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El particular odio de clases de los de arriba en Chile y su desprecio visceral contra el mérito del “otro”. Por Eda Cleary

La virulencia y la brutal animosidad que se ha desatado contra la persona de Gino Lorenzini durante las últimas semanas tanto en la prensa tradicional escrita como en la TV abierta, lleva según el periodista Carlos Tromben la “marca de odio de clase” de los círculos financieros de Sanhattan. Su denuncia contra una supuesta triangulación de los dineros ahorrados forzosamente por los trabajadores chilenos entre AFP ( administradoras de Fondos de Pensiones en Chile) , fondos generales de inversiones (Pionero y Volcom) y Moneda Aset sin siquiera respetar las normativas vigentes, ha pasado prácticamente a segundo plano.

El arrojo de Lorenzini de denunciar con nombres y apellidos posibles conflictos de interés y triangulación de platas en que estarían supuestamente involucrados tanto el presidente de la república, como su hijo ( Piñera Morel) y su amigo (Felipe Larraín Aninat), este último hermano de Fernando Larraín Aninat, actual Presidente de la Asociación de AFP de Chile, ambos egresados del colegio Saint George, con la connivencia de altos funcionarios de las ex Concertación (Marcel, Cortázar y de Gregorio), ha provocado un auténtico odio corporativo en los círculos del poder financiero, donde al parecer la presencia de “extraños” como Lorenzini provocaría tal incomodidad que el gobierno y las instituciones del Estado, como la Superintendencia de AFP y el SERNAC no han dudado en salir a atacar a Lorenzini para defender a los supuestos acusados incondicionalmente. Pero: ¿quién es Gino Lorenzini aparte de las caricaturas que la prensa escrita y otros han hecho de él?

Gino Lorenzini proviene de Antofagasta y posee una maestría en finanzas de la universidad Alberto Hurtado. En Julio de 2011 fundó, durante del primer gobierno de Piñera, Felices y Forrados ( FyF), una empresa que ofrecía servicios de asesoría financiera previsional dirigidos a los contribuyentes que debían moverse en el difícil mundo de los multi-fondos previsionales creados durante el gobierno del expresidente Lagos Escobar. La empresa comenzó con 3.000 clientes y ha logrado hasta el presente captar más de 200.000 por una tarifa de 2.000 pesos mensuales.

La evidente tirria que sienten muchos contra Lorenzini llama la atención, porque él entró al mercado previsional creyendo en el sistema de las AFP y no como su enemigo. Su nicho empresarial consistía en usar las prerrogativas de la ley de multi-fondos para proteger los ahorros de sus clientes frente a los vaivenes del mercado evitando pérdidas y cambiándose a tiempo de fondos riesgosos, una cuestión muy prudente y que era absolutamente legal.

FyF creía en las AFP y de hecho convencía a sus afiliados que era posible mejorar las pensiones dentro del mismo sistema. La pregunta que surge es: ¿Por qué la acusación de Gino ha causado tanta polémica en circunstancias que el 19 de Julio de 2019, el periodista de El Mostrador Juan Pablo Salaberry ya había denunciado con lujo de detalles las relaciones irregulares entre AFP Habitat e Inversiones Moneda Aset en el contexto del caso Cascadas?

Se sabe que las referencias en privado a Gino Lorenzini en los círculos de Sanhattan son brutalmente ofensivas y despectivas más allá de cualquier argumento lógico. El editor general de Interferencia, Andrés Almeida, planteó en el programa on line Stock Disponible incluso que la animadversión de los círculos financieros de Sanhattan es de tal magnitud que el ataque en contra suyo bien puede ser visto como una verdadera “camotera” donde se busca “pegarle, golpearle y dejarlo lo más herido posible” por el sólo hecho de atreverse a desafiarlos. Cabe recordar que en el fondo de las acusaciones está el mensaje que las bajas pensiones de los jubilados estarían directamente asociadas a la corrupción en la gestión de las AFP.

El escándalo que ha gatillado Gini Lorenzini con su denuncia de triangulación en las AFP y otros fondos que manejan los poderosos de Chile, retrata de cuerpo entero la “guerra de clases” y el “odio de clases desde arriba” que viene teniendo lugar en nuestro país en forma sistemática y maliciosa. La particularidad es que ahora ha salido de las sombras para saltar con una fuerza arrolladora a la esfera pública, que es lo que los “de arriba” siempre han buscado evitar.

En la sociología alemana se ha llamado a este fenómeno “Klassenhass von oben” (odio de clases desde arriba). Pero quien ha analizado en detalle la guerra contra los “flaites” (llamados en inglés “chavs” y en alemán “prolls”) es el historiador británico Owen Jones que publicó en 2012 su libro ”Flaites y la demonización de la clase trabajadora” (Chavs. The Demonization of the working class).

