El reciente fallecimiento de Iván Núñez Prieto, Premio Nacional de Educación 2015, nos invita a reflexionar sobre la trascendencia de su obra. Su legado, anclado en un robusto enfoque historiográfico, nos proporciona una lección fundamental: la inequidad en la educación chilena no es un fenómeno reciente, sino una herencia arraigada en la historia de la República. Núñez, en lugar de limitarse a datos y cifras contemporáneas, nos guió en un viaje al pasado para desentrañar las raíces de esta problemática. Este enfoque no es solo riguroso, sino también profundamente necesario para comprender la complejidad del presente.
El debate público sobre educación suele estar atrapado en la inmediatez: reformas de turno, resultados de pruebas estandarizadas o las protestas estudiantiles. Si bien estos elementos tienen su importancia, a menudo ignoran el contexto histórico. Iván Núñez nos demostró que el sistema educativo fue concebido como un modelo "genéticamente segmentado y discriminatorio". Destacó un punto crucial: la promesa de educación universal que se hizo en los albores de la República era, en realidad, un ideal restringido a las élites. Esta "promesa" fundacional no creó un crisol social, sino que sentó las bases de un sistema dual que, desde sus inicios, reflejó y perpetuó las profundas divisiones de clase de Chile.
La mayor contribución de su investigación fue su capacidad para desmitificar la narrativa de la "expansión" educativa. Núñez valoró los esfuerzos cuantitativos por incluir a más personas, pero también nos advirtió que esta expansión fue "larga, lenta y desigual". Más importante aún, nos mostró cómo esta aparente inclusión encubrió mecanismos persistentes de segregación. La creación de "preparatorias de liceos" para los hijos de familias acomodadas es un ejemplo claro de cómo el sistema reprodujo las desigualdades, al evitar la convivencia entre clases sociales y perpetuar la brecha.
En definitiva, Iván Núñez nos recordó que la equidad no es un concepto nuevo, sino un desafío histórico. Su análisis de cómo las distintas épocas —desde los inicios de la República hasta la dictadura— abordaron (o eludieron) este problema, aporta una profundidad que a pocos análisis contemporáneos les alcanza. Su obra es una invitación a la reflexión y a la humildad: no podemos pretender solucionar un problema de siglos con soluciones superficiales. El trabajo de Núñez es indispensable para comprender por qué la lucha por una educación justa en Chile es mucho más que una simple disputa política; es una "deuda histórica" que sigue pendiente.
