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El valor patrimonial del vino chileno: el terroir volcánico de Pinwine. Por Alex Ibarra Peña

"Yo no voy a morirme/ Salgo ahora,/
en este día lleno de volcanes/
hacia la multitud, hacia la vida".
(Pablo Neruda)

Hace algunos meses atrás una enóloga francesa me decía que en Chile no había probado aún un buen Pinot Noir. Esta cepa es una de las estrellas en el consumo de los chilenos para beber en verano servida bien fría. Otra afirmación de esta enóloga está relacionada a sus expectativas con la novedad que deberían provocar los vinos que provienen desde los extremos de nuestra geografía. Por cierto, que este es un punto a debatir. Como tantos debates que se pueden realizar en torno al vino chileno, para poder comprender sus hechos y sus mitos, sólo así nos podemos acercar a conocer su historia en desarrollo.

Pinwine el primer vino de Pucón es un proyecto que proviene del sur precordillerano, es decir es una apuesta que se atrevió a correr las fronteras para la producción del vino. Se destaca como una viña boutique de producción baja y con mínima intervención al jugo de la fruta de la vid. Estas son las convicciones de Samuel Angles fundador y propietario de esta viña instalada entre murtas y rosa mosqueta, frutas que son emblemáticas de este territorio, las cuales imagino avivadas con el canto de las hermosas bandurrias durante el día y por los búhos durante la noche.

Los suelos de los cuales provienen estas uvas para su fermento hay que considerarlas volcánicos por su proximidad al hermoso de día y de noche Villarrica. Es decir es una viña de las que están ubicadas más al sur y más cercanas a Los Andes, por lo tanto cumple doblemente el criterio de los extremos para convertirse en un vino novedoso que satisface expectativas de especialistas. La cepa que embotellan es la mencionada Pinot Noir. Un acompañamiento sugerente para disfrutar esas exquisitas truchas propias de los ríos del sur.

La apuesta de Pinwine nos ofrece un producto de calidad que da la posibilidad de disfrutar un vino joven con impronta propia que se impone por su calidad y elegancia. La posibilidad de probar este vino nos enfrenta a una posibilidad única capaz de mostrarnos un terroir auténtico que refleja la fuerza telúrica que nos pertenece según lo que nos han verseado varios de nuestros grandes poetas. Tenemos aquí un vino que es volcán y poesía, de ahí que es una genuina bebida para elevar la copa en un bello brindis. Así como deberíamos saber de volcanes, deberíamos saber también de vino y de poesía, llenándonos de vida.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

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