Desde un punto de vista sociológico, el odio de clase o cualquier otro tipo de odio sistémico, es un factor perturbador del ordenamiento social democrático debido a su imprevisibilidad autoritaria y porque opera por sobre la ley. Dos años antes de la crisis inmobiliaria mundial de 2008, Warren Buffet, el multibillonario norteamericano, declaró en 2006 al New York Times lo siguiente : “There’s class warfare, all right, “but it’s my class, the rich class, that’s making war, and we’re winning. (“Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra, y nosotros estamos ganando").

La versión criolla de esa “guerra de clases de arriba” está representada especialmente por el inmenso poder del sector financiero de Chile, que se sirve en forma obscena de los ahorros previsionales de los trabajadores de Chile, mientras los pensionados reciben jubilaciones de hambre. Pero, lo singular de esta guerra de clases, que incluye también el odio a quienes explota, es que hasta ahora se había practicado desde un bajo perfil, sin nunca dar la cara y se había ejercido a través de la propaganda, de la burla contra los humildes, de las coimas a políticos, de la cooptación de otros poderes e instituciones del estado y de una silenciosa concentración del poder económico en manos de pocas familias tras las bambalinas del poder.

Hasta la denuncia de Lorenzini, Sebastián Piñera Morel era celebrado por el diario La Tercera como un “joven emprendedor”, se le retrataba como un “hábil negociador igual que su padre” y que tenía una serie de negocios “altamente reservados”. En suma era un genuino sucesor de su padre, es decir, de aquellos que por “derecho propio” heredan los privilegios sin tener que rendirle cuentas a nadie, ni menos competir con los “otros” para acceder a la riqueza y al poder. El mensaje era que quien tiene riqueza es porque lo merece, y quien es pobre es sencillamente porque está acostumbrado a que le den “todo gratis” (María José Hoffman) o es un “parásito” (Briones). Es decir, el “flaite” es un picante flojo, el “aspiracional” un envidioso y el “cuico” un imitador de los “auténticamente” ricos. Sólo quedarían ellos, los únicos que realmente se merecen todo lo que tienen.

La pieza fundamental de este “odio de clase de arriba”, según Owen Jones, es plantear que ya no existe la clase trabajadora, sino que sólo existiría la clase media de la “gente decente”. Y efectivamente en Chile casi el 70% de la población se siente de clase de media, donde cabe desde Piñera hasta una modesta empleada pública. Esta estrategia ha permitido estigmatizar a la gran mayoría de los trabajadores que ahora conforman el “precariado” debiendo ganarse la vida en trabajos mal pagados de cuidados a enfermos, de limpieza, en los call-centers y en los malls como vendedores o que viven entre el desempleo y los trabajos temporales.

En este ajedrez de “odio de clase de arriba”, Gino Lorenzini no calza. No es ni flaite, ni aspiracional ni cuico, es tan solo un hombre que cree en la libre competencia.

Basta revisar las redes sociales para observar que la denuncia de Gino Lorenzini ha adquirido un valor simbólico para los que no son de la élite más allá de cualquier contenido específico de sus acusaciones o de la verdad misma. La confrontación entre dos empresarios jóvenes, uno que viene desde abajo como Lorenzini y otro como el hijo de Piñera, habla por sí sola. Es de público conocimiento que Sebastián acompañó a su papá a giras comerciales a China a propósito de que es su hijo. Según Lorenzini , Sebastián , con poco más de 30 años, habría “logrado” que cinco AFPs le “confiaran” de un día para otro 337 millones de dólares a su empresa Volcom con menos de dos años de existencia y sin clasificación de riesgo para que los “invirtiera” y cobrara las así llamadas comisiones fantasmas. Volcom habría invertido con casi un 70% de pérdidas y aún así las AFP le habrían seguido prestando plata. En un reciente capítulo del programa televisivo Pauta Libre, se dijo que el paso de Sebastián en Volcom fue “solo” de dos meses. Actualmente el representante legal de Volcom es José de Gregorio, ex presidente del Banco Central nombrado por Bachelet, ex ministro de Economía nombrado por Lagos Escobar y tío de Felipe Larraín Aninat , pues está casado con su tía María Soledad Aninat. Esta trenza específica de influencia familiar-político-financiera salió al baile con la denuncia de Lorenzini y para desgracia de los supuestos implicados se viralizó e incluso se ha aprobado una comisión investigadora en el parlamento.

Independientemente del destino que tenga la acusación de Lorenzini, lo fundamental es que la imagen de los tipos neutros, serios y expertos en finanzas de Sanhattan se ha derrumbado. Lo que queda en la retina pública es una suerte de espíritu pandillero y de malas maneras de los de arriba que sólo puede comprenderse por el desprecio visceral al mérito del “otro”.

Diciembre de 2020

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