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El mal absoluto. Por Tomás Moulian

El pasado 30 de marzo del 2020 se cumplieron treinta y cinco años del brutal degollamiento de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino.

Este fue realizado por un equipo de la Dicomcar, una institución de Carabineros, dirigida por un alto oficial.

En la fecha señalada Estela Ortiz escribió un artículo en el diario electrónico El Mostrador titulado «35 años».

Ella fue la esposa de José Manuel Parada y también hija de Fernando Ortiz, miembro de la directiva del Partido Comunista hasta fines de 1976, cuando fue detenido, desapareciendo seguramente en el fondo del mar.

Pese a esas circunstancias Estela Ortiz dice en su artículo que no hay que dejarse «guiar por el odio».

En el brutal degollamiento participó Miguel Estay Reyno, quien había sido militante comunista, encargado de funciones de inteligencia.

Este fue alguien que no resistió ni la tortura ni la prisión y se transformó en agente de la dictadura. No es el único, pero sí uno de los más importantes, en especial porque fue uno de los que condujo a la muerte a Parada, Guerrero y Nattino. Además participó en acciones del Comando Conjunto.

Al ser entrevistado en el penal de Punta Peuco en el 2013 por la periodista Nancy Guzmán afirmó que, visto desde la distancia, todo lo realizado carecía de sentido.

Pero en el momento en que fue realizado este alevoso crimen (y muchos otros) eran necesarios para la dictadura cívico militar. Esta consideraba indispensable exterminar a la izquierda para poder imponer su contra revolución capitalista.

Y el Partido Comunista era una pieza clave en esa operación, también la Vicaria de la Solidaridad, en la cual participaba José Manuel Parada, así como los otros partidos de la izquierda.

Cuando se supo del degollamiento de éste y de sus compañeros se lo comunicaron a su padre Roberto Parada, quien participaba en ese momento de la obra de teatro "Primavera con una esquina rota” de Mario Benedetti en el Ictus. Este a su vez le contó el hecho al público y siguió actuando, realizando un gesto que habla por sí mismo, un acto de dignidad y de valentía.

Se asemeja al gesto de Estela Ortiz, treinta y cinco años después. Esta no solamente rechaza el odio, además reivindica esas muertes como «plagadas de futuro».

Y, en efecto, lo están. Ese (y otros recuerdos semejantes), la memoria siempre viva de la represión, es una poderosa vacuna contra la repetición. Esa no es, por supuesto, una receta infalible. Pero sí ha convertido en el deseo de muchos.

Villa Grimaldi, José Domingo Cañas, Londres 38, la casa de Macul, el edificio de Dieciocho, donde funcionaba la Dicomcar, son el equivalente de los campos de concentración del nazismo y del estalinismo.

Ellos constituyen el mal absoluto. Por fortuna la izquierda chilena no caminó en esa dirección. Por ello hay que celebrar el hermoso texto de Estela Ortiz.

Ver texto de Estela Ortiz:

https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/03/30/35-anos-ya/

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