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El pueblo está de pie: soberanía democrática. Por Alex Ibarra

Las únicas posibilidades que le quedaban a la ilegítima Constitución de Pinochet, maquillada en el pacto Lagos-Longueira estaban en el fanatismo de la ultra derecha, y en las estrategias de la confusión y del temor. Los fanáticos de derecha, hasta hace poco se creían vencedores, según ellos «el pueblo» ya se había convertido a sus propuestas políticas dado que los habían votado y volvían a ser Gobierno. El aire triunfalista, fue sólo eso: aire. Las estrategias de la confusión y del temor también fracasaron. Deben estar arrepentidos de haberles dado poder a estos ineptos de Palacio. Los triunfadores perdieron, pero siguen vivos, cuidado son una bestia herida. El voto del rechazo no está a favor de la democracia, esconde la mantención de la causa de la violencia y no pretenden acabarla.

La clase política también perdió, quedó en evidencia que no nos representaban, su manso jueguito al servicio de los poderes económicos se desveló hasta la última hilacha. Son caras duras y aún no se van a casa, el acto de dar un paso al lado sería una muestra de arrepentimiento y de recuperación de un poco de dignidad. Ya deberían entender que su democracia no es la que nos representa.

A pesar de los obstáculos de los antidemócratas y de los esfuerzos de los operadores políticos el movimiento social constituyente superó las trabas que se le fueron colocando para el ejercicio de la soberanía. La dilatación de la fuerza del estallido de octubre 2019 con este plebiscito pactado por el Congreso y el Gobierno, sólo bajó el ímpetu revolucionario soberano. El movimiento social volvió a aceptar la vía democrática y como al inicio de los setenta volvió a ganar en elecciones. No sólo recuperamos la dignidad, también recuperamos nuestra tradición política más auténtica: la vía chilena retoma su proyecto.

Estamos nuevamente en la utopía con la responsabilidad histórica de darle sentido a los sacrificios de quienes murieron, fueron torturados, cegados y encarcelados, abrazando la esperanza. Cada barricada fue necesaria para mantener encendido el espíritu libertario y cada manifestación artística fue su alimento. Hoy podemos decir que sí hemos ganado algo y estamos concientes de aquello. Los pueblos son una fuerza constituyente que no requiere de las dirigencias de los partidos ni de las elites.

El desafío ahora está en que después de esta fiesta no nos retiremos de las calles, la representación popular requiere de los cabildos. Es en estas asambleas donde debe surgir el contenido para la nueva Constitución. La organización será fundamental para que en abril logremos instituir a los representantes de este movimiento, denunciando a todos esos «seductores» de oficio mezquino que ayer celebraban la victoria de la que no son parte.

Nuestra primera responsabilidad será la mantención de la coherencia, sin caer frente al desánimo, el temor, la confusión. La recuperación de aquella vida más justa y solidaria es nuestra felicidad. Dimos una gran batalla, nos esperan varias más. Tenemos la fuerza para mostrar que las Constituciones las pueden hacer los pueblos, desde abajo, con total protagonismo. Los jóvenes luchadores merecen nuestro apoyo y nuestra colaboración, vamos por el Chile de ellos que también será el nuestro.

Alex Ibarra Peña.
Dr en Estudios Americanos.

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