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El planeta de los simios (1963). Por Ignacio Vega

Me faltó poco para proferir un grito de sorpresa. Sí, a pesar de mi terror, a pesar de lo trágico de mi posición, pues estaba cogido entre los ojeadores y los tiradores, la estupefacción ahogó todos los demás sentimientos cuando vi a aquella criatura al acecho, esperando el paso de la caza. Porque aquel ser era un mono, un gorila de buena talla. (p. 36)

La novela El planeta de los simios (1963) de Pierre Boulle recrea -de forma magistral en mi opinión-, a las grandes realizaciones de la psicología experimental y abre un debate sobre la teoría de la evolución. Boulle problematiza a través de una ficción, el desarrollo de la especie humana y la relación entre los homínidos superiores. Una pregunta sin respuesta hasta la actualidad, es porqué de entre los homínidos, sobrevivió solamente el Homo Sapiens por sobre otras especies de hombres que existieron de forma simultánea. Estos seres caminaban en dos pies y tenían algunas facultades adaptativas en beneficio de la supervivencia, sin embargo, se extinguieron a excepción del Sapiens. Algunos ejemplos de estas variables de hombres fueron: El Homo Antecessor proveniente de Burgos (norte de España) con una capacidad craneana superior a los 1000 centímetros cúbicos, de talla entre 1,60 y 1,85 cms y peso entre los 60 y los 90 kilos. Como referencia disponemos del dato de que la capacidad craneana promedio de un Homo Sapiens adulto es de 1200 centímetros cúbicos. El Homo Heidelbergensis proveniente de África y con una capacidad craneana de 1400 centímetros cúbicos, talla entre 160 y 180 cms y peso entre 60 y 100 kilos. El Homo Sapiens Denisova ubicado en Rusia y con capacidad de adaptación a climas fríos. No se tienen mayores datos de estos homínidos. El Homo Sapiens Floresiensis ubicado en Indonesia y recién descubierto el 2003. Con una capacidad craneana de 380 centímetros cúbicos, medían un metro y pesaban entre 9 y 12 kilos.

El Homo Erectus ubicado entre Europa y Asia hasta isla de Java. Una de las teorías afirma que se trata del primer homínido que salió de África; sin embargo, especímenes hallados allí y en Europa, actualmente se asocian a otras especies. Su capacidad craneana era entre los 850 y los 1100 centímetros cúbicos. Medían entre 130 y 180 cms. y pesaban entre 40 y 80 kilos.

Volviendo a la novela, el autor se da a la tarea de invertir los roles y hacer ver al Hombre como objeto de estudio en un mundo gobernado por simios. A medida que se avanza en la lectura, se experimenta una extraña sensación de incomodidad porque el autor deja entrever una crítica al proceder científico y a su rígido dogmatismo.

Más que hablar de simios versus hombres y de describir de manera exhaustiva la estructura social de ese planeta, el autor francés establece una crítica epistemológica acerca del proceder científico, basado la mayor parte del tiempo en el sometimiento de los mamíferos inferiores que en este caso son los hombres (con minúscula). Es interesante verse reflejado en el protagonista que busca durante todo el relato justificar su existencia como ser consciente y poseedor de un espíritu. Por lo mismo, también el libro tiene implicancias filosóficas. Sabemos que una de las principales preguntas de la metafísica es acerca de la existencia o no de espíritu en el Hombre. En verdad, ¿Qué nos distingue de los llamados mamíferos superiores después de leída esta novela? ¿Qué cambia entre hablar del Hombre (con mayúscula) y los hombres (con minúscula)?

Si aplicáramos los presupuestos del profesor Humberto Maturana en el planeta Soror, diríamos que los hombres no poseen un alma o espíritu persé, sino que la dimensión experiencial provee de aquello que los filósofos y teólogos han venido en llamar Alma Humana. Está claro que los hombres y mujeres encerrados en jaulas poseen la misma constitución biológica que el protagonista. Sin embargo, sólo el periodista de nombre Ulises Mérou conserva sus capacidades psicológicas superiores en todo su potencial y provocando estupor en los monos. Quizá Ulises representa al Homo Sapiens en contraposición a los homínidos mencionados más arriba.

