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El retiro del 10% para el gobierno: ¿obsesión o frustración? Por Luis Osorio

Desde hace tiempo el gobierno está con problemas, ya que al manifestarse con intensidad una crisis social como la evidenciada el 18 de octubre del año pasado, es lo peor que le puede ocurrir a una coalición de derecha, dado que los integrantes del aparato gubernamental tienen una cuota de responsabilidad en ese estado latente en que se encontraba el país, y que algunos lo simbolizan en una olla a presión que estalló, y que no conversa con la visión opuesta del oasis ofertado a nivel internacional.

Siempre cuando asume un presidente, parte de la formalidad obliga a decir que lo será de todos los chilenos, aunque ello en efecto no es así, sobre todo en circunstancias que hay fuertes intereses económicos de tipo personal de por medio.

El verdadero fin que se impone, es sacar adelante el proyecto presidencial, con algunos vaivenes, pero nunca al extremo de un gobierno en que se le cayó el programa de los 4 años. Apareció el todo, no sólo el 49% de electores que concurrieron a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales del 2017, sino que una cantidad de personas mucho mayor.

Adquiere así importancia, el tener en cuenta que en realidad la elección nos hace tener un presidente elegido con mayoría relativa en relación al total de los habilitados para concurrir a las urnas. Hay tiempos en que ello puede pasar como desapercibido, pero en otros momentos pasa la cuenta, efecto del voto voluntario.

Si uno de los ángulos de la mirada, nos hace observar la excesiva desigualdad, se puede identificar con meridiana claridad, el lugar en el cual se encuentran los super ricos, y su estrecha relación con la industria de las AFP y otras que son gravitantes en el modelo económico.

Hasta antes de la pandemia, ya estaban los primeros signos de frustración para el gobierno. Eventos internacionales suspendidos y el vuelco en la forma en que se apreciaba el país desde el exterior.

En el plano interno, la situación alcanzó un nivel de tensión permanente, que ni siquiera la temporada estival logro frenar, en períodos anteriores había un receso veraniego, y el presidente en un rango 5 meses, habría tenido unos cuantos viajes al exterior dentro de condiciones normales, al menos antes de oficializarse el estado de pandemia.

De ahí para adelante, la incomodidad del gobernante ha sido una tónica y en aumento, que perfectamente hace pensar que ya se merece un descanso, desde ahora mismo, en circunstancias que se hace un daño a sí mismo y lo irradia a todos los chilenos.

La evidencia anterior al período pandémico, era fuerte, pero desde el 16 de marzo, los medios de verificación no se hicieron esperar. Eran muchos quienes no vivían bien. El paradigma base del individualismo, debería desaparecer, y dar paso a un sentido comunitario como única opción para superar todo lo que viene.

Se va abriendo paso, aunque no en un nivel de una instalación robusta, el corrimiento de cercos obligados y como opción única. En un país bien constituido, una reforma constitucional, habría sido un acto con gran intervención comunicacional y celebrado en La Moneda. Sin embargo, el primer retiro del 10%, no fue así y el presidente tuvo que acatar poniendo su firma, ante una situación de mucha incomodidad que no cualquiera la quisiera tener. Aires de frustración se sintieron en esa oportunidad, un acto de doblarle la mano.

No habiendo desaparecido la causa basal de la necesidad de un nuevo retiro del 10%, no como acto de bondad, la frustración da paso a la obsesión que hace conducir las cosas de manera diferente. Se instala la figura de hacer un gallito, o de un animal que se mueve marcando territorio.

No se trata de una acción consciente, ya que se le transgrede su negocio, pero ante lo inevitable, trata de sobrevivir, sin irse a descansar e instalando sus reglas del juego, absurdas de por sí, algunas más que otras.

Las más altas autoridades, no podrán hacer el retiro, esto opera en forma análoga a la posición sobre el aborto. El hecho de legalizarlo, no constituye obligatoriedad de tener que hacerlo.

Sin ni siquiera ir al aspecto ético, una autoridad tiene perfectamente claro que no necesita el dinero del retiro de su fondo individual, pero en lo comunicacional pretenden instalar la idea de que actuaron con una moral de no perjudicar a otros con su retiro, lo cual ciertamente se sabe que es mentira, sólo es un acto de fe para los dueños de las AFP.

El absurdo de proponer la devolución del retiro, es una ridiculez. Una idea así es para salvaguardar el negocio de la industria previsional. La otra interpretación, es insinuar una responsabilidad consigo mismo de cada ciudadano, del uso del dinero que a cada uno les pertenece. Claramente la alternativa más lógica situada en el gobierno que tenemos, es la primera, blindaje al sistema previsional.

Por último, el cobro de impuestos tiene el significado de emitir un mensaje, que ese es un terreno exclusivo del ejecutivo. De lo contrario, si el tema de los impuestos fuese prioritario, en los próximos días estarían promoviendo una ley para poner impuestos mayores a los super ricos o poder término a cualquier figura de donación con fines tributarios. Al ministro Briones no se le ha escuchado nada sobre estas alternativas, que podrían ser muy coherentes con la realidad del país.

En el tiempo que le queda al gobierno, debe aceptar que hay momentos de la historia en que se producen cambios de paradigmas, y estos no coinciden con la intención inicial del día uno en que se inicia el período presidencial. El nuevo paradigma da señales que se está gobernando no el país que se quería gobernar, sino que uno diferente en que el programa gubernamental no encaja. En estos términos, la frustración y la obsesión son entendibles dentro de una desesperación creciente, tendrán que armarse de paciencia para gobernar y los ciudadanos aumentar los niveles de exigencia, para conquistar la dignidad de manera efectiva, tal como aparece escrito en algunos muros, hasta que la dignidad se haga costumbre.

30 de noviembre de 2020

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