En kioscos: Abril 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

El mensajero poeta. Por Ricardo Espinoza Lolas

A mi querida Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

“… la poesía es lenta porque se centra en las preguntas, en particular en aquellas que no tienen una respuesta inmediata… la poesía desmantela la corteza que recubre la realidad y así nos expone a una comprensión más profunda de la vida y su misterio”.
Tolentino de Mendonça…

Este miércoles 25 de marzo de 2026 se realizó la ceremonia de inauguración del Año Académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, una ceremonia que es típica en las universidades, pero ahora tuvo un sabor y gusto diferente para mí y para muchos que asistimos. En esta ocasión pasó algo realmente bello y único, pude ver ni más ni menos lo que es un mensajero que llega desde el Vaticano con una buena nueva que me provocó gran emoción y asombro, y lo que se traía era un mensaje en la forma y en el contenido de lo poético mismo que nos constituye como humanos; y desde allí toda institución queda recubierta por este mismo carácter. Asistir a esta ceremonia era estar ante, ni más ni menos, que un mensajero poeta de tomo y lomo.

¿Quién era él? Era el Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, Cardenal José Tolentino de Mendonça. Un humano realmente increíble y excepcional, porque más allá de que realizara la Conferencia Magistral de este año y que recibiera por parte la universidad el grado de Doctorado Scientiae et Honoris Causa, su modo de ser, de hablar, de caminar, de contactarse con la gente, de tomarse fotos con algunas personas, de simplemente mirar, guardar silencio, sonreír nos indicaba que estábamos ante un enviado muy especial, tan especial que las musas de la universidad que va a cumplir un siglo y del viejo Valparaíso estaban dichosas recibiéndolo, porque estábamos ante un poeta: ni más ni menos que un poeta. Un poeta habitaba entre NosOtros. Y eso es algo que no ocurre siempre, menos en el ámbito universitario.

La universidad tuvo el gran gesto de honrar a tan bella persona, se lo agradecemos a su rector Nelson Vásquez, que supo, una vez más, con un matiz de lo sutil, poder ver a este poeta cardenal y acercarlo a toda la comunidad universitaria y porteña; y, a la vez, el mensajero poeta tuvo el gran gesto de iluminar jovialmente a toda la universidad, más allá de tensiones propias de un año complejo para Chile que se reinicia a andar con un nuevo gobierno y esto siempre genera todo tipo de incertidumbres en un planeta tocado por el odio al otro en todas sus manifestaciones. El Cardenal iluminaba y daba fuerza y sentido a toda la universidad, desde sus variados rincones más propios, por ejemplo, su Capilla, su Salón de Honor, sus pasillos, etc., lugares que se acercan ya al siglo de vida, a la gente joven que lo miraba con alegría, entusiasmo y que se daba cuenta de lo que transmitía este singular humano, esto es, un cierto carácter poético que nos exhortaba a construir comunidad, un NosOtros para estos tiempos y de forma incansable.

Toda la universidad como una gran barca comunitaria feliz, jovial, bailaba en torno al Cardenal y en ello no solamente un siglo de vida de esta Casa de Estudios cobraba sentido nuevamente, sino que volvía a renacer y daba otro paso seguro para seguir construyendo esa comunidad desde Valparaíso al mundo entero. La misma universidad se daba la mano con su rector y su comunidad, mediados por el Cardenal mensajero de un modo poético de ser unos con otros. Al ver a este mensajero, pude ver también a nuestros grandes poetas chilenos como Mistral, Huidobro, Neruda, Parra, Zurita y tantos más. Y gracias al Cardenal me di cuenta de que nuestros poetas fueron y son mensajeros de una buena noticia, a saber, que debemos construir en conjunto un Chile que navegue en medio de la realidad.

Estar en una universidad que en su forma de ser abre un mundo con el otro y por el otro, más allá de la estupidez a diario en la que se vive, una de resentimiento y polarización extrema que se usa para poder conseguir, a cualquier precio, algún tipo de valor que dé cierto reconocimiento narcisista.

Una universidad que en su remanso poético permite el ejercicio del conocimiento en toda su variada y rica manifestación desde la formación de humanos a la creación de formas y modos de ser de unos con otros en una comunidad sana, robusta, bella en tiempos de odio al otro era lo que nos indicaba el mensajero poeta de diversas maneras. Un mensajero que dialogaba de forma afable con el rector Vásquez y, a la vez, con cada uno de sus miembros. Y así nos comunicaba que nada está perdido, sino que siempre todo está por hacer. Su alegría y ligereza de espíritu volvían liviana la pesadez en la que a veces nos sumergimos en tiempos de agobio, exitismo, de rapidez e inmediatez. Su modo de ser lento y jovial nos dio la fuerza y confianza poética para abrir este año de diferente modo, uno siempre con el otro y en construcción constante para poder embarcarnos juntos y de esta manera enfrentar los mares de la incertidumbre y la fragmentación en la que vivimos.

“El salmo bíblico contiene esta pregunta: ‘¿Qué es el hombre?’: ‘¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo del hombre para que te preocupes de él?’” (Sal 8,4). Preguntarnos qué significa ser humanos, el proceso de autoconsciencia, el desciframiento de este peculiar enigma que somos, ‘una nada frente al infinito, un todo frente a la nada’ – como escribía Pascal – es algo que debemos a la sabiduría de la cultura y del pensamiento. Sin ellos (sin la poesía y las artes, la ciencia y el conocimiento) no tendríamos acceso a las dimensiones fundamentales del ser humano. Y esto es porque nos ponen en relación con la verdad, que siempre es más grande que nosotros… “(Tolentino de Mendonça, J., Un breve léxico, Ediciones PUCV, Valparaíso, 2026, p. 200).

Concón, 29 de marzo de 2026

Compartir este artículo