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Elección de consejeros constitucionales en Chile: el derrotismo como el triunfalismo son malos consejeros. Por Gustavo Gac-Artigas

Tanto el derrotismo como el triunfalismo son malos consejeros. En un lado uno dirá: perdí, no vale la pena ir a votar y el otro: ya gané, no vale la pena ir a votar.

La opinión pública, y la prensa que la alimenta, se interesarán más en las posibles reacciones del gobierno o de la oposición tras las elecciones.

Todos querrán ser generales antes de la batalla y buscarán excusas para la eventual derrota o entonarán himnos para celebrar la eventual victoria.

Los partidos buscarán sacar réditos, sea de la victoria, sea de la derrota, más en la derrota que en la victoria dependiendo de si se está en el poder o no.

Se elucubrará sobre el futuro del gobierno, sobre el futuro de los partidos, sobre un futuro gobierno, sobre lo inmediato y lo cuasi inmediato, no sobre el futuro del país y de su gente.

Se agudizará el enfrentamiento en la mínima franja que, cual maltrecha trinchera, cruza el campo de batalla.

Se regresará a descalificar, no calificar, eso no le interesa a nadie; se pensará que el descalificar es la fórmula mágica. No se hablará del yo, se hablará del otro. Es peligroso hablar de uno, nos pueden exigir rendir cuentas.

Los ábacos se preparan para sumar restando, tenemos menos pero más que otros; con el dedo meñique, los partidos moverán las bolitas para pasar de cien a mil, de mil a diez mil, de la derrota a la victoria, o añadirán ceros para magnificar una victoria.

Como vemos, el derrotismo es mal consejero, al igual que lo es el triunfalismo, puesto que en esta batalla no hay partidos vencedores o vencidos.

Perdedores hay, aquellos que perdieron la confianza de nuestro pueblo, aquellos a los que se les dejó de creer, a desafinados coros que elevan cantos en cada batalla.

Perdedores hay, y yo me cuento entre ellos, puesto que a días de votar me pregunto, ¿por qué estamos votando? Lo olvidé. ¿Por fulanito o menganito, ilustres desconocidos o viejas caras de ajada política?

En un comienzo pensé: estamos hablando de dotarnos de una nueva constitución, una que una y no desuna, una que responda a las necesidades de nuestro pueblo, una que mire hacia el futuro y no hacia el pasado, una que no refleje el gustito de una minoría, una que refleje las necesidades y abra el camino a soluciones para que nunca más se violen los derechos humanos, y humanos somos todos, una que abra el camino a terminar con una desigualdad que hiere y nos hiere a todos, a aquel que no puede salir de su castillo y a aquel que, en su miseria, lo asedia.

Una que nos ayude a buscar un Chile más justo, y la justicia es para todos, que nos ayude a erradicar las verdaderas causas de la violencia: la desigualdad imperante; una constitución del diálogo, de la mayoría.

Una que restablezca la confianza en la política y en las instituciones, que no se sientan como malas palabras manoseadas, violadas por quienes hoy buscan réditos en la derrota o en la victoria.

Tanto el derrotismo como el triunfalismo son malos consejeros, y hoy, en lugar de estar hablando de qué deseamos en una nueva constitución para Chile, estamos hablando de un Chile dividido, empantanado en trincheras del pasado.

A dos días de votar les pregunto, ¿alguien puede decirme de qué se tratan estas elecciones?, ¿por qué estamos votando?, ¿cuál será la responsabilidad de los electos? ¿Representar un partido?, ¿una coalición de partidos?, ¿los sin partido, sin programa y sin que se sepa qué piensan?, ¿los de siempre?, ¿los populistas? ¿Tendrán la fuerza para sacudirse las etiquetas y quienes están detrás de ellas?, ¿serán capaces de pensar de pensamiento propio y no de pensamiento prisionero?, puesto que de ello no se habla.

Lo que sí está claro es que hay un perdedor y somos todos, que a fin de cuentas nada cambie y ello signifique otro salto hacia el vacío, y hay tiburones esperando.

Gustavo Gac-Artigas es escritor, poeta, dramaturgo y hombre de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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