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El valor patrimonial del vino chileno: "que la uva sea la uva" la visión de Escándalo. Por Alex Ibarra Peña

"Que la uva sea la uva" es una expresión bastante significativa para los productores de vino que tienen como vocación elaborar buenos vinos. En Chile vivimos por gracia en abundancia esta bebida fermentada, somos privilegiados en la cantidad, la variedad y la calidad de éstos, de ahí que darse la posibilidad de conocer distintos productores es una tarea que nos enriquece culturalmente a partir de lo que podría llamar un regaloneo al paladar.Los vinos @escandolo_wines son una buena alternativa para probar puro jugo fermentado de buena calidad con sus botellas de cepas que aún siguen siendo algo desconocidas o menos convencionales para el común de los ciudadanos.

Mauricio Veloso es un enólogo chileno con experiencia internacional como nacional con varios años de trabajo vitivinícola, una gran experiencia en la elaboración y un conocimiento profundo del territorio en el cual se alojan las parras. Su relato es enriquecedor dada la seguridad que le otorga su desarrollo profesional, aunque quizá más por su pasión que es hacer vino. Conocer la vocación de este enólogo nos remonta a esa concepción, casi sacerdotal, que nos recuerda que esta bebida es una práctica sagrada, esta visión de Veloso sin duda nos hace pensar en ese postulado que iniciamos la columna.

Los vinos que he probado de esta viña, recogen uvas de distintos valles, estos son: un robusto Carignan con un pequeño porcentaje de Petit Verdot que deleita con su color y sabor, poco a poco esta cepa ha ido alcanzando un poco más de visibilidad en nuestro medio dado el tipo de apuesta que han hecho proyectos como éste. Imperdible para consumir es el Semillón que contiene un poco de Sauvignon Vert que no es tan extraña en nuestro territorio habitualmente confundiéndosela con Sauvignon Blanc, nuevamente un aroma frutal y con ácido equilibrado, a medida que la botella baja, para mi gusto, el color va embelleciendo. Merece especial atención su Pipeño, destacado por la gráfica histórica y familiar de su etiqueta, esta botella es compleja en su contenido con un 60% de País, 20% de Cinsault, 20% de Carignan. Además de estás botellas en su bodega ya tiene varias más imaginadas en su mente inquieta que sigue recorriendo viñas de pequeños productores.

Todos estos vinos son para disfrutarlos en una agradable conversa, la intimidad y proximidad de compartir algún alimento, celebrar la existencia con amor. El vino requiere de lo sagrado de una fiesta junto con sus estímulos liberadores que permiten ser lo que somos, por eso es que se puede decir que nos pertenecen para hacerlos nuestros necesitamos conocerlos. En cada una de estas botellas encontramos ese espíritu que reúne misteriosamente a ese ser que buscamos ser. Es mérito destacable cuando el enólogo entiende que su trabajo trasciende la materia con la que trabaja que es sustento que alimenta nuestro tránsito entre lo vital y lo natural.

Alex Ibarra Peña.
Dr. en Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

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