Gonzalo Rojas Sánchez es, entre los intelectuales del conservadurismo chileno, uno de los pocos que tiene la honestidad de reconocer el problema. En la entrevista que le concedió recientemente a Democracia UDP, admite sin rodeos que la generación que acompañó a Jaime Guzmán "no supo darse cuenta de que se estaba produciendo un desbalance muy fuerte: un incentivo a la productividad en todos los órdenes de la vida, menos en el orden antropológico moral."[1] Y va más lejos: dice que Guzmán mismo lo habría visto, que su famosa advertencia sobre los bolsillos llenos y las almas vacías revela que "el hombre en algún momento dijo: ’¡Uy! Hemos creado un Frankenstein. Cuidado’.[2]
El diagnóstico no es menor. Es, de hecho, exactamente correcto.
El problema es lo que viene después.
Para sostener su crítica al economicismo —esa reducción de toda realidad humana a índices de rentabilidad— Rojas recurre a Wilhelm Röpke, el gran teórico alemán de la economía social de mercado. La referencia tiene cierto peso: Röpke efectivamente criticó el mercado como regulador total de la vida, insistió en que las interacciones humanas no pueden reducirse a lo que produce rédito en una cuenta, y construyó toda una filosofía social sobre la dignidad de las comunidades orgánicas, la pequeña propiedad y el principio de subsidiariedad. Hasta aquí, el argumento de Rojas tiene consistencia.[3]
Lo que Rojas no menciona es lo que Röpke hizo con ese mismo argumento en 1964.
Ese año, el economista de Ginebra publicó una conferencia titulada South Africa: An Attempt at a Positive Appraisal, en la que defendió el apartheid sudafricano usando exactamente el vocabulario de su humanismo económico: las comunidades naturales merecen preservarse, la uniformización global es una violencia, las diferencias culturales son irreductibles. El mismo pensador que criticaba el economicismo terminó usando los índices económicos para jerarquizar civilizaciones y validar un régimen de segregación racial sistemática. Como documentó el historiador Quinn Slobodian, Röpke encontró finalmente en las tasas de interés "el índice más confiable del nivel de civilización de un área."[4] La crítica al mercado desapareció en el momento preciso en que el mercado servía para demostrar la superioridad de la civilización blanca occidental.[5]
Gonzalo Rojas recorre el mismo camino, con diferente paisaje.
Critica el economicismo con energía genuina. Cita a Röpke, a Raymond Aron, a Václav Havel. Lamenta que la derecha haya construido un mundo de "bolsillos llenos y almas vacías". Pero cuando se trata de validar a Pinochet, el criterio moral desaparece y emerge exactamente el criterio que acaba de criticar: el crecimiento económico, la modernización del país, el haber "sacado a Chile de una postración". En sus propias palabras: "le agradezco al presidente Pinochet el haber librado a Chile del marxismo, el haber sacado al país de una postración de la que pude ser testigo a mis 20 años."[6] La postración es económica. El agradecimiento es por el desempeño productivo. La moral, que era el centro de su crítica al lavinismo y al neoliberalismo, queda en suspenso cuando el balance favorece a quien él defiende.
Y ahora ocurre algo análogo con el gobierno de Kast.
Rojas espera que sea "un gobierno de impronta conservadora" y no neoliberal, y advierte que eso "depende de cuánto asuma el relato del que hemos hablado".[7] Pero el gobierno que él apoya tiene como figura económica dominante a un ministro de Hacienda cuya orientación es inequívocamente la del economicismo que Rojas dice repudiar. El Frankenstein sigue en pie. Solo cambió el presidente que firma los decretos.
La contradicción no es accidental ni biográfica. Es estructural, y Röpke la exhibe con claridad clínica: cuando el humanismo conservador enfrenta la pregunta de quiénes son los sujetos reales de ese humanismo, tiende a responder con un círculo que excluye a los mismos que el orden económico dominante excluye. Guzmán creó el Frankenstein, dice Rojas. Pero el Frankenstein no era un error técnico corregible con más formación doctrinaria. Era la consecuencia lógica de un proyecto que nunca tuvo entre sus sujetos a quienes trabajaban en las fábricas, a los torturados en Villa Grimaldi, a los negros sudafricanos bajo el apartheid.
Rojas tiene un diagnóstico lúcido y una terapéutica que reproduce la enfermedad. Eso no lo hace deshonesto. Lo hace, en el sentido más preciso del término, un conservador: alguien que ve el problema con claridad y elige, sin embargo, conservar.
Álvaro Ramis
[1]Hopenhayn, Daniel. "Gonzalo Rojas: ’Guzmán se dio cuenta de que el economicismo había creado un Frankenstein’." Democracia UDP, junio de 2026. Disponible en: https://democracia.udp.cl/miradas/gonzalo-rojas-guzman-se-dio-cuenta-de-que-el-economicismo-habia-creado-un-frankenstein-2/ [Todas las citas directas de Rojas Guzmán provienen de esta fuente.]
[2]Ibíd. Cita textual: "No supimos darnos cuenta de que se estaba produciendo un desbalance muy fuerte: un incentivo a la productividad en todos los órdenes de la vida, menos en el orden antropológico moral."
[3]Ibíd. Cita textual: "si la mejor de nuestra gente sólo se dedica a ganar plata, no se quejen después del Chile que van a vivir sus hijos. Quizás con los bolsillos llenos, pero con las almas vacías."
[4]Slobodian, Quinn. "The World Economy and the Color Line: Wilhelm Röpke, Apartheid, and the White Atlantic." Bulletin of the German Historical Institute, Supplement 10 (2014): 61–87. [Número de página exacto de la cita sobre las tasas de interés como índice de civilización requiere verificación en el PDF completo. Disponible en: https://perspectivia.net/publikationen/bulletin-of-the-ghi-washington-supplements/2014-10/0061-0087]
[5]Ibíd., p. 61. La cita de Röpke reproducida por Slobodian: "the South African Negro is not only a man of an utterly different race but, at the same time, stems from a completely different type and level of civilization." Röpke, Wilhelm. South Africa: An Attempt at a Positive Appraisal. Johannesburgo, 1964. [Paginación del panfleto original requiere verificación. Copia digitalizada disponible en Internet Archive: https://archive.org/details/ropke-south-africa]
[6]Hopenhayn, op. cit. Citas textuales: "no voy a ser de las personas que hablen de ’dictadura’, ni que renieguen del legado del gobierno militar" y "le agradezco al presidente Pinochet el haber librado a Chile del marxismo, el haber sacado al país de una postración de la que pude ser testigo a mis 20 años."
[7]Ibíd. Cita textual: "Espero que sí. Pero eso depende de cuánto asuma el relato del que hemos hablado. De cuánto asuma su concepción propia de una antropología occidental cristiana. Si no la asume, bueno, terminará siendo un gobierno neoliberal."
