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El golpe de Estado, un acto cobarde. Por Enrique Villanueva

Otro 11 de septiembre y a diferencia de los anteriores, esta vez, la negación de la derecha en cuanto a sus responsabilidades en el golpe de estado, en el asesinato de Salvador Allende, en la represión y la desaparición de miles de chilenos y chilenas, es un asunto oficial. No hubo acto recordatorio desde el gobierno, como los realizados durante todos estos últimos años, como una muestra de respeto a los familiares de víctimas de los asesinados y desaparecidos y sobre todo para mostrar, aunque sea un compromiso formal, para que lo sucedido no se repita nunca más.

Es que nunca se ha mentido tanto como ahora, esta vez, como lo fue en su primer gobierno, para el actual presidente, recordar el 11 de septiembre no le da beneficios políticos, por el contrario, hoy la derecha tiene claro que por sobre todo, lo que le importa es defender el modelo que nos impusieron a balazos en 1973. Porque para ellos y sus aliados, el nunca mas no es valido, por el contrario, el empleo de la violencia y la prepotencia, ha sido históricamente su manera de resolver los conflictos sociales y de clase.

Habrá que recordar, que quienes están en el gobierno son herederos directos de la dictadura, entre ellos, algunos de los jóvenes que marcharon en 1977 con el Frente Juvenil de Unidad Nacional, en la cima del Cerro Chacarillas (1). Ocasión en que el dictador Augusto Pinochet pronunció el discurso en el que delineó la nueva institucionalidad que regiría el Estado terrorista en los siguientes años. Elites que son la mezcla de los primogénitos directos del tirano, grandes empresarios que financiaron y apoyaron los crímenes de la dictadura, hoy con políticos de distinta raigambre ideológica, intelectuales, militares, los que concertados mas allá de la ideología que otrora marcaba las diferencias, se unen para defender un modelo neoliberal impuesto a balazos.

Es esa derecha la que nos gobierna y son los que necesitan defender y salvaguardar el modelo de sociedad que le prometieron a los chilenos y chilenas para justificar el golpe de Estado en 1973, un modelo que esta haciendo agua y que se desmorona por todos lados, que al cabo de cuatro décadas esta enviando a la pobreza a más y más chilenos y chilenas. Un modelo de sociedad que eliminó el estado de bienestar para imponer, por la fuerza militar, una configuración hegemónica de la sociedad, mercantil e individualista, que marca las prioridades y los temas importantes para definir la convivencia ciudadana (2).

Estos son los que están empeñados en que la verdad de lo ocurrido entre los años 1970-73 no se conozca, difundiendo historias construidas para confundir, contadas una y otra vez con la intención que la verdad desaparezca. Hablan de que Allende estaba destruyendo al país, que nos estaba llevando ha transformarnos en una nueva Cuba, que durante su gobierno no había alimentos, que el país estaba en un caos al borde de la guerra civil, que el gobierno de la Unidad Popular estaba armando milicias para destruir la democracia y a las FFAA y que, Allende, poco menos que comandaba un ejército dispuesto a imponer la dictadura del proletariado.

Pero basta leer los periódicos de la época, sin entrar muy en profundo, en cientos de investigaciones hechas sobre lo sucedido, durante el periodo de tres años del gobierno de Salvador Allende, para tirar a la basura toda esta mentira.

En primer lugar, Salvador Allende por sus ideas, por el programa de gobierno que le planteó al país, llegó a la primera magistratura coartado, sentenciado y amenazado, porque el plantearse una propuesta socialista, por la vía democrática, este se transformó en un peligro, no solo para la derecha chilena o, para los centros de poder económico en Chile, sino que también, para el gobierno de Estados Unidos de la época. Como se comprueba por varios documentos desclasificados por la CIA, Allende fue declarado enemigo y amenazado por el gobierno de EEUU, porque si la revolución socialista triunfaba en Chile, esta se iba a extender en América Latina.

En segundo lugar, Allende asumió la presidencia de la República condicionado, por la Democracia Cristiana con Frei y Aylwin a la cabeza, a firmar un “pacto de garantías” a cambio de entregarle los votos que este necesitaba en el congreso (3) , para ser nominado presidente, y luego estos mismos dirigentes de la Democracia Cristiana, en 1973, firmaron un pacto con la derecha (Partido nacional) para derrocarlo (4) .

