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El voto nulo, un peligro para la democracia. Por Patricio Medina Johnso y Arturo I. Castro Martínez

La abstención electoral y el voto nulo representan un problema real para la democracia, ya que debilitan la legitimidad del sistema. Toda elección válida requiere generar las condiciones para que participe la mayoría de la población; cuando esto no ocurre, se produce una crisis de representatividad que genera desconfianza en las instituciones y aleja a la ciudadanía de la política. Esta situación refleja nuestra realidad actual, donde se vuelve cada vez más frecuente escuchar a personas manifestar su intención de votar nulo, influenciadas por un discurso repetido y aprendido, impulsado desde esferas de poder que buscan aprovecharse de esta desafección en un contexto de crisis de confianza y polarización política.

En un momento político particularmente complejo, vale la pena detenernos y hacer una reflexión incómoda pero necesaria: ¿cómo llegamos al nivel de desinterés que hoy vemos frente a las votaciones? ¿Entendemos realmente la gravedad de sus efectos? ¿Somos conscientes del riesgo que corre nuestra democracia cuando la apatía se normaliza?

La desafección política dejó de ser un síntoma para transformarse en un problema estructural. Cada elección reciente ha mostrado que muchos ciudadanos se han vuelto indiferentes a las consecuencias de sus decisiones —o de su ausencia de decisión—, sin cuestionar el impacto que tiene el abstencionismo o el voto nulo en el destino colectivo. En la práctica, renunciamos a esa cuota de poder cívico que, en una democracia, es la herramienta más básica y al mismo tiempo más poderosa.

En algún punto, pareciera que olvidamos que la vida democrática no es un ejercicio abstracto ni un juego circunstancial. La historia reciente de Chile nos recuerda que la democracia hay que cuidarla, respetarla y ejercitarla. No basta con exigir cambios: es indispensable participar de manera activa para que esos cambios sean justos, legítimos y representativos del país que compartimos.

El próximo domingo 14 de diciembre enfrentamos una jornada decisiva. No se trata solo de escoger entre opciones políticas: se trata de reafirmar nuestro compromiso con el sistema democrático y con la responsabilidad cívica que heredamos de generaciones enteras. En tiempos de incertidumbre, la peor decisión es no decidir.

Por eso, más que nunca, es momento de recuperar el valor del voto consciente. Nuestra democracia no se fortalece sola: necesita de ciudadanos que entiendan que cada voto —emitido o no emitido— tiene consecuencias.

Autores:

Patricio Medina Johnson, Economista USACh, M.Sc. Governance of Risk and Resources University Heidelberg;

Arturo I. Castro Martínez, Profesor y Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, Máster en Historia Contemporánea y Mundo Actual de la Universidad de Barcelona.

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