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El país que queremos construir. Por Hugo Farías Moya

ENTRE EL EGOISMO Y LA COMUNIDAD

Yo creo que por fin se está separando la paja del trigo, se está desgranando el choclo, o al final como decía un gran político: el burro siempre termina por mostrar sus orejas. Siempre los que decían que estaban junto al pueblo ahora muestran sus orejas. Todos aquellos que alguna vez se mostraron a favor del pueblo, en la hora definitiva han optado por la Constitución de Pinochet.

El discurso es el mismo y lo repite hasta el cansancio la derecha y la nueva derecha, representada ahora por los ex ministros y personeros de la Ex Concertación: Es que YO me lo gané. Es que YO me esforcé. Es que YO me lo he ganado todo. Es que a mí nadie me ha regalado nada. Y así por la eternidad de los tiempos, pero siempre con un discurso desde el egoísmo.

Casi toda la derecha de Chile se declara católica y creyente, pero nunca hacen de la palabra de Cristo un verbo. Es decir, su vida y obra está plagada de hipocresía y cinismo y nunca han hecho de su vida un ejemplo y virtud las enseñanzas del carpintero de Galilea. Su conservadurismo a ultranza, los mantiene atados en un mundo paralelo, totalmente desconectados de la realidad. Me refiero a aquellos que jamás han pisado en su vida una población obrera, que estudiaron en colegios de la elite, viven entre la elite y terminan haciendo familia con la elite.

Comienzo con esta pequeña introducción para referirme a la próxima elección que tendremos en Chile, con respecto a aprobar o rechazar la nueva constitución, que será votada en el próximo 4 de septiembre de este año.

El lunes 4 de julio se presentó a la ciudadanía el texto final de la nueva constitución política, que nos debería regir en las próximas décadas. Este texto representa los sueños, ilusiones, sufrimiento y mucha esperanza, de un pueblo llamado Chile. No fue fácil la génesis de esta carta fundamental de la República de Chile. Significó una movilización inédita en la historia de Chile cuando el 25 de octubre del año 2019 se congregaron en la llamada Plaza de la Dignidad más de un millón doscientas mil personas, según las cifras del gobierno. También significó cerca de 40 muertos, miles de jóvenes detenidos y torturados, cientos de chilenos con estallidos oculares y algunos ciegos. Violaciones sistemáticas de los derechos humanos por parte de los organismos del estado y sus agentes. Un pueblo que se alzó en rebeldía por 30 años de contubernio de la clase política post dictadura. Los jóvenes, como siempre sucede en la historia de la humanidad, entregaron su generosidad y su nobleza, en las innumerables protestas que se sucedieron en nuestro largo y angosto país, aun a costa de sus vidas.

Por supuesto que al convocar a plebiscito para redactar la nueva constitución se dio a elegir entre dos alternativas, rechazo o apruebo. Es más, si el pueblo decidía por el apruebo existían nuevamente dos alternativas, si se formaba una comisión mixta entre los nuevos constituyentes y el parlamento y otra comisión que redactara la constitución por personas comunes. Por supuesto que ganó la última opción, la gente no quería a los políticos de siempre redactando una nueva constitución. Claro que había una trampa que sortear, que era un tercio de poder de veto de la derecha. Resultado final, la derecha obtuvo un 22% y el pueblo de Chile y los movimientos sociales un 78%.

Recuerdo como si fuera hoy, el día del plebiscito. Ese día salió el pueblo en masa a votar. Lleno de ilusión y esperanza por un futuro mejor. Las encuestas, que siempre las hace la derecha, daban un contundente triunfo del rechazo. Las más optimistas le deban un 55% por el rechazo, contra un 45% del apruebo. La gente, entre la que se incluye nuestra familia, estaban muy pesimistas. Decían que era una pena tanta energía invertida, tantos muertos, tantos torturados ¿y para qué?, se preguntaban. Yo, que tengo más años sabía que íbamos a ganar, pero me llevé una muy agradable y esperanzadora sorpresa, al comprobar que el triunfo fue mucho más contundente de lo esperado.

El gobierno de Piñera apostó a la desmovilización el día de la votación. En las poblaciones periféricas y los suburbios obreros la movilización colectiva de buses se detuvo. En un día normal se ocupaba el 90% de la flota terrestre. En cambio, esa mañana los terminales de buses estaban atorados y cerca del 10% de los choferes salió a trabajar, por, según sus propias palabras, instrucciones de los empresarios dueños de buses. Aquí en cambio, al conocerse esta realidad por los medios de comunicación, como siempre salió a relucir lo mejor de nuestro pueblo, la solidaridad. Recuerdo que muchos chilenos, salieron en sus vehículos de todo tipo, autos, camionetas, motos y hasta carretelas, a transitar por los paraderos de micros y llevar a la gente a sus lugares de votación, sin cobrarles un peso. Era un acto de profunda generosidad, algo que la derecha egoísta de este país, paraíso del modelo neoliberal, no está acostumbrada a realizar. Ese día triunfó el amor, el cariño, la generosidad por sobre el egoísmo.

Entre los constituyentes elegidos estaba lo más variopinto de la sociedad chilena. Estaba ahí representado el pueblo en su totalidad, dueñas de casa, trabajadores, ferianos, pescadores artesanales, profesores, trabajadores de la salud, obreros. Es decir, lo representativo de nuestra chilenidad. No era la elite, no eran los iluminados, no era la burguesía quien iba a escribir la nueva constitución de Chile. Eran los ciudadanos de a pie, de los postergados. Esto era lo más inédito en la historia de Chile. Nunca la constitución la habían redactado los ciudadanos.

La instalación de la Asamblea Constitucional no estuvo exenta de dificultades, es más, el gobierno apostó por la improvisación y el desgaste. No había computadores, no existían comedores y peor, no existían las instalaciones mínimas para trabajar. Aun así, los constituyentes se armaron de paciencia para trabajar en condiciones adversas. Después de un intenso año de trabajo se entregó un texto para que los chilenos decidan.

Como lo dije al principio de este artículo, los burros del cual hablaba ese gran político, por fin están mostrando sus orejas y ahora están por el rechazo.

Hugo Farias Moya

Santiago, 2 de agosto de 2022

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