Ulises se salva de ser un salvaje más en ese mundo de hombres y mujeres inferiores por el componente de experiencias establecidas con los monos y en especial con la Dra. Zira y su prometido el Dr. Cornelius. Ellos no lo tratan como a un objeto de estudio en el sentido moderno del término, sino que le asignan su rol de ser consciente y dotado de intelecto. Esta relación con la pareja de científicos es lo más humano que puede darse en un mundo planificado y organizado por simios.

El profesor Antelle, a pesar de ser un sabio en la Tierra, no tuvo la misma suerte. Confinado a una jaula de zoológico y carente del dispositivo de la experiencia humana, pierde sus facultades de hombre superdotado y se mimetiza con los hombres salvajes carentes de lenguaje. Podemos afirmar que la novela resalta el valor de la experiencia en el desarrollo del intelecto y de todas las virtudes que definen lo humano.

A lo largo de sus páginas, Pierre Boulle recrea los inicios de la psicología como ciencia en los experimentos efectuados con monos y el desarrollo de los estudios comparativos, son clásicos de la ciencia del comportamiento. Los principios fisiológicos del aprendizaje se sustentan en experimentos como estos; el uso de herramientas, la discriminación y la imitación, fueron las bases de la psicología experimental. Reproduzco del libro LAS GRANDES REALIZACIONES DE LA PSICOLOGIA EXPERIMENTAL uno de estos experimentos con el objetivo de familiarizar al lector con esta época histórica: “Los experimentos de Köhler con monos superiores -que son los más conocidos de todos los que ha hecho- se realizaron durante los años de 1913 a 1917, en la pequeña isla de Tenerife, de las Islas Canarias, a corta distancia de la costa africana. En ella se estableció una colonia de chimpancés y debido al carácter aislado y tropical del país, los experimentos pudieron llevarse a cabo en condiciones muy similares a las del hábitat de los animales. En uno de los experimentos no se dio, como de costumbre, el alimento al animal, sino que se ató la comida al techo de su jaula y se arrojó al azar una caja sobre el suelo de la misma a cierta distancia del lugar en que colgaba la fruta. El simio nunca había utilizado una caja como instrumento y, por lo tanto, la desconocía totalmente.
Poniendo la caja debajo de la fruta, sin embargo, y saltando a ella habría podido alcanzar fácilmente la comida. El animal empleó muchas horas en un esfuerzo que no coronó el éxito, tratando de alcanzar la fruta saltando hacia ella, trepando por las paredes, etc. Por último, el experimentador arrastró la caja y la puso debajo de la fruta que colgaba, se subió a ella, se enderezó y tocó el plátano. Luego bajó y colocó la caja a cierta distancia. Casi de inmediato el chimpancé arrastró la caja hasta ponerla debajo de la fruta, saltó a ella y cogió la comida” (1958, 97).

Desde el punto de vista literario, Pierre Boulle demuestra su oficio para relatar una historia. Cómo a lo largo de no más de doscientas páginas, logra retratar un planeta completo dotado de leyes y contratos sociales que dividen en castas y estratos a la población. El protagonista es una proyección del autor del libro, dotado de una cultura enciclopédica en un mundo diseñado paradójicamente (para nosotros) por monos o simios. Como recursos se utilizan principalmente el suspenso y el desconcierto, lo cual hace un relato vigoroso, sin pausas. Sólo en la segunda parte el autor da una tregua al lector para explicar cómo funciona ese mundo y en la parte final da el golpe definitivo. Pierre Boulle también es autor de otra novela icónica y también llevada brillantemente al cine como es El puente sobre el río Kwai.

Agradecimiento: Agradezco al Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano de Mendoza Argentina por la información entregada para la redacción de este artículo.

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