El lugar de las cosas de Alicia Salinas Álvarez, Editorial Bogavantes, Valparaíso, 2025. 88 páginas.
La poesía tiene esa búsqueda que no solo pasa por lugares físicos o mentales, ya desde la filosofía occidental “el lugar” ha evolucionado desde una concepción física y estática (donde el espacio define la identidad, el orden y el ser) hacia una perspectiva fluida. Hoy se entiende como un constructo dinámico moldeado por la historia, las relaciones humanas y la percepción. La evolución de este concepto se puede rastrear a través de cuatro grandes etapas filosóficas y sociológicas: Antigüedad clásica (El lugar como contenedor) para Aristóteles, el lugar (topos) era el límite o continente inmóvil que rodea a un cuerpo. El espacio dictaba el orden natural del cosmos. Modernidad (El lugar como coordenada) con el surgimiento de la ciencia mecanicista (Descartes, Newton) el lugar se convirtió en un punto geométrico medible y abstracto, desprovisto de significado espiritual.
Luego vendría la Fenomenología (El lugar habitado) filósofos como Martin Heidegger y Maurice Merleau-Ponty reintrodujeron la noción de habitar. El lugar dejó de ser un simple punto en un mapa para convertirse en el espacio cargado de vivencias, recuerdos y emociones que nos da identidad. En la Posmodernidad (El lugar, en y la globalización) sociólogos como Marc Augé introdujeron el concepto de no-lugar para definir espacios de tránsito (aeropuertos, autopistas, grandes almacenes) donde las personas son anónimas y no construyen una identidad duradera. A su vez, la idea de "Occidente" como entidad geográfica ha mutado hacia un concepto sociopolítico y temporal, vinculado a nociones de modernidad y progreso, lo que inevitablemente transforma las dinámicas sobre cómo los ciudadanos occidentales se relacionan con sus territorios.
Por otra parte, desde la cultura de los pueblos originarios, el «lugar» no es un simple espacio geográfico. Se entiende como un territorio vivo y sagrado que integra el entorno físico, el mundo espiritual, la memoria ancestral y la identidad comunitaria. El ser humano no es dueño, sino parte interdependiente de él. Dimensiones fundamentales de la noción de lugar interconexión espiritual y material es la naturaleza, como la Madre Tierra o Pachamama, que no es un recurso explotable. Los ríos, montañas y bosques son entidades con vida propia y espíritu, merecedores de respeto y reciprocidad. Memoria y Ancestralidad: El territorio es un archivo histórico. Cada lugar contiene las huellas, las historias y enseñanzas de los antepasados, que han generado una cosmovisión y ritualidad: Los lugares geográficos son escenarios de ceremonias orientadas a mantener el equilibrio y agradecer los frutos. Los hitos naturales (cerros, lagunas) marcan la estructura del cosmos y la vida comunitaria. Y son propiedad colectiva. A diferencia de la visión occidental de propiedad privada, el territorio se posee y administra de manera comunitaria para garantizar la supervivencia y continuidad cultural y de las comunidades que comparten el territorio con la flora y fauna a la cual se le debe el respeto en la forma de relacionarse con ellos, sin destruir los hábitats que desde las distintas cosmovisiones indígenas les pertenecen.
