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El plurinacionalismo como superación de la ideología del occidentalismo. Por Alex Ibarra Peña

Una de las propuestas más debatidas por los sectores conservadores que están promoviendo el rechazo lo hacen desde lugares propios de la ideología. Esto lo podemos ver en personajes, semejantes en sus discursos, como José Antonio Kast, Cristián Warcken y Axel Kaiser, que alientan la peligrosa ideología del occidentalismo, es decir son los apologetas que defienden los llamados «valores» occidentales como si estos gozarán de cierta superioridad en relación a los valores propios de otros pueblos. Recordemos que el nazismo funcionó con este tipo de creencias que pretendieron fundamentar una de las peores masacres del siglo XX.

Esta ideología del occidentalismo ha tenido varios proyectos negadores del valor de lo propio promoviendo la instalación de visiones que en principio eran ajenas: colonialismo, cristianismo, entre otras. Así se ha dado, lo que podríamos llamar una filosofía de la dominación que terminó invisibilizando formas de vida originarias que supieron persistir frente a la hegemonía cultural que sedujo a las elites criollas. Sin embargo, como ha dicho el filósofo boliviano Luis Tapia en su libro «La política Salvaje» (2011) ha coexistido en el subsuelo político-cultural un visión alternativa más propia de las cosmovisiones ancestrales, es decir una existencia de resistencia al paradogma, expresión que le copio al filósofo cubano Pablo Guadarrama, que junto a otros filósofos como el nicaragüense Alejandro Serrano Caldera, el argentino Hugo Biagini y el chileno Helio Gallardo, vienen postulando como un llamado a «pensar con cabeza propia» rebelándose a la pigmentocracia propia del clasismo y racismo.

El pluralismo nos acerca más a un reconocimiento más real de lo que somos y nos da la posibilidad para asumir una perspectiva más liberadora, a favor de un sustento más auténtico para superar la hegemonía del proyecto de la dominación. Usando la expresión de Walter Mignolo sería la posibilidad de ir cicatrizando «la herida colonial» (2005).

Tenemos una importante producción intelectual en el contexto de las filosofías de la liberación latinoamericana que fortalecen la necesidad de una mejor comprensión de nuestros pueblos asumiendo las realidades contextuales que nos dan una imagen más próxima de lo que somos más allá de la ceguera ideológica del «Occidentalismo» que defienden figuras políticas conservadoras instaladas en varias de nuestras universidades chilenas. Las retóricas a favor del conservadurismo se visten de este relato ideológico pregonado por figuras como Robert Spaemann miembro emérito de una de nuestras academias menos importantes como es la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto Chile.

El artículo 1 de la nueva Constitución es superador de esta ideología del Occidentalismo cuando señala con claridad: «Chile es un Estado social y democrático de derecho. Es plurinacional, intercultural, regional y ecológico». Este artículo es reparador de la «herida colonial» y nos permite un acto de justicia hacia nuestra propia identidad que no es homogénea sino más bien diversa. Esto mejor lo expresa el artículo 5 que en el primero de sus puntos señala: «Chile reconoce la coexistencia de diversos pueblos y naciones en el marco de la unidad del Estado». Esto asegura que es un deber del Estado proteger y garantizar la autodeterminación.

La nueva forma de vida a la que nos llama la Nueva Constitución basada en la justicia, el respeto y el ejercicio de la libertad colectiva e individual, nos coloca frente a un desafío que enriquece nuestra cultura, liberándonos de reducciones culturales impuestas por una élite que sigue sin aceptar aquello que no comprende encerrándose en el temor que provoca la ignorancia del auto engaño ilustrado.

Alex Ibarra Peña.
Dr. en Estudios Americanos.

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