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El valor patrimonial: comida de barrio y consciente en "El Mulato". Por Alex Ibarra Peña

El Barrio Lastarria se destaca por ser uno de los principales sitios de interés de la ciudad de Santiago, ladeando el Cerro Santa Lucía y el Parque Forestal se logró convertir en un hermoso barrio patrimonial por su destacada arquitectura (se puede apreciar parte de la Iglesia de la Veracruz, la casona del Mulato Gil de Castro, fachadas decimonónicas, el imponente edificio que fue el Centro Cultural de Francia, un notable edificio de Luciano Kulczewski, el mítico edificio de la Unctad, el Hotel Foresta, etc) y actividad cultural (destacando el cine El Biógrafo, el teatro La Comedia, el GAM, el Bellas Artes, el MAVI, etc). Desde la década del ochenta junto a la plaza que lleva el nombre del pintor de origen limeño José Gil de Castro conocido como El Mulato.

Por calle Lastarria a la entrada de esta plaza en una hermosa casona que vale la pena apreciar con detención sus detalles que componen una notable construcción se encuentra el Restaurante "El Mulato". Cobijarse del calor de este duro verano o presenciar una lluvia desde sus grandes ventanas con la tranquilidad necesaria para degustar sus preparaciones a cualquier hora del día y parte de la noche, es un verdadero privilegio. Junto al disfrute estético se da aquí el gozo sibarita y nutritivo orientado por el reconocido chef Cristián Correa conocedor de la comida chilena especialmente de nuestro sur y de nuestro mar.

Sentarse en El Mulato es una posibilidad de sentir el pulso del Barrio Lastarria, con una atención excelente con colaboradores que conocen bien del oficio para satisfacer a quien busca el rito de compartir en torno a una mesa. Uno de los tópicos identitarios del lugar es su sentido de pertenencia a la comida de barrio cumpliendo con la hospitalidad necesaria para quien transita por ese lugar.

Comer degustando y sin apuro, es parte del rito del buen comer. Esto es parte de otro de los pilares identitarios de este Restó, la comida consciente, aquella que apunta a la sabiduría en la alimentación. Por eso el compromiso con los alimentos sanos que están testimoniados por productos agroecológicos, entre ellos varios provenientes de una huerta propia. Por lo dicho, es clara la responsabilidad asumida en beneficio de los comensales, además como agregado se puede acceder al menú por un precio razonable que sigue fiel a la comida de autor.

Destacar la comida nacional sin renunciar a las posibilidades de la creatividad en la que se expresa la llamada comida de autor es un mérito. La carta de comidas y de postres ofrece muchas alternativas. Menciono la entrada de erizos frescos, locos con un acompañamiento de causa de betarragas y papas, pescados con pasta trufada, un postre de panqueques coloridos con el hermoso tono de la betarraga, el flan casero u otras alternativas. Para los más carnívoros hay varias alternativas con las carnes en el punto de cocción necesario y sus variadas preparaciones para acompañarlos. Los vinos dispuestos a temperatura se encuentran varios y de buena calidad según el maridaje deseado.

Reconocer nuestros rincones históricos, habitar el ámbito cultural, entregarse a descubrir o revisitar los lugares notables de nuestras ciudades es un ejercicio ciudadano que vale la pena realizar. La posibilidad de pasear embriagado entre el goce estético y el goce del sibarita es un privilegio, las ciudades no pueden renunciar a la conservación de sus espacios notables, el ser humano está abierto a la experiencia de lo sublime, estas consideraciones son parte del reconocimiento a la dignidad del ser humano.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

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