Hablan de que la izquierda estaba armando milicias populares, un ejercito paralelo para enfrentar a las Fuerzas Armadas e instaurar la dictadura del proletariado, Ojalá que eso hubiera sido verdad, que el pueblo hubiera tenido la oportunidad de defenderse, de la guerra unilateral declarada para reprimirlo y asesinarlo. Pero la realidad fue otra, el gobierno de la Unidad Popular a medida que la conspiración político militar avanzaba, continuó manteniendo su compromiso de avanzar hacia un socialismo por la vía pacifica, sin violencia, como algunos dirigentes de la Unidad Popular decían, ”para no asustar a las Fuerzas Armadas”.

En tercer lugar, parece olvidado, que en 1970, un comando de derecha, de Patria y libertad, asesinó al comandante en jefe del ejército, general Rene Schneider, un crimen en cuya planificación participaron generales, almirantes y otros oficiales del ejercito con el propósito, declarado por los inculpados, de impedir que Allende asumiera la presidencia de la República. Un crimen alevoso, que dejó al descubierto lo que hoy niegan, la alianza entre la derecha, la DC, un sector del empresariado más poderoso del país, con oficiales de las FFAA y el gobierno de EEUU.

Una alianza política y militar, que durante tres años no escatimo esfuerzos ni dinero para impedir primero, que Allende llegara a la presidencia de la república y luego, para desestabilizar su gobierno, derrocarlo y asesinarlo (5). Estos emplearon todos los recursos disponibles, la asfixia financiera y el chantaje económico, el sabotaje, la provocación, el terrorismo, la obstrucción institucional e internacional y el asesinato para lograr sus propósitos.

En cuarto lugar, la guerra que las Fuerzas Armadas le declararon al comunismo internacional, si es verdad, pero fue una guerra que construyeron muchos antes del 11 de septiembre de 1973, en las aulas de la Escuela de las Américas en Panamá y en las academias militares norteamericanas. Por allí pasaron los principales actores de los innumerables golpes de Estado en todo el continente, asumiendo la doctrina de la Seguridad Nacional como un eje formativo determinante. Doctrina que se transformo en el tiempo, en la justificación de la toma violenta del poder por parte de las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos, siempre que fuera en pro de mantener el orden interno y de combatir cualquier tipo de insurgencia o de simpatías con la ideología comunista.

Por lo tanto, la guerra que las Fuerzas Armadas le declararon a Chile en 1973 bajo la inspiración doctrinaria de la Seguridad Nacional, fue para detener la consolidación del gobierno democrático y Socialista de Salvador Allende, cuya política redistributiva no convenía a los intereses de la burguesía nacional y del imperialismo estadpunidense. En el primer comunicado o bando militar del 11 de septiembre, éstos dejaron en claro sus objetivos, al establecer que "las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros, reiteran al pueblo de Chile su decisión de luchar hasta las últimas consecuencias para derrocar al Gobierno marxista".

Así los mandos superiores y subalternos de Fuerzas Armadas, armaron una guerra en la cual no hubo un enemigo armado, como oponente, sino que, un enemigo ideológico al que había que neutralizar y eliminar, justificando en el supuesto de una falsa guerra en contra del comunismo, la persecución política generalizada, reprimiendo de la manera salvaje y cobarde que lo hicieron, justificando los crueles asesinatos en contra de gente desarmada, cometidos en centros de tortura y lugares que fueron preparados para la detención de los simpatizantes del gobierno de Allende. El objetivo militar de los mandos militares (y civiles), por lo tanto, fue el aniquilamiento de la dirigencia de los partidos de la Unidad Popular, (particularmente del Partido Comunista y del Partido Socialista ) y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, la destrucción de buena parte de sus organizaciones, la supresión de sus derechos, económicos, sindicales y políticos.

Quienes nos opusimos al golpe de Estado, militares que no traicionamos a nuestro pueblo, siempre supimos que la doctrina militar, aceptada como válida por el gobierno de la Unidad Popular, era una doctrina totalmente opuesta a su programa de gobierno. Este declaraba querer transformar Chile en un país socialista, lo que era un planteamiento de carácter estratégico que implicaba diseñar una política militar, que, de manera alternativa a la doctrina de la seguridad nacional, entregara un rol a las FFAA en las profundas transformaciones que Allende le había prometido al país.

Esa tremenda carencia fue la que permitió, entre otros, que unos mandos militares corruptos, ambiciosos, coludidos con políticos y empresarios nacionales y extranjeros, se apoderaran del control de las FFAA y a través de los conductos de mando verticales, férreamente controlados por oficiales subalternos y suboficiales, previamente designados para ello, iniciaran su guerra de exterminio, creando la imagen ficticia de un ejército armado que derrotar.

