En kioscos: Septiembre 2021
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

El mal político de la herencia del pinochetismo y la transformación popular. Por Alex Ibarra Peña

"El Espíritu me dijo:
«Hijo de hombre, éstos son los hombres que piensan hacer maldades
y dan consejos perversos en esta ciudad. Le dicen al pueblo: _»¿Acaso no es un buen momento para construir casas?
Esta ciudad es como una olla de hierro.
Aquí adentro estamos a salvo, como la carne en la olla.
Por lo tanto, hijo de hombre, profetiza contra ellos
en forma clara y a viva voz" (Ez, 11.2-4. NTV)

El filósofo Francis Bacon hace una interesante clasificación y crítica a los ídolos, esto en el caso de que se constituyen en una nefasta idolatría. Un sentido claro de la palabra idolatría tiene que ver con una especie de fundamentalismo peligroso que desvía de algo más auténtico y genuino. Muchas veces es el pueblo desinformado el que instala este peligro o mal, pero es más terrible cuando una clase dirigente la usa en servicio propio para oprimir al pueblo.

La dictadura de Pinochet y de varios civiles cómplices, algunos bastante activos en la política chilena resultaron ser muy negativos para nuestra historia dado el genocidio, la violación a los derechos humanos, la instalación de un sistema económico injusto y ese saqueo que realizaron apropiándose de los bienes materiales de la nación. Así se fueron convirtiendo en esa casta político-económica que fue decidiendo nuestro destino institucional que favorecía sus intereses desmesurados por los privilegios.

Ya han pasado varios años y nos piden olvidar los males de ese periodo, en una retórica engañosa que sólo pretende extender esa violencia que abusa de toda una ciudadanía engañada por esa escena de la democracia. La prensa convencional, vendida, siempre dispuesta a falsear la historia y esconder la realidad no ha podido ignorar los robos que hizo el dictador Pinochet negados por la cúpula de los partidos políticos de la derecha.

Una de las virtudes de la historia es que se alimenta de lo que está aconteciendo, pero también de lo que aconteció. Las verdades, en buen sentido religioso, siempre se revelan a los pueblos, sobre todo cuando lo divino no sólo aparece como natural sino que también como histórico.

Volviendo a nuestra historia. La derecha que se quedó en el poder administrando la política continuó la heredada costumbre de seguir saqueando y por años logró consensuar un acuerdo con la nueva clase política dirigente que no manifestó ningún tipo de rechazo al enriquecimiento ilícito que permitía el sistema. Ya sabemos la historia de los sobresueldos, de las coimas inmobiliarias, del blindaje a las AFP, del lucro en educación y salud, de las fraudulentas licitaciones, de los cobros de altos intereses, de la evasión de impuesto. Un sistema cerrado a la generación de riquezas para unos pocos y al empobrecimiento de muchos, sin duda un claro sistema de explotación. Esta semana hemos acudido a una serie de noticias de los negocios truchos en las comunas más ricas de Santiago, en la que se ven involucrados protagonistas de la política. Es tan descarada esta clase política que descansa en esa seguridad de que la justicia «libera a los culpables» como decía el viejo sabio ateniense.

El descaro no sólo les permite quedarse tranquilos y seguir activos en la política, algunos siendo delegados presidenciales, otros tratando de competir a la presidencia victimizándose. Otros tantos, como la Cubillos, vociferando el escándalo del convencional que les mintió a todos respecto a su enfermedad estigmatizada socialmente.

Desconfío de muchos de los convencionales, sobre todo de esos que han sido cómplice del engaño político de estos años, hay varios unos vociferando, pero otros haciendo el trabajo silencioso y siniestro, todos estos son de temer. También, me asustan los que podrían caer en tentación y traicionar, así como varios lo han hecho. Desconfío de las listas parlamentarias que se llenaron de los mismos políticos que queríamos que se fueran. Me apena no ver una candidatura presidencial que sea parte del movimiento social con las capacidades de realizar otra forma de gobernar. Esto último no es tan imposible, en varios países cercanos hemos visto líderes que demostraron formas de gobierno diferentes y que han tenido la valentía de enfrentar a todo el poder de la oligarquía tramposa y mentirosa.

El modo nefasto de hacer política es quizá la peor herencia del pinochetismo, ese violento autoritarismo y ese interés por concentrar el capital a como dé lugar, lejos de toda ética. Tenemos un gran problema de representación política, seguimos en un momento de crisis. No podemos seguir haciéndonos los lesos frente a esta necesidad de transformación política que debe estar orientado por otro modo de ser. Nuestra condición material requiere de una profunda transformación de nuestro espíritu. Sabemos vivir de manera diferente, alejándonos de los males que empobrecen el espíritu a riesgo de sacrificar la riqueza material. Sin embargo, no nos gusta la injusticia, incluso debería indignarnos. Nos falta entender que gran parte de nuestros anhelos y deseos podrían alcanzar satisfacción en esa conciencia que visualiza nuevas formas de vivir lo político, pero que fracasa al no conquistar un espacio de oposición real al poder de la oligarquía.

La demanda por la plurinacionalidad nos coloca frente al desafío de entender otras visiones de relación con la naturaleza y los seres que la habitan, entre ellas los humanos. Las cosmovisiones andinas y mapuche no pueden ser un simple adorno, su protagonismo político debe permear un diálogo interlógico como afirma la filósofa argentina Dina Picotti. En México, Ecuador y Bolivia, el pensamiento indianista ha logrado fisurar el occidentalismo y también el neoliberalismo. Las intervenciones liberal, capitalista, neoliberal, buscaron siempre eliminar otros modos de existencia más nuestros. El mito andino del Pachacuti dice que los hombres de piedra despertarán. Ese despertar es una transformación político-espiritual provenientes de otras herencias que lucharon por mejores formas de vida, como lo fue el significativo Taki Ongoy, movimiento de transformación social al cual le ha cantado el compositor argentino Víctor Heredia, no sólo lamentamos el «qué hubiéramos sido si nos hubieran dejado ser», podemos ir más allá y constituir lo que queremos ser si es que en otra vuelta de la historia derrotamos efectivamente al poder al cual ya nos hemos enfrentado. Como sostenía el amauta boliviano Fausto Reinaga «somos tierra que piensa» y por eso estamos interpelados a la acción.

Alex Ibarra Peña.
Dr en Estudios Americanos.

Compartir este artículo