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El temido otro. Por Victoria Valdebenito

Para el pesar de nuestras conciencias, en Chile no estamos exentos de casos como el de George Floyd. La muerte de Joanne Florvil a manos de carabineros en septiembre de 2017 es solo un ejemplo de ello. Semana tras semana las noticias sobre actos xenófobos contra migrantes en nuestro país inundan los medios. La xenofobia es el miedo al extranjero y al migrante. La migración de personas ha estado siempre presente en la historia de la humanidad. En Chile no solo se vivencia la xenofobia, hay también racismo y clasicismo, fenómenos que lamentablemente no son una novedad. La crisis asociada a la pandemia del covid-19 solo ha hecho más frecuentes estas conductas. En estas latitudes los comportamientos xenófobos son un problema de integración social con raíces históricas en las colonias latinoamericanas, a raíz de una cultura del blanqueamiento que impusieron las elites del poder en ese entonces, ligado a procesos de “europeización” y “eurocentrismo”, donde el ideal estaba representado por los países europeos. Quienes nos gobernaban en ese entonces soñaban que fuéramos colonias que se pareciesen lo más posible a los países de donde ellos provenían. Lo anterior justificó matanzas y la negación de los antecedentes indígenas y de otras etnias que son innegables en las personas latinoamericanas. Dichos patrones culturales se han reproducido hasta nuestros días. Por lo anterior, en Chile se experimenta también lo que algunos han denominado como “discriminación positiva” hacia personas con rasgos caucásicos. Lamentablemente, muchas chilenas y chilenos incurren en este tipo de actitudes.

Estudios realizados en nuestro país, como el de Avalos (2012) señalan que aquí predomina un modelo de integración a asimilacionista, que consiste en que quién llega a Chile debe aceptar y actuar acorde a lo que es ser “chilena” o “chileno”, sin que ni siquiera nosotros tengamos claro de que se trata eso. Tenemos por lo tanto problemas de aceptar la diversidad cultural. Otros factores que inciden en esta visión del migrante como objeto negativo son la desinformación, la ignorancia, los mitos y las creencias acerca de los migrantes. Al respecto, un estudio realizado en un marco de un FONDECYT del 2017 en establecimientos del sistema público, donde asiste la mayor parte de la población migrante en edad de estudiar, mostró que muchos docentes trabajando con niños migrantes en la comuna de Santiago tienen la percepción de que estos estudiantes tienen problemas para incluirse porque tienen habilidades académicas distintas o déficit académicos que traen desde sus países, junto con comportamientos que dificultarían su adecuada integración. Los profesores estudiados poseen dichas percepciones incluso antes de que interactúen con estos niños, por lo tanto, se trata de prejuicios, ideas preconcebidas. Podemos ver en esta información otra arista de la ya innegable crisis de nuestro sistema de educación.

En el marco de una ideología neoliberal donde el individualismo y la competencia son centrarles, y donde cada uno compite individualmente por ser el mejor, lo cual nuestro sistema educativo ha reproducido con éxito, cualquier que sea el otro se convierte en una amenaza, un miedo, alguien que puede perjudicarme en la conquista de esa carrera. Es por todo lo anterior que debemos mirarnos y reflexionar quienes somos, que estamos temiendo, a quienes estamos temiendo, para entender las causas profundas de esos temores. Para que haya futuro para todos debe aprender de integración, de diversidad y de aceptación. Aprovechemos la cuarentena para hacer este ejercicio.

Victoria Valdebenito, socióloga y PhD. Profesora Universidad Adolfo Ibáñez

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