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El reacomodo del sistema de partidos políticos, dado el momento constituyente vigente. Por Hernán García Moresco y José Orellana Yáñez

Y se abrieron las campañas electorales para bregar por las nuevas opciones de “En Contra” o “A Favor” respecto de la nueva propuesta de texto constitucional que peregrinó desde el Consejo Constitucional, recientemente.

La encuestología adelanta un posible triunfo del “En Contra”, que conforme pasan los días, la diferencia con el “A Favor”, se estrecharía y, posiblemente se continuaría estrechando, haciendo plausible la sentencia… “La Vamos a Dar Vuelta” de José Antonio Kast, instalándose como un verdadero mantra en las fuerzas del “En Contra” (desde el centro y la centroizquierda, esto es, PDC incluido, Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad). Pero, como en las versiones plebiscitarias anteriores, las encuestas comenzaron diciendo la verdad, pero distante en la cuantía.

En otra oportunidad, afirmamos que el Partido Republicano quedó prisionero de su incursión electoral en las elecciones del Consejo Constitucional, alcanzando una mayoría abrumadora (35%), que, junto con los votos de las derechas tradicionales (21%) superaron sus propias expectativas, traduciéndose en una elegibilidad de Consejera/os de 34, es decir el 67% de los 50 escaños del Consejo Constitucional (1). Esta situación hizo incontrarrestable su correlación de fuerza al interior del órgano constitucional, llegando a formalizar lo que se ha venido a denominar un “Constitucionalizado Programa de Gobierno” funcional a las elecciones subnacionales del 2024 y, luego, en el 2025, las nacionales (congresales como presidenciales).

En esa perspectiva, el win – win del Partido Republicano se tensionó, ya que quedó con la responsabilidad política de aprobarla, dada su mayoría en el órgano redactor constitucional, permitiéndole aplicar sus principios, valores e ideas, buscando remodelar las definiciones como el “Estado Social y Democrático de Derecho” lograda en el anteproyecto del Comité de Expertos. En este contexto se aprobaron 216 artículos más los transitorios.

Esta finalización del Proceso Constitucional suma adherentes y detractores. Un ejemplo es la opinión de Jorge Bermúdez, Contralor General de la República, quien criticó las enmiendas presentadas en la “Comisión de Función Jurisdiccional y Órganos Autónomos” del Consejo Constitucional. En su opinión las propuestas presentadas en el espacio significarían un retroceso y “debilitan la democracia”. Por ello, en este proceso político las piezas y actores comienzan a reubicar sus posiciones y todo factor se suma a la decisión ciudadana.

La afirmación de que la izquierda pierde en cualquiera de los escenarios, sumaría vientos que apoyarían la idea de estar “A Favor”, tal como los win – win del sector oficialista que en forma previa al plebiscito reniegan, se desdicen o se auto-regañan de haber respaldado “El Apruebo” en septiembre 2022. Es importante recordar que, desde la perspectiva estratégica referida a las transformaciones sociales sustantivas, los procesos políticos son lo que son y no lo que se quiere. El dinamismo y volatilidad electoral que enfrentó el primer proceso sociopolítico y socioterritorial que se genera como consecuencia de una emergente Geografía de Multitud, hoy, con algo más de perspectiva de análisis político electoral, ayuda a comprender la situación de derrota efectiva que hubo en esa temporalidad.

En lo concreto, que gane el “A Favor”, SÍ es una derrota para la izquierda y la centro-izquierda, NO ASÍ, si es que gana el “En Contra” (considerando que, la segunda opción, implica mantener la constitución vigente, la que tantos ajustes tiene y, que siempre se ha querido superar). Si la evidencia, en hechos cotidianos da cuenta que el proyecto de constitución del Consejo Constitucional es peor que lo vigente, permitirá un escenario donde más que ganadores habrá aprendizajes. La diferencia está basada en que la anterior derrota del 04 de septiembre del 2022, venía siendo advertida por todos los instrumentos sociales de evaluación, teniendo como decantación final el 07 de mayo 2023 cuando el Partido Republicano y las varias derechas tradicionales, se erigieron en la más importante fuerza electoral.

Por ello un primer aprendizaje está dado por la incorporación de 4,5 millones de electores que en carácter de “obligados”, concurren a votar, donde la mitad lo hace por la opción Nulo o Blanco, resultando ganadores los Republicanos (07-05-23).

Así, la evolución del proceso político constitucional, en este 17 de diciembre, serviría para constatar que siempre son más complejos los procesos que lo que se cree… y las recetas y recomendaciones, sobre todo, venidas después de acometidos lo hechos, no siempre son justas en la profundidad de lo acaecido. Nadie habría imaginado que después de tanta efervescencia sociopolítica y socioterritorial que permitió la Geografía de la Multitud, a lo largo y ancho de la Patria… (y de la República), servirían para dejar en claro la modificación de quorum constitucional más bajo que los 2/3 antiguos (4/7 ahora, gracias a moción parlamentaria de Ximena Rincón, Pedro Araya, Iván Flores y Matías Walker), permitiendo, ahora sí, modificaciones teóricas y prácticas a la constitución de 1980, tan ajustada el año 2005 y siguientes, en la medida de lo posible. Lo paradójico, es que la misma se gestionó para habilitar un nuevo proceso constitucional, tras la derrota del 04 de septiembre del 2022.

El resultado del 17 de diciembre también será un barómetro al estreno y eventual proyección (dependiendo de los resultados) de las nuevas orgánicas y coordinaciones partidarias. Pues serán ellos a la luz de los resultados, quienes deberán enfrentar los acuerdos para las elecciones subnacionales del 2024 y nacionales del 2025.

La discusión siguiente será cuándo y cómo comenzar el nuevo proceso de discusión y/o modificaciones constitucionales y es ahí donde se verá si las “izquierdas perdieron”, pues la carga valórica que desplegó en esta fase, en defensa de NO APROBAR un texto retrogrado y que favorece a un sector en desmedro del conjunto de la ciudadanía, podría significar el reposicionamiento ideológico o acomodaticio de sectores o personas que nuevamente vuelvan a hacer un mea culpa, desmarcándose de sus orgánicas, buscando alcanzar metas propias y no colectivas.

Por ello, además, queda abierto el espacio para reconstruir el centro político, el cual, se ha venido fragmentando de manera intensa, pero existente de todos modos en el ethos sociopolítico nacional.

1) Ver en https://www.lemondediplomatique.cl/republicanos-con-la-guitarra-constitucional-que-nunca-quisieron-tocar-por.html

Hernán García Moresco profesor de la Universidad Academia Humanismo Cristiano. Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH

José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Académico de la Carrera de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia Humanismo Cristiano

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