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El paro de camioneros: o “todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros” Por Luis Nitrihual Valdebenito

Ya he dicho que este gobierno está quebrado. No es algo que se me ocurra de manera creativa. La evidencia es demasiado clara. Sus derrotas políticas, su rotativa ministerial, la ausencia de un relato mínimo, la aparición de mil candidato/as que buscan apropiarse de los logros de una ciudadanía que destruyó la Constitución de aquellos que hoy simulan apoyar el Apruebo. En fin, se trata de un desorden tan grande que vuelve la situación misma extremadamente peligrosa pues en momentos como estos suelen surgir las aventuras políticas más funestas.

Considerando este contexto general, la presión que ejercen los camioneros, en la forma en la cual se ha manifestado, es una muestra de privilegios sólo posible en un régimen moralmente derrotado. Salvo algunas palabras de la autoridad, sacadas con tirabuzón, pareciera ser parte de una integrada agenda de la derecha que busca incrementar la presión militar y policial en el sur de Chile. Presionar a los parlamentarios para aprobar leyes que no funcionarán. Las soluciones de la derecha no sorprenden mucho. En la corta, mediana y larga historia, esta ha consistido en arremeter contra sus propios ciudadano/as para generar miedo.

Dirigentes de camioneros con clara orientación política de derecha y con vinculaciones directas con el gobierno de turno, no hacen más que desgastar la precaria credibilidad de esta administración que se derrumba. No sorprende que se les permita bloquear caminos, saltarse el toque de queda, amenazar a otros camioneros, fustigar a la autoridad, etcétera. Mientras en Temuco la policía reprime a las vendedoras mapuche, por el hecho de vender verduras en el centro d ela ciudad, en las rutas de Chile los Carabineros miran pacientes el corte de carreteras y el cántico “el que baila pasa”. Una vergüenza más para una institución vilipendiada.

Seamos claros, las soluciones militares son un continuo en Wallmapu. Esa agenda nunca ha tenido un final feliz. Nunca. Es una muestra de impotencia ante la incapacidad de la autoridad política para abrir una verdadera agenda que permitan sentar a conversar a todos los actores involucrados en el conflicto. Ejemplos hay varios, pero uno es paradigmático en el último tiempo. Se trata del llamado del Intendente de la Región de La Araucanía, Víctor Manoli, para reunirse con todos los Intendentes que lo antecedieron. ¡Qué cosa más inútil! ¿Una muestra de andar perdido? o ¿de simular hacer algo para la galería?

Cuando observo este escenario me pregunto: ¿qué puede hacer pensar que un gobierno populista de derechas, como el de Joaquín Lavín, pueda hacerlo mejor que el de Piñera? O peor aún, ¿un gobierno de extrema derecha como el de José Antonio Kast? Antes bien, todo será mucho peor pues quienes sostienen a estos candidatos se encuentran tan lejos de la realidad que están imposibilitados para gobernar. Su repertorio de respuestas ante una ciudadanía cansada de ellos mismos, y sus privilegios, es la violencia restauradora, pero esta ciudadanía plurinacional ya no tiene miedo o, al menos, la está perdiendo cada vez más rápido.

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