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El profesor Maturana y la máquina constituyente. Por Ángel Vargas León

Era marzo de 1969, año que comenzaba con mucha efervescencia política y esperanza de algunos que creíamos que con educación e investigación se podía cambiar la realidad. Ese día de marzo, un serio profesor Humberto Maturana entró a la sala de clases dónde lo esperábamos 20 estudiantes de 1er año de Licenciatura en Biología. La Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile estaba aún en formación. Nos extendió un parsimonioso saludo de bienvenida a su curso (el cual para mí cambió la forma de pensar y vivir), pero enseguida nos invitó a cambiarnos a otra carrera. Nos explicó que en Chile era muy difícil hacer investigación científica de verdad. Con voz pausada, con pronunciación ligeramente exagerada, nos relató todas las dificultades que el mismo experimentó siendo joven y que se reproducía generación tras generación. Luego, nos dijo, si a pesar del duro camino de la investigación básica en un sistema con preferencias en otras disciplinas, teníamos ganas de quedarnos, podríamos, tal vez, llegar a ser científicos.

La primera clase del curso fue el concepto de organismos vivientes. Y aquí empezó nuestro asombro, porque detalló conceptos nuevos, una nueva mirada que induce a la reflexión y revisión de nuestras ideas. La duda cartesiana que lleva a la demolición de antiguas y actuales creencias. El cambio de paradigma y la ruptura con esquemas tradicionales en la ciencia. Tales ideas divergentes tenían y tienen una coherencia interna. Pero requieren de la adopción de un nuevo vocabulario. Las clases de Maturana eran de difícil comprensión. Hacíamos bromas en la Facultad, como proponer un curso electivo titulado: ¿Cómo entender a Maturana? La verdad es que ahora el maestro se ha ido y nos deja su obra. Las publicaciones acerca de cómo funcionan estás máquinas que se construyen a sí mismas y se replican, pero más aún, son las proyecciones a otros campos fuera de la biología como las relaciones humanas. Maturana seguirá siendo un referente y llevado al ámbito del camino cambio social y la búsqueda de acuerdos para elaborar una nueva constitución, podrá aportar en la reflexión y meditación de aquellos que serán electos. La biología y el método científico son base para que podamos entender la brecha que existe al considerar a los seres vivos como entes moleculares, en vez de sistemas complejos. Luego, si creemos que la sociedad chilena es un “sistema viviente” podemos aplicar en ella, la renombrada autopoiesis de Varela y Maturana, para orientar el destino de nuevas generaciones de seres vivos.

Ángel Vargas León. Profesor normalista y Biólogo Universidad de Chile. MSC. Universidad de California. Davis.

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