunción de la educación pública de excelencia. Esta crisis, lejos de ser un fenómeno meteorológico o un accidente del destino, tiene responsables políticos con nombre y apellido: El Ministerio de Educación y la administración municipal encabezada por Mario Desbordes.

Por una parte, la responsabilidad del ministerio de Educación es ineludible y sistemática. Bajo una retórica tecnócrata de fortalecimiento institucional, el ente rector ha optado por una retirada táctica, abandonando su rol soberano para convertirse en un espectador pasivo de la ruina. El Mineduc ha permitido la precariedad material – infraestructura que se cae a pedazos, baños insalubres y laboratorios obsoletos – se convierta en el paisaje cotidiano de quienes deberían estar formándose para liderar el país. Esta Burocracia de escritorio, que parece gestionar la educación desde una planilla de burbujas Excel, ha renunciado a proteger el ultimo bastión de movilidad real que quedaba en Chile. La inacción ministerial no es falta de presupuesto; es una traición ideológica al proyecto republicano que alguna vez puso al Instituto en el Centro del desarrollo Nacional.

Por otra parte, la gestión de Mario Desbordes en la Municipalidad de Santiago ha demostrado una ceguera política alarmante. Se ha intentado reducir la complejidad histórica, social y pedagógica del Instituto Nacional a una mera cuestión de orden publico y control punitivo. La promesa de una administración eficiente se ha disuelto en una narrativa de seguridad que, si bien responde a una demanda totalmente legitima, carece de un proyecto educativo de fondo que devuelva la dignidad a las salas de clases. Desbordes parece gestionar el liceo como quien administra un conflicto de inventario o una crisis de seguridad ciudadana, ignorando que la excelencia no se recupera con presencia policial, sino con inversión estructural, visión pedagógica y un compromiso ético que trascienda al próximo ciclo electoral. La municipalidad hoy no lidera; simplemente administra la miseria y el descontento, instrumentalizando la crisis sin ofrecer una sola salida que sea el castigo o la indiferencia.

Estamos atrapados en una pinza de negligencia perfecta: Un ministerio que retira el soporte estatal y una municipalidad que asfixia la identidad del liceo bajo una gestión de parches y consignas. El resultado es un espacio donde la comunidad educativa es obligada a sobrevivir en condiciones que insultan la inteligencia de sus alumnos y la vocación de sus profesores. Si permitimos que Instituto Nacional se convierta en un museo de la decadencia y el reflejo de las inacciones políticas, hemos fracasado como sociedad. No se trata solo de un Liceo; se trata de la idea misma de que un hijo de la educación pública puede llegar a lo mas alto por su propio mérito.

Señores/as lectores, el tiempo de las mesas de trabajo y los diagnósticos estériles ha expirado. Lo que hoy se requiere es un rescate de emergencia ante el asesinato por omisión. El Estado chileno y la administración Desbordes pasaran a la historia como los sepultureros de los liceos Emblemáticos. Ya nada mas se puede hacer, solo queda esperar las acciones del nuevo Slep Santiago que entra al ojo del huracán con mas dudas que certezas ante una educación publica que apenas emite un destello de agonía por culpa de la desidia de la política chilena.

Ignacio Saavedra Chamorro
Estudiante de 15 años del Instituto Nacional de Chile

Compartir este artículo