En la cultura oriental (especialmente en las tradiciones de china y la japonesa), el lugar no es un espacio vacío o un contenedor de objetos. Es una red viva y dinámica de relaciones, profundamente unida al tiempo, la energía vital (Qi) y la armonía entre el ser humano y el entorno natural. Conceptos clave del espacio el vacío como potencial (Ku y Ma): a diferencia de la mentalidad occidental, que prioriza el objeto lleno, en Oriente el vacío (Ku) y el intervalo/pausa (Ma) son esenciales. Un lugar no se define por sus paredes, sino por el espacio interior que permite el flujo de energía y vida. La Profundidad (Oku): En la arquitectura y paisajismo, como los jardines japoneses, el lugar esconde secretos. La profundidad (Oku) invita a la exploración, sugiriendo que la verdad o la esencia de un lugar siempre se encuentra más allá de lo que se ve a simple vista. Tiempo y espacio como Unidad: en China, el cosmos se entiende mediante el par Yin (materia/espacio) y Yang (espíritu/tiempo). No existe una noción de lugar sin el tiempo (las estaciones, la luz, el movimiento) que lo habita. La Influencia en la Vida Diaria desde la Armonía Ambiental (Feng Shui): La ocupación consciente del espacio físico para canalizar el flujo de energía (Qi) es central. Los paisajes, la orientación y la arquitectura se diseñan para protegerse de las energías negativas y potenciar la salud y la prosperidad. La Sombra como Estética: en la arquitectura y el arte, la sombra no se entiende como la simple ausencia de luz, sino como un elemento dotado de densidad y profundidad. Los espacios se construyen a través de la penumbra para crear atmósferas sensoriales de gran belleza. Una de ellas es el teatro de sombras chino que dentro de las artes escénicas y de las marionetas es la más antiguas del mundo. Creado hace más de 2000 años, utiliza siluetas articuladas de cuero o papel que se proyectan y mueven detrás de una pantalla iluminada, acompañadas de música y canto, contando así historias en donde la humanidad se hace presente, a través de las sombras -como en el mito de la caverna de Platón-.
En la filosofía indígena de Oceanía, el lugar no es un espacio vacío o un simple contenedor físico. Se entiende como una extensión del ser y una red viva de relaciones interconectadas. El territorio, el océano y la comunidad forman una unidad ontológica indivisible. En esta región destacan tres conceptos fundamentales. Primero: Whenua (Aotearoa / Nueva Zelanda ) Para los pueblos maoríes, whenua es un término central que significa tanto tierra como placenta. Origen y destino: simboliza que la vida humana nace de la tierra (la Madre Tierra, Papatūānuku) y vuelve a ella. Práctica: la tradición de enterrar la placenta y el cordón umbilical en la tierra ancestral sella de manera física y espiritualmente la identidad de la persona con su lugar de origen. Los individuos pertenecen a la tierra, no al revés. Segundo: Country (Australia) En la filosofía de los pueblos aborígenes australianos, Country (el País) es mucho más que geografía; es una entidad viva que contiene leyes, costumbres, física y espiritualmente el sueño (Dreaming): Es el principio creativo que conecta el pasado, el presente y el futuro, demostrando que los seres humanos y la tierra son inseparables. De modo que existe una responsabilidad recíproca: El mundo nutre al ser humano y, por tanto, el humano tiene una obligación ética de cuidar y proteger su entorno.
Para la filosofía africana, el "lugar" no es un contenedor físico o un punto geométrico en el mapa. Se entiende fundamentalmente como una red de relaciones, entre la ontología y la memoria. Los espacios cobran significado a través de las personas y su historia, descartando la idea occidental del entorno como algo inerte o independiente. El pensamiento espacial en África se articula a través de tres conceptos principales: El lugar como co-pertenencia (Ubuntu): un lugar no existe sin las personas que lo habitan y lo construyen socialmente. El popular axioma "yo soy porque nosotros somos" implica que tu entorno y tu comunidad te definen. El espacio es donde se teje la solidaridad y la reciprocidad humana. El lugar como memoria encarnada (Sankofa): en tradiciones como la del pueblo Akan (Ghana), el futuro no se construye dejando atrás el pasado. Representado por un ave que mira hacia atrás mientras avanza, este principio dicta que la geografía y el territorio están llenos de historia viva. El lugar es un archivo donde la memoria de los ancestros se preserva y orienta el presente. La conexión entre lo sagrado y la tierra: En muchas cosmovisiones tradicionales, los accidentes geográficos (ríos, montañas, bosques) poseen una dimensión vital y sagrada. Son espacios donde convergen el mundo visible de los vivos y el mundo invisible de lo espiritual y los antepasados.
