La ilusión por la democracia fue fundamental para nuestra larga transición democrática, tuvo el mérito de decirle no al dictador y sus cómplices, se representó un acto de justicia para todas esas víctimas que sufrieron las crueles atrocidades de esa brutalidad que asumió como opción política y “valórica” los partidos de derecha que asumieron el engaño, la demagogia, el populismo como parte de su credo. Una estrategia política que atenta contra la democracia real con una organización que ha sabido mantener el nefasto sistema neoliberal pactado con esos otros partidos políticos que en función de ser parte del poder se acomodan a esa representación que avala la instalación del poder vacío. Esto es estructuras políticas que se representan así mismas alejándose de la vocación de representar los intereses que benefician al pueblo.
Nuestra larga transición tiene ese camino de fracaso de las ilusiones que debería realizar la democracia como proyecto de realización política popular. La consecuencia terrible es que hoy la democracia no porte un significado relevante, de ahí que la participación política sea moderada, con votos que obedecen más a pulsiones que a razones. El ejercicio de los políticos en esta escena puede ser cualquiera, de ahí que un político mediocre como Kast alcance un protagonismo inmerecido y tenga la posibilidad de ser un nuevo presidente de Chile. Esto habla muy mal de nosotros como sociedad y se ajusta a ese dicho sentencioso del oprobio que dice que “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen” cuestión que nos condena al conformismo.
Así es el juego de “la política” desde hace ya más de treinta años, Gabriel Boric tuvo la suerte de encender un poco de esperanza siendo incapaz de mantenerla provocando hoy la mantención de lo que hemos vivido como parte de la transición, lo realizado por este gobierno no adquiere relevancia para la significación histórica, sin embargo, este fracaso no puede traducirse en una razón para votar por la derecha, esto es la principal trampa que genera la manifestación del voto que deja llevar por la pulsión y no por la razón.
El daño a la democracia se ha ido acrecentando con una corrupción que hoy vemos cada vez menos pudorosa, la crisis de un sistema no sólo político sino que también cultural, adquiere una connotación de gravedad mayor. No tenemos hoy una causa común o un sentido común que permitan elevar algunos ideales en función de la nación que queremos ser. No nos sentimos convocados a formar parte de los intereses de los políticos de profesión, nos conformamos con que sus gestiones no parezcan tan malas. Este es el triunfo político de la derecha y es más profundo que una simple derrota electoral.
Seguirán siendo duros los años que vienen, el atentado a la democracia ha sido constante y no tiene hoy una vía de redención. Así de mal estamos, en esta condena, que nos hemos ganado otorgando el poder a quienes han sido protagonistas en su vaciamiento, fruto que cosecha la derecha política pinochetista que hoy se atreve a levantar “líderes” que asumen un discurso a favor del retroceso de la democracia.
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra
