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El valor patrimonial del vino chileno: “la expresión del terruño”. Por Alex Ibarra Peña

Poco sabemos de nuestra historia, tradición y cultura vitivinícola a pesar de que hemos habitado, especialmente en el Valle Central, en pueblos rodeados de parras e incluso varios de nuestros juegos infantiles o siestas veraniegas las hicimos debajo de un parrón. Recuerdo la realización del cultivo casero del vino, alcancé a participar de ese rito acarreando uva en canastos de mimbre. Es en este contexto en el que me parece muy significativa una declaración de Francois Lurton: “Soy viticultor y busco la expresión del terruño”, en cuanto a que en la práctica de elaborar un buen vino se involucra el espíritu, motor del genio creativo, lo que permite la donación de una experiencia que estimula lo sensorial.

La posibilidad de entregar un producto noble al buen beber es un tributo a los sentidos que el viticultor con sabiduría logra y lo dona a quienes disfrutan de mostos de calidad. Esa sabiduría incluye el amor y la ternura por el terruño, por eso el respeto, diría sagrado, a una vid adquiere importancia y sentido.

Sin ser un sommelier, me atrevo a esta colaboración en la difusión de nuestros vinos, asumiendo que este cultivo es parte del patrimonio y que es necesario comunicar como contenido a beneficio de nuestra cultura, así lo han venido haciendo con pasión Sol Aguilera con sus catas lúdicas desde La Nieta de Dionisio, Nadia Parra con su guía de vinos de nicho, Mariana Martínez con su proyecto editorial sobre el vino, Andrés Villaseca desde Vinolia, la Vinocracia en Plaza Ñuñoa, Bocanariz en Barrio Lastarria, o plataformas como Descorchados, entre otras personas y proyectos.

Si queremos hablar del buen beber desde nuestros vinos chilenos puedo aludir a la producción de vinos que viene realizando desde la Hacienda el Araucano y su línea de vinos Humo Blanco, desde el Valle de Colchagua situado en Lolol. Esta pequeña localidad rural compuesta de cerros del secano costero conocida como “la ruta de los escultores” se ha instalado como referente vitivinícola hace algunos años, curioso destino para esta tierra en lengua mapudungun significa “tierra de hoyos y de cangrejos” supongo que aludiendo a la existencia de camarones de tierra en el lugar, que con la plantación de viñas se ha transformado en un edén sibarita. Humo Blanco es un producto emblemático de Lurton en Chile que reúne vinos de varias cepas: Carmenere, Pinot Noir, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Syrah, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Con el nombre se homenajea a esa niebla fría, en este caso proveniente del mar Pacífico, pero que alude a recuerdos vitales de Francia país en el que este cultor inicia su formación en su labor vitivinícola. Sin duda, el acierto de Francois Lurton para iniciar uno de sus proyectos en Chile no es parte del azar sino que es dado por su profunda experiencia en el vino cultivo que es reconocida internacionalmente en varios países y continentes.

El conocimiento de Lurton, tanto en Argentina como en Chile, Francia y España, estuvo ligado a grandes viñas tradicionales, antes de su convencimiento a producir desde nuestro terruño, la vinería chilena le debe reconocer sus aportes no sólo a la producción de un buen vino sino que también al aporte generoso a la cultura de nuestro vino. Una muestra de su compromiso por compartir su saber, lo constituye la publicación de la revista Histoires de Vins en la que junto a él participa parte de su equipo colaborador más cercano. Otro espacio en el cual se comparte la cultura del vino es desde el programa turístico que ofrece Hacienda Araucano. La cultura del vino en Chile es un espacio enigmático que invita a ser descubierto, para eso hay referentes que aportan su luz como el faro a los navegantes, hay savia de la que es preciso beber.

Alex Ibarra Peña.

Dr. En Estudios Americanos.

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