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El próximo inicio de la redacción de la Carta Magna: a dos años de la revuelta. Por Luis Osorio

Tres son las fechas recientes sobre las cuales la historia a futuro deberá pronunciarse en su interpretación, aunque no pueden quedar exentas del ejercicio de comprensión actual.

La interpretación futura, tomará distancia de los hechos y no por ello necesariamente aumenta el grado de objetividad; por el contrario, una observación actual al provenir de actores vivenciales de la época, no le incorpora un sesgo de subjetividad.

La apreciación anterior, se debe a que estamos en una época de gran carga, con una fuerte dosis de consecuencia retroactiva, que puede ser de a lo menos las tres últimas décadas del siglo XX y mucho más, de situaciones no resueltas y que no pasan al olvido.

Entre las fechas recientes que son gravitantes, están el 18 de octubre de 2019; el 25 de octubre de 2019; y el 15 de noviembre del mismo año. Esta última que contiene bastantes reparos sobre los que es necesario ahondar.

No es entendible, entre variados sucesos acontecidos el año 2019, que sea la Constitución del 80, redactada sin premuras de tiempos, sin reglas y a libre discreción, la que fije las condiciones para una nueva Constitución, que en algún momento y en poco tiempo pasará a ser su contendora, culminando con un plebiscito que, en forma obligatoria, la ciudadanía deberá optar por uno de los textos constitucionales. El que ya se encuentra escrito y el que por coincidencia se comenzará a escribir un 18 de octubre, exactamente con dos años de diferencia

Los puntos de reparo y que van por la lógica de lo absurdo, hablan muy mal de una supuesta “democracia” y de esas “reglas del juego”, que tanto saca a relucir la derecha, pero que a su vez omiten los métodos con los cuales sucesivamente fueron instaurando esas reglas, que para ellos son totalmente válidas.

Cuando no hay explicaciones de lo eminentemente racional, el escenario que se produce, de manera inevitable, es lo irracional.

Si aceptamos que el hito real que abre paso a una democracia verdadera es la redacción de la Constitución consecuente del 18 de octubre, es el plebiscito de salida con inscripción automática y voto obligatorio, el que otorga más fortaleza a lo que será el resultado del trabajo convencional. Sin embargo, ha quedado pendiente la razón y el fundamento, de por qué, bajo el mismo proceso que se iniciaba, el plebiscito de entrada fue con voto voluntario y no obligatorio. Esta es la forma en que transcurren y se presentan las cosas en nuestro país.

Lo anterior, nos lleva al concepto de la importancia de una democracia real, sostenida en una decisión y participación de mayorías efectivas. En la línea del voto obligatorio, están las condiciones básicas para no tener gobiernos elegidos con mayorías relativas, aplicando lo mismo de manera inevitable al parlamento y otras instancias de autoridades que se someten al veredicto representado en el voto.

El 18 de octubre de 2019, hay una clara manifestación de desconfianza en la clase política, dicho así para diferenciar de la necesidad que toda sociedad debe involucrarse en el ejercicio de la política, pero en condiciones del fomento del pensamiento, ideas, y prestigio, atingente al bienestar humano. En oposición a las estructuras desiguales que se propagan.

A la fecha, no se han presentado hechos de recuperación de confianzas y quienes estaban en la maratónica jornada que marca el acuerdo de la madrugada del 15 de noviembre, eran en gran número aquellos que han convivido sin problemas con la Constitución del 80 y gobernado con ella, pues les brindaba una placentera zona de confort. Para un acuerdo representativo de mayoría, era suficiente la decisión de iniciar un proceso constituyente y la fijación de las formas de elección de los constituyentes, bajo la modalidad de voto obligatorio.

La opción de una Constitución nueva, resulta interesante, pero los cerrojos establecidos en la normativa actual, no se abren del todo. Nuevamente, se produce una situación que le quita autonomía e independencia al proceso en curso.

Se articula una intromisión en la decisión ciudadana, por cuanto es un acuerdo de naturaleza envolvente para todas y todos, en la etapa final que podría llevar a la aprobación del nuevo texto, y que debe estar inserta en un historial de hechos no limitados por nada, de carácter auténtico, confiriendo el máximo poder en la construcción colaborativa de una convivencia futura, que signifique dignidad para las mayorías, reforzado en la confianza que finalmente la unanimidad de los electores son parte de las decisiones como debería haber sido desde hace mucho tiempo.

El trabajo en lo reglamentario del poder constituyente ha sido arduo y no exento de dificultades, pero con respeto al ejercicio realizado, no se le puede interponer nuevamente esa Constitución detractora y a la cual nunca le intereso ser normativa de una democracia, su origen viene de una vertiente muy diferente. No se trata de configurar una posta constitucional mal intencionada.

El análisis de la opción de plebiscitos dirimentes, bajo las condiciones de éstos de altura considerablemente democrática, al contrario de lo que pueden expresar sectores gubernamentales que no tienen experiencia en este tipo de prácticas. Por sus lazos familiares, su genealogía los acerca a los colaboradores del gobierno militar y sus formas de imposición durante dictadura.

La nueva Constitución, debe ser un tema de Estado, pero no de ese Estado que fue golpeado, sino de uno moderno y que sea garante de la mayor participación, aunque el plazo para la redacción se pueda extender un tiempo más. Si se trata de una limitante presupuestaria, hay lugares donde se mueve mucho más dinero que el recurso otorgado a algo tan relevante para la nación como un todo.

Son muchas cosas que están presentes, la postergación extrema y los problemas sociales que nunca estarán en la mente de los millonarios del 1%, independiente de la forma en que hayan hecho sus negocios. Es claro en estos tiempos sobre qué se está hablando, lo legal podrá tomar una vía, muy diferente a lo moral y lo ético, el juzgamiento en estas dos últimas esferas es más rápido por no estar supeditado a las influencias del poder, de hecho, en estos planos ya hay un dictamen nada de favorable que se percibe en el ambiente, y que va escalando a nivel internacional.

Los temas actuales no transcurren aislados, todo es conexo. Las reglas del juego deben ser abolidas y dar paso a las reglas de la justicia social, esa es la convivencia necesaria y sobre la cual el bypass por la Constitución del 80 no debería haber existido. El sector de los privilegiados y responsables del acontecer actual, desde hace rato tienen texto constitucional escrito, más aún ya están iniciando la campaña para su opción, incluso utilizando el espacio que les brinda el puesto gubernamental, que fácil es partir con texto escrito, granjerías del cargo e imposiciones para la vereda opuesta, un doble control que sitúa en un estilo de supeditación. Debe quedar testimoniado para el futuro, la forma en que se hace camino al andar y tratar de ir viendo la senda que nunca se ha de volver a pisar, parafraseando una canción que interpreta Serrat.

12 de octubre de 2021

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