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El revolucionario Boric, en busca de acuerdos en el Chile centauro. Por Juan-Pablo Pallamar

El rechazo popular a una segunda propuesta constitucional resuena en Chile como un eco de malestar profundo. Dicen, que este episodio marca el fin del proceso constituyente, al menos por algunos años, que es un camino tortuoso que no ha logrado concretar nada. Tras el fracaso de la primera propuesta, impulsada por una izquierda atomizada, independiente e inorgánica, el país viró hacia al extremo opuesto como un péndulo ya conocido, hacia la propuesta del bolsonarista José Antonio Kast, la cual fue finalmente también rechazada. Como en el juego de la oca, regreso a la casilla de partida, y se mantiene vigente la constitución de Pinochet que, impuesta a sangre y fuego por la dictadura, neoliberal en su alma, pareció menos medieval que la propuesta derechista que Paulina Vodanovic, presidenta del Partido Socialista de Chile (PS), calificó de “kastitución”.

Rechazos constitucionales: síntomas una enfermedad institucional terminal

Esta situación refleja una prolongada crisis en las estructuras de gobernanza política. Queda expuesta la incapacidad del sistema para canalizar y responder al descontento popular manifestado en un estallido social que desafió el orden institucional establecido. En este contexto, el joven presidente Gabriel Boric, electo en un escenario político fragmentado y tras una segunda vuelta electoral, se enfrenta al desafío de gobernar en un escenario de bloqueo institucional. Bloqueo institucional que a estas alturas es ya una característica sistémica de los gobiernos de postdictadura tanto de Chile como incluso de varios países de América del Sur. El gobierno de Boric se encuentra así ante un conjunto de propuestas de reformas paralizadas, obstaculizadas por equilibrios de poder delicados, escándalos internos y errores estratégicos. Sin embargo, aunque desafiante emerge, entre pocas alternativas a la vista, una oportunidad para el presidente Boric.

Tras la derrota de la derecha, la noche del domingo, representantes de todo el espectro de partidos políticos ya debaten un consenso para reformar el sistema electoral en el parlamento. Parecen comprender que independientemente de quién gobierne, en las instituciones del sistema político que encarnan, se anuda una de las problemáticas centrales del statu quo. Pero una cirugía al sistema político es riesgosa dado el clima nacional cargado. Sensible especialmente en temas como la seguridad y la desigualdad social, y reactivo a la interpretación amarga que en la población puede crear la imagen de un rápido acuerdo por la institucionalidad electoral “cocinado” entre los políticos en un clima antipolítico y sin acuerdos en temas sentidos para la población como la seguridad y la desigualdad.

El lumbago institucional crónico de Chile y el reto sistémico de la gobernanza En este escenario, el gobierno tiene una oportunidad de reconfiguración política, a través del liderazgo del presidente Boric, quien es la llave maestra para lograr acuerdos nacionales que, sin eufemismos, implican concesiones significativas a la derecha, con el fin de viabilizar propuestas progresistas.

Sin embargo, en un contexto tradicional de hegemonía derechista en los medios de prensa y una burguesía económica concentrada y trasnacional, la izquierda se muestra agrietada y en conflicto interno. El escándalo "Democracia Viva" ha revelado corrupción dentro del principal partido de la coalición Frente Amplio, Revolución Democrática, socavando su imagen de integridad, y consolidando el rol central del PS en el gobierno.

Así, es en la visión estratégica de país que el gobierno parece podría encontrar un camino para acuerdos nacionales que alivien la tensión social y dinamicen la gobernanza. Se abre la posibilidad además del acuerdo sobre el sistema político, de buscar acuerdos sobre dos cuestiones claves: habiendo ya cedido en la agenda de seguridad, un pacto nacional de seguridad ambicioso puede ser levantado y, segundo, reenfocar la idea de reforma educacional a cambios estratégicos (no-valóricos) en los programas escolares.