De modo que ya tenemos un amplio panorama para entender la noción de lugar, en relación con las cosas, en la filosofía africana no concibe las cosas como objetos inertes y aislados. Se fundamenta en una ontología dinámica donde todo forma parte de una red de relaciones. Las "cosas" existen gracias a una fuerza vital que conecta a los humanos, la naturaleza y lo divino, integrando conocimiento y vida cotidiana. En la filosofía indígena de Oceanía (Māori, aborígenes y naciones del Pacífico), las "cosas" no son objetos inertes. Se entienden como entidades vivas conectadas por el parentesco y la reciprocidad. El entorno (océano, tierra, árboles) y los objetos materiales poseen agencia, y el universo es un proceso relacional continuo en lugar de un conjunto de recursos a explotar. La noción filosófica de las "cosas" en los pueblos originarios parte de una visión donde el universo es vivo y relacional. A diferencia de la tradición occidental, que suele clasificar los objetos como recursos inertes, la filosofía indígena sostiene que todo en la naturaleza posee una fuerza vital, propósito y agencia propia. En la tradición occidental, la noción de cosa (del latín res o causa) es uno de los temas centrales de la ontología (la rama que estudia el ser). Su definición ha evolucionado desde entenderla como una entidad sustancial hasta considerarla una construcción de la mente, un objeto de uso o una realidad incognoscible.
De allí que el texto de Alicia Salinas sea un caleidoscopio de acercamientos a lugares y cosas. Desde el inicio, va más allá de la cultura occidental, integrando la mirada de los pueblos originarios, por ello la trenza o el trenzado de emociones que se ven luminosas a pesar de las ortigas y rasgados en la piel de los instantes. Sus poemas ahuyentan los malos presagios, aunque a ratos los describen como una arena oscura sobre sacos en el pecho. Y todo es telúrico y danza entre las nubes como una madre luna que entibia su voz para acercarnos un consejo, o nos enseña la plegaria de los misterios, como los recuerdos en la edad en que muere el padre o florece el ulmo y se bate la espuma de los años, con las manos que eligen escribir poesía. Para crear un libro en siete partes. Que a ratos suena un ruego a nostalgia, como sombras de muerte “El uno es Federico, / al que fusilaron antes del amanecer” (pp. 33) “a Víctor le dispararon no se sabe la hora” (pp. 33) y entonces las cosas oscuras tienen su sitio en la memoria de amores clandestinos con saludos: “a los abedules los conocí cuando habité la estepa rusa” (pp. 41) y la belleza era más que un paisaje o la palabra que se acerca al horror en Palestina. Pero también hay susurros bajo las sábanas, que cubren a difuntos o respiran de amor intenso, y hay bullicio, entre silbidos que no usan palabras porque son demasiado jóvenes los que cargan los misiles, y la palabra estalla una y otra vez, para recordarnos que en lugar de las cosas “Izamos la bandera mapuche” (pp.65) y el hablante imagina mientras suena una canción de Lennon y hay destellos de poemas abandonados que se habitan solos como si todo no fuera más que un último poema.
Ahora que les escribiré cada quince días, se ve que casi se agotan los misiles y el estrecho de Ormuz volverá a la calma, mientras se discute en Chile la mega ley tributaria con que se pagaran los favores a la oligarquía, no sabemos si la retribución será con maletines bajo la mesa, la poesía es clave, al momento de los recortes recordemos las metáforas presidenciales, y los niños y niñas haitianos que son la cruzada migratoria, entre tanta cosa dicha, ya decía Huidobro “El adjetivo cuando no hiere mata” y mientras se juegan la vida por matar durante cinco años al ex ministro Grau, se asoma lo mismo para Jorge Quiroz Castro quien en su propia soberbia, ya le llegará el momento en que le pongan en su lugar las cosas.
Hans Schuster, escritor