Quienes nos negamos a seguir estas órdenes, no aceptamos el argumento de la guerra en contra del comunismo, usado como contexto moral para justificar la represión, la tortura y el asesinato, presentándole a los soldados una situación de enfrentamiento inexistente, en la “que matar no sólo se permite, sino que se exige”.

No lo aceptamos porque durante los tres años que duró el gobierno del presidente Salvador Allende, fuimos testigos no solo de la conspiración en su contra, la que intentamos sin éxito denunciar, sino que también, de cómo se traspasaba al interior de las Fuerzas Armadas el odio de clases. Odio que públicamente manifestaba quien ordenó el cobarde bombardeo a la Moneda, el General Gustavo Leigh, “llamando a extirpar el cáncer marxista” personificado en el presidente de la República. Leigh ordenó una operación aérea, previamente planificada, para asesinar a Salvador Allende y a quienes se encontraban defendiendo el Palacio de gobierno en total desventaja numérica y logística, en condiciones desiguales, protegiendo la democracia que estaba siendo destruida a balazos.

En esto terminó la historia del 11 de septiembre, escrita con hipocresía por políticos de derecha y dirigentes de la DC, quienes como Frei y Aylwin lo reconocieron públicamente, que “preferían una dictadura parda que una dictadura de comunista”. O, que “la acción de la FFAA simplemente se anticipó a ese riesgo (autogolpe) para salvar al país de caer en una guerra civil o una tiranía comunista”.

Para las nuevas generaciones de jóvenes, estos relatos de la historia vivida son necesarios, aunque la historia oficial intente borrarlos para imponer sus mentiras convenientes. El 11 de septiembre cambió la vida de los chilenos y chilenas, también la de nosotros, un grupo de suboficiales y oficiales de la Fuerza Aérea, de la marina, del ejército, quienes empeñamos nuestra palabra en defender a un gobierno elegido por su pueblo.

Cumplimos, pero aun nos queda un recuerdo amargo, por lo que no se hizo o lo que de debió hacer por cambiar la historia de nuestro país. En este empeño hay cientos de militares patriotas, hoy olvidados, quienes se negaron a cumplir ordenes que orientaban reprimir y asesinar a nuestro pueblo, una decisión que les costo la vida y a otros, las crueles torturas y el exilio.

“En la mañana del 11 de septiembre de 1973, en la Escuela de Aviación, algunos de nosotros logramos conectarnos con la frecuencia de los aviones que se disponían a bombardear la Moneda. Cuanta frustración e impotencia, la horda fascista militar estaba desatada y cumpliendo sus planes, los que tantas veces intentamos denunciar. Por orden de Gustavo Leigh, iban directo a matar al presidente de la República.

En ese momento irrumpió la voz de Allende, sereno, con una claridad impresionante, se dirigía a su pueblo, valiente, con cariño y respeto, para decirnos lo que estaba pasando y lo que vendría. Nuestros corazones se arrugaban de dolor e indignación, junto a lagrimas que irrumpían en la tristeza de ese momento duro y difícil de aceptar...”

“Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

NOTAS:

[1] El evento, que se inició alrededor de las19:00, consistió en una liturgia denominada "cívico-patriota" y el desfile de 77 jóvenes entre antorchas hacia la cumbre del cerro. Posteriormente dichos jóvenes recibirían una condecoración de parte de la dictadura militar.

[2] Entre otros, nos impusieron un sistema de pensiones que nunca fue de pensiones, sino que, un invento eficiente para garantizar liquidez permanente al sistema financiero y para las grandes corporaciones nacionales y extranjeras que administran nuestros ahorros,lucrando a su antojo. Nos impusieron una constitución que protege todo el andamiaje productor de desigualdades y abusos.

[3] Allende había obtenido el 36,2% de la votación popular por lo que recaía en el Congreso la elección de la Presidencia de laRepública, pudiendo elegir entre cualquiera de las dos primeras mayorías

[4] Un pacto a través del cual se estableció de manera explícita, que las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros deben“encaminarse a restablecer las condiciones de pleno imperio de la Constitución y las leyes y la convivencia democrática, indispensables para garantizar aChile su estabilidad institucionalidad, paz civil y, seguridad y desarrollo”.

[5] Participaron en este asesinato: general CamiloValenzuela general Roberto Viaux (general Alfredo Canales. Almirante HugoTirado, Comandante en Jefe de la Armada general Joaquín García, segunda antigüedad en la Fuerza Aérea; Vicente Huerta director general de Carabineros.Civiles: Juan Luis Bulnes Cerda, Diego Izquierdo Menéndez, Jaime Melgoza Garay.

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