Enriquecer la estrategia de los acuerdos nacionales: seguridad, educación y regiones en foco Se trata, por una parte, de potenciar los modelos municipales de seguridad y una reforma educativa que establezca la alfabetización digital universal.

Concebidas como fuerzas de seguridad municipal, la seguridad ciudadana se remonta a finales de los años 1990 como propuesta de Joaquín Lavín entonces alcalde UDI de Las Condes y luego candidato a presidente de la República. Si hoy son mayoritarios los municipios del país que poseen una fuerza de "seguridad ciudadana", su acción continúa siendo "amateur", con competencias que limitan su eficacia y favorece también abusos de poder. Una reforma para elevarlas al rango de policías municipales, con el objetivo de profesionalizar y lograr una seguridad municipal unificada. No solo consolidaría una política de seguridad municipal más coherente en el país, sino que además no se entendería que la derecha no apoyara tal política de seguridad a cambio de su respaldo en otras áreas de interés político.

Cuestión poco discutida, se perfila por otra parte como una cuestión clave de las sociedades contemporáneas globalizadas, tanto para el desarrollo económico sustentable como para la soberanía democrática, la alfabetización digital universal. Una política de programación universal obligatoria o alfabetización digital universal, sólo es comparable a la revolución que ha sido la universalización de la lectura, la escritura y las matemáticas en el mundo. El analfabetismo digital, es decir, la incapacidad de leer y escribir el código fuente (o lenguaje informático como JavaScript, Python, Html, php o SQL) conlleva un profundo rezago para la emergencia de Chile en la economía mundial así como peligrosos riesgos para soberanía nacional y la democracia, como lo son solo algunos ejemplos como la multiplicación del cibercrimen, la digitalización de la burocracia del Estado y más aún la transparencia democrática de las informaciones y del voto electrónico. Reenfocar la actual e histórica tensión entre gratuidad y privatización del sistema educativo, hacia otra materia de igual importancia e impacto que no debería representar una división ideológica. Se quiera o no, la reforma de educación centrada en el acceso y la pluralidad, tendrá por ahora que seguir esperando para conseguir resultados. Mas, cuando los dos plebiscitos de rechazo a las dos propuestas constitucionales diametralmente opuestas, muestran que el sistema político tiene entrampado la resolución los nudos gordianos de la sociedad chilena.

Finalmente, una política de integración territorial ambiciosa emerge como un tema central. Complementando los acuerdos previamente mencionados en seguridad y educación con una política fuerte hacia las regiones, la integración territorial del país promete ser un punto de unión para diferentes sectores políticos, dadas sus amplias implicaciones para el progreso nacional en todas sus facetas. Si Pinochet gozó de popularidad en la Patagonia, sin duda no fue por su carisma, ni por su empatía social. El militar tiene por formación una visión territorial que condujo al trazado de la carretera Austral en un contexto de extrema y ascendente tensión con Argentina por la frontera internacional en varios puntos de la Patagonia. Hoy, bajo un conjunto distinto de circunstancias y con un enfoque renovado, el presidente Gabriel Boric, oriundo de la región de Magallanes, se posiciona como una figura clave para impulsar una audaz política de integración para las regiones de Aysén y Magallanes de alto impacto social y económico para el país. Esta iniciativa podría tomar inspiración de modelos como el de Noruega, que ha logrado integrar de manera efectiva sus regiones de fiordos. La propuesta incluiría la doble conexión de estas áreas, por la vía terrestre entre Caleta Tortel y Puerto Natales como por un significativo desarrollo del sistema de cabotaje portuario, entre el Cabo de Hornos y Puerto Montt.

“Nuestro norte es el sur” pintó en 1944 Joaquín Torres García en su libro Universalismo Constructivo, invitándonos a repensarnos desde el sur, revalorizar y fortalecer las conexiones en América Latina, hoy en el marco de la emergencia social y económica de Chile y nuestros vecinos en la globalización.

Por Juan-Pablo Pallamar
Investigador de la Sorbonne Université Paris Nord

Santiago de Chile, 24 de diciembre 2023

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